Ingeniero puertorriqueño vive su sueño trabajando en proyecto lunar

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Vladillen “Vlado” González recuerda con mucho entusiasmo el traje profesional de $99 con el que viajó a Florida a entrevistarse con Lockheed Martin. Era una de esas ofertas en las tiendas para hombres que te incluían todo, desde la camisa y corbata, el traje y hasta los zapatos, todo por un precio.

“No era el más lindo, pero yo me sentía de miles de dólares”, dijo sonriendo. Esta oportunidad lo acercaría un poco más a ese sueño que vivió desde pequeño, fascinado por las ciencias y las estrellas. Ahora de adulto, aunque confiesa que puede sonar como un cliché, dice que vive un sueño hecho realidad y el cual estará plasmado en los libros de historia.

No pasó el proceso de entrevistas. Pero su mamá le dijo “levanta la cabeza y vas a seguir intentándolo hasta que llegues”. Lo hizo, otras 22 veces. En su entrevista número 24, finalmente lo contrataron y recientemente lo ascendieron a Gerente de planta de ingeniería de calidad a una de las instalaciones de fabricación espacial más avanzadas y de última generación: Centro de naves espaciales, prueba, ensamblaje y recursos (Centro STAR) en Lockheed Martin.

González, ingeniero mecánico y aeroespacial graduado de la Universidad de Puerto Rico, Recinto Universitario de Mayagüez, cuenta con 15 años de experiencia en la industria de la ingeniería.

Por los pasados tres años ha estado trabajando con el grupo de ingenieros de Lockheed Martin y es uno de los expertos a cargo de la misión que llevará y traerá de regreso a la próxima generación de astronautas a la Luna y a Marte. Esto le llena de mucho orgullo y recuerda los sacrificios que ha tenido que enfrentar para estar aquí por lo que espera servir de ejemplo para que otros puedan ver que no es un sueño, sino una realidad.

“Siempre supe que quería trabajar en Lockheed o en NASA”, confesó. El también veterano de la Marina Estadounidense y residente en Orlando, recientemente fue nombrado como Gerente de Calidad en Ingeniería para el programa espacial Artemis/Orion, el más trascendental para la investigación, desarrollo y exploración espacial de Lockheed Martin y la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA, siglas en inglés).

Cuando a González le preguntan cómo es su lugar de trabajo este dice que “yo trabajo en un edificio en el cuarto piso, en el tercer piso es donde los astronautas hacen su cuarentena y cuando yo bajo al primer piso allí yo estoy construyendo naves espaciales”, dijo emocionado. Dice que no importa lo que pase de ahora en adelante, sabe que “yo puse mi granito de arena en la historia”.

González recordó cómo, mientras cursaba la escuela intermedia, pintó junto con su maestro de arte el sistema solar en el techo de un salón de clases. “Cuando lo sugerí y me dijeron que sí, recuerdo que estaba bien emocionado. Mirar las estrellas y más allá y saber que ahora es un hecho, es increíble”.

Sin embargo, para el “jibarito puertorriqueño” como se describió, nacido en San Germán, criado en Sabana Grande hasta que entró al servicio militar a los 19 años, el dicho de ‘El cielo es el límite’ se queda corto.

Su crianza, una feliz y llevadera, estuvo rodeada de limitaciones por ser “una familia de escasos recursos, básicamente pobre”, dijo.

Sin que se le quede nada por dentro, dijo, fue criado en un caserío en Puerto Rico, residenciales públicos para personas de bajos recursos económicos. Para él es importante destacar esto pues pese a los estereotipos, “del caserío sale muchísima gente linda, muchísima gente buena y mi trasfondo viene de ese tipo de background”, recalcó.

Los estudios, y luchar por maneras de sobresalir de ese estatus de vida, le motivaban a diario. “Cuando yo tenía como seis años, mi papá me trajo la foto más icónica que había del Columbia (el transbordador espacial) y la pusimos en la pared de mi cuarto. Literalmente yo me levantaba y me iba a dormir mirando la foto del transbordador”. Eso le llevó a pensar que le gustaría convertirse en astronauta o trabajar para la NASA, pero era un “viniendo de una familia de escasos recursos era un sueño bien lejano”.

Con el tiempo continuó aprendiendo sobre la ciencia y a la corta edad de 10 años, dice que incluso le escribía a la NASA para que le enviaran fotos de los proyectos especiales. Recibir esas correspondencias alimentaban su imaginación y ganas de seguir adelante.

Superando los no

Siempre supo que su interés era estudiar ingeniería pero su trayectoria le tomaría un poco más de lo que imaginaba. Este tuvo que dejar los estudios por falta de dinero y recursos. González tenía que coger pon desde San Germán hasta Mayagüez, algo que reconoce era bien cuesta arriba.

Ahí fue cuando el servicio militar le ofreció la oportunidad de enlistarse y costear sus estudios. Durante su carrera militar, González fue galardonado por su trabajo como sargento en varias misiones, incluyendo las negociaciones de paz con el Medio Oriente en el año 2000 y la oportunidad de servir como ingeniero de vuelo para el escuadrón de helicópteros presidenciales bajo las administraciones de Bill Clinton y George W. Bush.

Ahora suena sencillo, pero lograr ese puesto tomó varios rechazos y luchas contra las barreras de idiomas y hasta cierto discrimen simplemente por ser hispano. González dijo que el instructor le dijo ‘González, baja la mano que tú ni siquiera sabes hablar inglés, vas a trabajar con el presidente de Estados Unidos’”. Esta es una de las pocas cosas que dice se arrepiente en la vida.

“Dejé que la percepción de una persona se convirtiera en mi realidad”, lamentó. Al año lo intentó nuevamente. Y el año siguiente por tercera ocasión. Pese a los continuos ‘no’, González dijo que se enfocó en preguntar qué era lo que le hacía falta y comenzó a trabajar más fuerte para lograrlo.

“Hay muchas veces que uno quiere llegar y tiene un tipo de sueño pero siempre va a haber gente que no te crean o te quieran pisotear ese sueño, pero a la hora de la verdad, después que tu creas en tí y tengas la fuerza de voluntad, tu puedes hacer lo que tu quieras”, exhortó.

Si se puede describir de una manera, González dice que es una persona que encuentra los positivos en momentos de negatividad. Esto lo dejó claro cuando, luego de solicitar en 26 ocasiones para trabajar con Lockheed Martin, y recibir ese correo que notifica que no es el candidato escogido, nunca se dio por vencido.

La clave, dijo, es tener claro “what is your why?, ¿cuál es tu motivación, cuál es tu por qué?”. En su caso es su mamá y lo que ella luchó para sacarlo adelante. En su mente está la estampa de su madre con solo dos pares de zapatos que arreglaba una y otra vez. Esos sacrificios, las ganas de seguir adelante y darlo todo por sus hijos, es lo que lo motiva a él a continuar. “Hay tantos valores, una persona que tanto amor, tanto sacrificarse por sus hijos, su familia. Esa estampa es la que llevo cuando tengo un momento difícil…Pienso por las cosas que pasó mi mamá, lo que pudo haber pasado y nunca se quitó”.

Tras años de trabajo arduo y sueños plasmados en las estrellas, ser parte del equipo cuyo objetivo principal es asegurar Orion, la nueva nave espacial de la NASA y una parte importante de las misiones Artemis, “es un orgullo. Es la culminación de años y años de sueños. De muchas puertas que se cerraban”. Como representante de Puerto Rico, pero también de la comunidad latina, dice que la presión de poner el nombre de su isla en alto y servir de inspiración es grande.

También es el primer veterano puertorriqueño en graduarse con una maestría en administración de empresas del prestigioso programa para veteranos de la Universidad del Sur de California.

“Lo más importante es “seguir tu sueño, trabajar duro y ayudar a alguien en el camino”, dijo.

González está listo para seguir rompiendo barreras y haciendo historia y como dice la canción poniendo la bandera como ‘Boricua en la Luna’.