Insólita ausencia de huracanes en el Atlántico

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Dos personas observan el ocaso en Surfside (Florida), el 10 de junio del 2022. Para desconcierto de los meteorólogos, no ha habido un solo huracán en el Atlántico desde principios de julio hasta fines de agosto del 2022. (AP Photo/Wilfredo Lee, File) (ASSOCIATED PRESS)

NUEVA ORLEÁNS (AP) — La temporada de huracanes en el Atlántico ha sido tranquila hasta ahora. Demasiado tranquila. Algo de lo que meteorólogos y residentes de zonas acostumbradas a esos temporales hablan con susurros, como para no tentar al destino.

El mes de agosto nunca había visto nada como esto. No se formó una sola tormenta grande, a pesar de que es el mes pico de la temporada de huracanas y de que los expertos habían pronosticado una actividad mayor que la normal. Casi todos los factores que hacen que los meteorólogos pronostiquen una actividad intensa están presentes.

¿Aguas del océano calientes? Sí.

¿Ausencia de vientos que puedan alejar las tormentas? Sí.

¿El fenómeno La Niña, del océano Pacífico, que hace que aumente la actividad en el Atlántico? Sí.

Sin embargo, no se ha formado una sola tormenta grande.

Sorprendidos, los expertos mencionan un aire inusualmente seco y algunos otros factores. Pero cada vez que ellos y los simuladores de las computadoras piensan que se está gestando algo, no pasa nada.

“Todo está sorpresivamente tranquilo en el Atlántico”, comentó el investigador de la Universidad de Miami Brian McNoldy, quien destacó que la tormenta tropical Colin se diluyó el 2 de julio y que desde entonces no ha habido nada.

Es la primera vez desde 1941 que no hay temporales grandes en el Atlántico desde el 3 de julio hasta fines de agosto. No ha habido una sola tormenta a la que se le dio un nombre, subrayó el experto en huracanes de la Universidad Estatal de Colorado Phil Klotzbach.

Desde 1950, solo en 1997 y 1961 no hubo tormentas con nombre en agosto. Septiembre, no obstante, estuvo hiperactivo en el 61 y registró Carla, un huracán que causó muchos muertos, indicó Klotzbach.

En Lake Charles, localidad de Luisiana muy golpeada por los temporales en la última década, los residentes toman nota de lo tranquilo que ha estado el verano, pero el alcalde Nic Hunter dice que nadie habla de ello para “no tentar el destino”. Entre agosto del 2020 y agosto del 2021 la ciudad fue azotada por dos huracanes, Laura y Delta, una fuerte helada e inundaciones. Todavía hay lonas azules en muchos techos.

“Mucha gente toca madera, reza”, dijo Hunter. “No creo que nadie se sienta aliviado hasta que termine la temporada”.

Ciertamente no Shirley Verdin, una mujer de 74 años que vive a 320 kilómetros (200 millas), en Bayou Point-Au-Chien, destrozada por el huracán Ida el 29 de agosto del año pasado. Ahora reside en una casa rodante de la Agencia Federal de Manejo de Emergencias junto a su vieja morada, que va a ser derribada para construir otra casa.

“Sé que algo se está gestando allí”, dice Verdin.

El Centro Nacional de Huracanes observa tres sistemas en el Atlántico. Dice que hay un 50% de probabilidades de que sean nombrados.

Klotzbach, el experto de Colorado State, no obstante, dice que ya vio esto varias veces este año y que por ahora no espera nada.

A fines de la semana pasada, dijo Klotzbach, las computadoras hablaban de tres o cuatro tormentas en formación, incluida una que podía llegar a ser un huracán grande. Pero todo se diluyó.

En el último mes y medio partieron de África varias tormentas con el potencial de convertirse en huracanes “y se toparon con mucho aire seco varado en el Atlántico”, expresó la experta de la Universidad de Albany Kristen Corbosiero. “El aire seco es el principal factor que ha frenado las tormentas”, añadió.

La humedad relativa es un 15% más baja que la normal y un aire polvoriento del Sahara contribuyó también a la resequedad, indicaron McNoldy y Klotzbach.

El aire seco incide de dos maneras, de acuerdo con Corbosiero. Las tormentas ganan fuerza cuando el océano produce un aire húmedo y cálido. El aire seco hace que se evapore el agua, se enfríe y baje, no suba.

También ayuda a generar vientos cruzados “que afectan mucho las tormentas que tratan de formarse”, señaló Corbosiero.

Matthew Sosencrans, de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, dice que hay indicios de que el aire seco se está terminando y que la humedad recuperará sus niveles de siempre, lo que podría ayudar a generar tormentas.

Las cosas son también bastante extrañas en el trópico, de acuerdo con Klotzbach. Hasta ahora, el océano Índico había registrado solo una tormenta con nombre en agosto. Este año hubo dos. Y en el Pacífico, el supertifón Hinnamnor no solo es la tormenta más fuerte registrada este año, sino que avanza hacia el sudoeste, cuando este tipo de tormentas generalmente van de oeste a este, dijo Klotzbach.

“Hay algo raro dando vueltas”, declaró el experto.

Lo “raro” en el Atlántico es que no pasa nada.

Pero todavía hay tiempo. La temporada de huracanes en el Atlántico alcanza su pico alrededor del 10 de septiembre y dura hasta fines de noviembre.

El director interino del Centro Nacional de Huracanes Jamie Rhome recordó que el huracán Andrew causó estragos en el sur de la Florida y en Luisiana en un año muy tranquilo.

“Basta con que un solo huracán toque tierra para que sea una mala temporada. Y queda mucho tiempo por delante en la temporada de huracanes”, advirtió.

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Borenstein informó desde Washington.

Santana y Borenstein están en Twitter, en @ruskygal y en @borenbears.