La pobreza empieza a perjudicar desde el útero


El estrés que siente la madre por no poder cubrir sus gastos afectan también el desarrollo del bebé. (Foto: Getty Images).

Los peligros de la exposición del feto a sustancias como el alcohol, las drogas y el plomo son ampliamente conocidos por ahora, pero los investigadores han descubierto evidencias crecientes de otra posible amenaza para los bebés en el útero: el estrés tóxico. Más específicamente, hablamos del tipo de estrés producido en una madre que lucha por poder cubrir sus gastos a fin de mes.

“La gente que vive sumida en la pobreza tiene muchos más riesgos de sufrir estrés tóxico, porque las causas del estrés en su vida diaria no desaparecen con facilidad: el estrés de tener un techo sobre la cabeza, el estrés por la comida, el estrés de las facturas sin pagar, el estrés de no poder salir del agujero”, dice Jack Shonkoff, profesor de pediatría en la Universidad de Harvard y director del Centro para el Desarrollo Infantil de Harvard. Los resultados fisiológicos de una preocupación permanente incluyen un ritmo cardíaco y una presión arterial elevados, así como la liberación de hormonas del estrés en el flujo sanguíneo; las cuales pueden atravesar la placenta y afectar al desarrollo cerebral del feto.

“Cuando sufres el tipo de estrés derivado de no saber dónde vas a vivir o de dónde vas a sacar la próxima comida, la gravedad del estrés puede hacer que desconectemos ciertos aspectos del cerebro”, explica Elisabeth Babcock, presidenta y directora ejecutiva de Economic Mobility Pathways (EMPath), una organización sin ánimo de lucro con sede en Boston cuyo objetivo es acabar con la pobreza a través de la investigación científica y el apoyo directo.

La cuidadora Lori Rogers de Nurse-Family Partnership, a la izquierda, visita a la nueva mamá Latreta Turner y a su hija Aubrey en una escena de “Baby Brain”, un nuevo minidocumental de Yahoo News (Foto: Yahoo News).

Consecuencias de por vida

El estrés producido por la pobreza básicamente perjudica a un bebé de por vida antes incluso de nacer ‒de acuerdo a un vasto cuerpo de investigación de la última década‒ lo cual hace que el cerebro reaccione de formas que conducen a un comportamiento más riesgoso y a una mayor probabilidad de tener una mala salud, obtener calificaciones escolares bajas, menores ingresos y pasar tiempo en prisión.

¿Cómo nivelar entonces el campo de juego para los bebés que nacen con la desventaja de la pobreza? Los científicos creen que la respuesta es más sencilla de lo que parece.

“Cuando preguntamos a la abuela de alguien sobre lo que se necesita, la respuesta es amor”, dice Shonkoff, cuyas investigaciones están a la vanguardia en este nuevo campo. “Lo que dice la ciencia es que necesitas a alguien que cree un ambiente bien regulado, protector y predecible”. Se diga cómo se diga, la conclusión es que los “niños se están desarrollando y prosperando”.

Esa es la esencia, en resumidas cuentas, de un pujante campo de investigación que demuestra que las huellas de la pobreza y sus factores de estrés tóxico pueden revertirse; solo hay que hacer algunos cambios radicales en lo referido al cuidado prenatal en madres pobres a través de programas que brinden una educación coherente y empática con la madre mientras esté embarazada y en los primeros años de la crianza. “El tipo de apoyo correcto durante el embarazo es, en última instancia, una intervención más temprana para aumentar las probabilidades de que a la próxima generación le vaya mejor”, dice Shonkoff.

Y esa fórmula ‒la de que una persona cuide de la otra‒ es la que los expertos creen que podría tener un impacto mayor sobre la pobreza intergeneracional.

“Lo maravilloso ha sido que ha habido una explosión de estudios y que en este campo de estudio se ha producido una convergencia entre ciencias del comportamiento, ciencias sociales y ciencias puras que lo abordan desde perspectivas diferentes, pero que dicen lo mismo”, dice Babcock. “Entonces, la información es más potente y fluye de una manera tal que resulta difícil mantenerse al tanto”.

“Tiene que ver nada más y nada menos con la transformación”, añade.

Esta avalancha de hallazgos es el enfoque de un nuevo documental de Yahoo News titulado “Baby Brain” que acerca a los televidentes a las vidas de las personas más vulnerables en Estados Unidos: madres solteras que viven por debajo del nivel de la pobreza. Las mujeres están en una parte amplia del territorio, desde Virginia Occidental hasta Alabama, cuyos efectos sobre sus cerebros causados por el estrés han sido revertidos con la ayuda de estos programas de apoyo prenatal; y existen pruebas científicas que lo demuestran.

La cuidadora de Nurse-Family Partnership, Lori Rogers, izquierda, visita a la nueva mamá Breanna Watkins y a su bebé en una escena de “Baby Brain”, un nuevo documental de Yahoo News (Foto: Yahoo News).

Una nueva investigación publicada en la revista Pediatrics en noviembre se convirtió en la más importante de este tipo: un estudio de Nurse-Family Partnership (NFP), un programa de intervención temprana pionero a nivel nacional que atiende a madres primerizas pobres y a sus bebés. El artículo ‒basado en hallazgos anteriores, incluido un estudio hecho por el NFP hace 15 años, así como algunos estudios de los años 80 y 90‒ midió el desarrollo cognitivo y el rendimiento académico de los jóvenes y los resultados fueron revolucionarios, ya que se descubrió que el NFP mejoró significativamente el funcionamiento cognitivo y el rendimiento académico de los jóvenes nacidos de 18 años con madres de alto riesgo.

Un estudio adicional de Pediatrics sobre el mismo período de 18 años descubrió que el NFP ahorró 17 310 dólares por familia en concepto de costos por ayudas públicas, lo que da como resultado 4 372 dólares netos en gasto público (en dólares de 2009) como Medicaid y los pagos del Programa Asistencial de Nutrición Suplementaria (SNAP, por sus siglas en inglés). Es probable que este hallazgo sea bienvenido por el gobierno de Trump, que a principios de este mes anunció que iba a endurecer las reglas para obtener la ayuda de los cupones de alimentos, haciendo que 700 000 estadounidenses dejen de beneficiarse de ella.

“Es poco habitual que los programas de intervención temprana analicen los efectos de la intervención temprana durante un período de 18 años”, dijo a través de un comunicado de prensa David Olds, profesor de pediatría en la Universidad de Colorado y uno de los investigadores que dirigen los estudios. “Esta intervención temprana de Nurse-Family Partnership produjo mejoras en el funcionamiento cognitivo de jóvenes de 18 años nacidos de madres que tenían recursos personales limitados para hacer frente a las adversidades de una vida sumida en la pobreza. Estas nuevas pruebas muestran que el Nurse-Family Partnership podría tener efectos prometedores hasta llegar a la edad adulta”.

‘Ella estuvo aquí como una mamá’

Esa es una buena noticia para mujeres jóvenes como Latreta Turner, de 24 años, una madre soltera que vive en Montgomery, Alabama. Como camarera en un restaurante drive-in Sonic que gana solo 3,13 dólares la hora más propinas, ella lucha con el estrés de la pobreza y la falta de un hogar, por no mencionar el dolor persistente por dos abortos anteriores. Se pasa la mayor parte del tiempo ‒ “diría que un 90 %”‒ preocupada por cómo va a mantener a su hija de 18 meses, Aubrey.

Pero también ha estado laborando constantemente con Lori Rogers, una enfermera a domicilio de NFP Montgomery que comienza a trabajar con las madres en el tercer trimestre de embarazo, entrenándolas para que se marquen objetivos, reduzcan el estrés o estén sanas.

“El objetivo es tratar de ver qué podemos hacer para que este entorno sea más seguro y tranquilo para que el bebé se desarrolle”, dice Amy Trammell, directora de enfermería de NFP en Gift of Life, Montgomery.

Rogers dice que mediante su trabajo con Turner, “cuando ella se sentía estresada, hablábamos sobre los factores que la estresaban, sobre cómo podría superarlos o tratarlos mejor”. Para Turner, esa presencia fue vital.

“Honestamente”, dice, “no habría pensado que fuera posible hacerlo si no fuera por la enfermera Lori, porque es muy nuevo para mí”.

Otra clienta de Rogers es Breanna Watkins, de 20 años, quien explica cómo el apoyo de NFP le ha brindado apoyo, amor y constancia a su vida y la de su bebé.

Jenny, derecha, una madre soltera de Virginia Occidental, habla con Stephanie Sy de Yahoo News en el nuevo minidocumental “Baby Brain”. En primer plano aparece Carter, el hijo de Jenny (Foto: Yahoo News).

“No estaba solo como enfermera, estaba como una madre, como una segunda madre. Así que todo lo que ella me contó, todo lo que me dio… hasta los pequeños cuidados, me hicieron sentir amada por muchas personas”, dice. “Y el hecho de que venga una persona de afuera y te ame como si fuera cercana, eso tiene un gran impacto”.

Amor, sí… pero,  ¿qué tal más dinero?

Como explica Shonkoff, esta investigación se basa en la ciencia. “Si estás amenazado o enfrentando dificultades, la biología intenta llevarte por un camino de desarrollo saludable. Lo hace para superar la adversidad y los obstáculos”, dice. “El objetivo no es tratar de forma especial a la gente o hacer que los niños sean mimados, sino sacar peso de sus hombros. Sacar el peso de la adversidad, la pobreza, el racismo y la violencia y dar una oportunidad a los niños para que prosperen”.

¿Qué pasaría si pudiera haber más de una forma de abordar la eliminación de ese peso? Es una pregunta que ahora está siendo analizada por un equipo de investigadores ‒expertos en políticas públicas, educación, psicología, pediatría y neurociencia‒ que están llevando a cabo el primer estudio en Estados Unidos, llamado Baby’s First Years (primeros años de los bebés), para evaluar el impacto de la reducción de la pobreza en el desarrollo del cerebro.

“¿Qué pasa si tratamos de ayudar a los niños pequeños en situación de pobreza dándoles simplemente más dinero a sus familias?”, preguntaba el neurocientífico, pediatra e investigador principal Kim Noble en enero de 2019 durante una charla TED sobre el estudio, el cual reclutó en 2018 a 1.000 madres de bebés recién nacidos que vivían por debajo del nivel federal de pobreza para recibir dinero en efectivo durante los primeros 40 meses de la vida de sus hijos. Las madres fueron distribuidas al azar. Algunas recibieron regalos mínimos y otras recibieron cientos de dólares al mes, lo cual aumentó sus ingresos en un 25 %.

“Si bien los ingresos podrían no ser el único factor ni el más importante a la hora de determinar el desarrollo cerebral de los niños, este podría ser abordado fácilmente con una perspectiva política”.

Los resultados no se verán hasta que pasen varios años, pero Noble espera que los hallazgos puedan proporcionar una solución más en lo referido a detener el ciclo de pobreza intergeneracional, al señalar que “nuestras experiencias cambian nuestros cerebros”, es un fenómeno conocido como plasticidad neuronal.

“El cerebro no es el destino”, dice. “Y si el cerebro de un niño puede cambiarse, entonces todo es posible”.

Y si todo es posible, entonces los bebés nacidos en un mundo de adversidad y estrés generado por la pobreza no tienen por qué estar condenados; ya sea gracias al amor del representante del NFP o de otra entidad importante, a un influjo de dinero o a cualquier otra cosa que pueda “sacarles peso de los hombros”, dice Shonkoff.

“No es el final de la historia, para nada”, dice Babcock, “y creo que ese es el regalo que nos hace la ciencia, porque dice con mucha claridad que nuestro pasado no es un prólogo, que podemos cambiar el destino que pudiera estar planeado para nosotros”.

Beth Greenfield

Documental producido por Kristyn Martin