Iga Swiatek: La Nº1 del tenis que prefería jugar fútbol para reunirse con sus amigas

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A fondo Iga Swiatek, la hija de un remero olímpico y una ortodoncista que a los 21 años domina el mundo del tenis.
A fondo Iga Swiatek, la hija de un remero olímpico y una ortodoncista que a los 21 años domina el mundo del tenis.

Tomasz Swiatek, un remero olímpico polaco que compitió en Seúl 1988, y Dorota, su esposa ortodoncista, proyectaron una vida deportiva para sus hijas, Ágata e Iga, nacidas en Raszyn, un pueblo en el extremo sur de Varsovia. Pero las expectativas superaron ampliamente lo planeado. Hoy, si Tomasz y Dorota caminan por Manhattan, se detienen en Times Square y levantan la vista, pueden observar a la menor de sus hijas como protagonista de una publicidad. Iga Swiatek, de 21 años, es la tenista que domina el mundo.

En 2020, en octubre, un mes atípico para la competencia en Roland Garros (se realiza en mayo/junio, pero esa temporada la pandemia alteró el calendario), Swiatek arrasó y sacudió el arte de las raquetas. Con la frescura emocional de sus 19 años y, hasta ese momento, habiendo jugado sólo una final en el Hologic WTA Tour (perdida, en Lugano, Suiza, en 2019), Iga conquistó su primer trofeo (encima, de Grand Slam, la mayor jerarquía) y sin ceder sets durante las dos semanas, hazaña que no ocurría desde hacía trece años. Su golpe en París la aproximó a los registros de las mejores de todos los tiempos. Y allí no se detuvo.

Swiatek se convirtió en un torbellino dentro de los courts y rápidamente se colocó como una seria amenaza para la estupenda líder del ranking, la australiana Ashleigh Barty, una creativa que rompió la horma del tenis moderno físico y de tiros planos. En marzo, la polaca ganó Indian Wells y saltó al número 2, lista para dar el zarpazo final. Sin embargo, el N° 1 le llegó antes de lo que esperaba: el sorpresivo anuncio de retiro de Barty (con 25 años) la posicionó arriba de todas, el 4 de abril. Muy lejos de quedarle grande la silla, asumió el compromiso con madurez, siguió alimentando su historia, volvió a coronarse en Roland Garros y logró una impactante racha de 37 triunfos consecutivos, la más larga en el circuito en 32 temporadas. El US Open, el major neoyorquino que el lunes pasado levantó el telón del show, la tiene como máxima favorita.

Iga Swiatek de Polonia juega un revés durante el partido de individuales de la WTA contra Daria Saville de Australia en enero de 2022. (Foto: Peter Mundy/Speed Media/Icon Sportswire vía Getty Images)
Iga Swiatek de Polonia juega un revés durante el partido de individuales de la WTA contra Daria Saville de Australia en enero de 2022. (Foto: Peter Mundy/Speed Media/Icon Sportswire vía Getty Images)

Diestra, de 1,76 metro, hábil, con revés de dos manos y derecha virtuosa, el tenis de Swiatek seduce -casi- en voz baja, lejos de estridencias, pero con un poder soberbio dentro del court. Es tímida y en nada se parece a Serena Williams; tampoco se compara con alguna referente de los tiempos dorados del tenis femenino como Steffi Graf, Martina Navratilova, Mónica Seles o Gaby Sabatini, entre otras. Muchísimos, en cualquier rincón geográfico, ya la admiran; otros tantos recién la empiezan a conocer. Algo es indudable: en un tour que a veces es señalado por la inestabilidad de sus protagonistas, Swiatek es distinta.

Se formó en una escuela integradora cercana a Varsovia que posee una alta proporción de chicos con discapacidades físicas y muestra un fuerte espíritu solidario. Adora leer. Agatha Christie es una de sus escritoras favoritas. Llegó a Nueva York con dos libros: Memorias de una geisha, de Arthur Golden, y Atlas del corazón, de Brené Brown. Le gusta el rock; escucha AC/DC, Pink Floyd, Pearl Jam y los Red Hot Chili Peppers. Encuentra en Rafael Nadal una inspiración. Tiene sonrisa contagiosa. Amable, entre su victorioso debut en Flushing Meadows [6-3 y 6-0 a la italiana Jasmine Paolini], sus entrenamientos y compromisos publicitarios, Swiatek se permite un viaje exclusivo con LA NACION para profundizar sobre sus orígenes, sueños, preocupaciones. El mundo de la chica que domina al mundo del tenis.

–¿Cómo eras de niña? ¿Es cierto que eras tímida y que te divertías más jugando al fútbol que al tenis?–Hay algo de verdad en ello. Me gustaba jugar al tenis, pero tenía muchas otras cosas en mi vida y el tenis es un juego solitario. Y el fútbol me estaba dando algo que no tenía cuando entrenaba tenis: la oportunidad de pasar más tiempo con otras niñas.

–Tu papá es un exatleta olímpico. ¿Cuánto te informaste de su carrera y qué te aportó para convertirte en deportista?—Admiraba la carrera de mi padre ya que el remo es una disciplina muy exigente, requiere de mucho esfuerzo para poder competir en un nivel físico tan alto. Mi papá quería que mi hermana Ágata y yo comenzáramos una disciplina individual porque sabía que tendríamos más control sobre nuestros deportes y dependería más de nosotros. Él quería que fuéramos independientes en nuestros deportes. Empezamos por la natación, pero no era lo mío y la segunda opción, el tenis, resultó ser mi pasión.

–Llegaste a lo más alto del ranking con sólo 20 años. Antes de eso, ¿cuándo pensaste realmente que era una posibilidad concreta?– Cuando era adolescente y competía en torneos nacionales. Gané en todas las categorías posibles y pensé por primera vez que podía ser la mejor. La segunda experiencia fue durante mis primeros Grand Slams junior [NdR: fue 5° en los menores y ganó el trofeo de Wimbledon, en 2018]. El ambiente allí es increíble porque entrenas en las mismas canchas y pasas tiempo en los mismos lugares que tus ídolos, muchos grandes campeones. Pude verlos, encontrarlos en áreas comunes y eso fue algo mágico que me dio mucha inspiración.

Rafael Nadal de España e Iga Swiatek de Polonia hablan durante el partido de exhibición Tennis Plays For Peace en beneficio de Ucrania durante el Abierto de Estados Unidos de 2022. (Foto: Eduardo Muñoz Álvarez/VIEWpress)
Rafael Nadal de España e Iga Swiatek de Polonia hablan durante el partido de exhibición Tennis Plays For Peace en beneficio de Ucrania durante el Abierto de Estados Unidos de 2022. (Foto: Eduardo Muñoz Álvarez/VIEWpress)

–Heredaste el N°1 por el sorpresivo retiro de Barty, pero se notaba que estabas preparada para asumir la responsabilidad. ¿Qué aspectos de tu vida tuviste que modificar desde entonces?–No muchos, francamente hablando. Más ha cambiado después de mi primer título en Roland Garros porque fue una gran sorpresa para mí y para todos los demás. El retiro de Ash también fue una sorpresa, pero yo era la segunda del ranking cuando sucedió, así que la posibilidad de convertirme en el número 1 del mundo estaba ahí. Es real que tuve que todavía tengo mucha presión y eso es seguro algo que creció al convertirme en la número uno.

–Más allá de cualquier bajón lógico que puedas sufrir, sos una jugadora perspicaz, estratégica y creativa que rompe el molde del tenis actual con la fuerza como base del juego. ¿Crees que ese es un aspecto que te hace prevalecer sobre el resto?–Diría que el nivel en el tenis femenino es muy equilibrado. Hay muchas buenas jugadoras con diferentes estilos de juego, no solo golpeando pesado y plano. Soy consciente de que tengo muchas herramientas para usar, conozco mis fortalezas como mi top-spin, mi movimiento en la cancha y la versatilidad de mi juego. Por supuesto, es más fácil poder elegir entre una amplia gama de herramientas y estrategias, pero todavía estoy aprendiendo a adaptar mi juego y elegir la mejor solución en un momento dado. Todavía estoy desarrollando mi juego. En cuanto a la primera parte de la temporada, cuando prevalecí y gané tantos torneos [Doha, Indian Wells, Miami, Stuttgart, Roma y el Abierto de Francia], fui agresiva, obligué a mis oponentes a jugar a mi manera. Pero todas están desarrollando y probando cosas y soluciones nuevas, aprendiendo a vencer a las demás. Yo también necesito adaptarme.

–El tenis femenino vivió una época dorada en los ‘80 y ‘90. ¿Has visto videos de esas leyendas?–Vi y admiro a esas jugadoras. Admiro especialmente su consistencia y, llevándolo a mi actualidad, ese sigue siendo mi objetivo principal. Ser una tenista consistente. Estar en la cima de mi juego por períodos de tiempo más largos.

Iga Swiatek de Polonia celebra su victoria contra Jasmine Paolini de Italia en la primera ronda del US Open 2022. (Foto: Tim Clayton/Corbis vía Getty Images)
Iga Swiatek de Polonia celebra su victoria contra Jasmine Paolini de Italia en la primera ronda del US Open 2022. (Foto: Tim Clayton/Corbis vía Getty Images)

–¿Por qué crees que tu estilo de juego y personalidad conectan tanto con el público?–No sé, para ser honesta. Soy solo yo, soy quien soy y no quiero fingir ser otra persona. Es importante para mí ser franca y natural. Creo que la gente respeta eso.

–El año pasado realizaste una donación de US$ 50.000 con motivo del Día Mundial de la Salud Mental. Las tenistas como Barty y Naomi Osaka también ayudaron a correr la voz al respecto. ¿Qué importancia tiene la salud mental en el tenis profesional?– Es absolutamente crucial. Es un juego individual y el aspecto psicológico es significativo. Jugamos la mayor parte del año, estamos fuera de casa, cambiamos de zona horaria con tanta frecuencia que necesitamos fuerza mental para hacer nuestro trabajo al más alto nivel posible. Necesitamos cuidar nuestra salud mental porque el tenis es una de las disciplinas más exigentes. Pero esto es importante no solo en el tenis, es parte de nuestra vida.

–Eres una de las tenistas profesionales que, en su equipo, además de entrenador, preparador físico, fisioterapeuta…, tiene a una psicóloga permanente. ¿En qué aspectos ponen más énfasis con Daria Abramowicz?–Va cambiando con el tiempo, con mis necesidades y mi desarrollo. Mi objetivo principal es construir una carrera sana y equilibrada. Poder disfrutar de lo que hago, pero al mismo tiempo poder conseguir mis objetivos deportivos.

La polaca Iga Swiatek se ajusta la gorra mientras se enfrenta a la estadounidense Sloane Stephens durante su partido de segunda ronda del US Open 2022. (Foto: KENA BETANCUR / AFP vía Getty Images)
La polaca Iga Swiatek se ajusta la gorra mientras se enfrenta a la estadounidense Sloane Stephens durante su partido de segunda ronda del US Open 2022. (Foto: KENA BETANCUR / AFP vía Getty Images)

–A veces el tenista profesional vive en una especie de “burbuja”. ¿Hasta qué punto tratas de aislarte de la información, de las redes sociales y de todo lo que se pueda decir de vos?–Estoy tratando de administrar el tiempo que paso en las redes sociales porque estar allí demasiado no es saludable, ya que sabemos qué influencia tiene en nosotros pasar demasiado tiempo mirando pantallas y siguiendo las noticias. Puede ser abrumador. Mi regla principal es limitar mi tiempo en las redes sociales durante los torneos cuando estoy completamente concentrada en mi desempeño. A veces hago una especie de desintoxicación de las redes y no las uso durante un par de días. Sobre leer lo que dicen de mí…, no leo mucho sobre mí. La mayoría de las veces sólo recibo algunos artículos de mis amigos. Leo los mensajes que recibo de mis fanáticos en mi Instagram, pero a veces recibo algo de odio como todos los atletas y este tipo de mensajes no los leo.

–Iga, ¿qué te provoca, a esta altura de la historia, cuando se ha avanzado en muchos aspectos en la sociedad, que haya una guerra?Para mí fue un gran shock cuando comenzó la guerra en Ucrania. No experimenté la guerra estando tan cerca de mi país en mi vida. Es triste e impactante. Primero la pandemia, luego la guerra en Ucrania. Vivimos tiempos difíciles. Lo que puedo hacer al respecto es concentrarme en mi influencia. En este caso, mi influencia fue usar mi voz y mostrarle a Ucrania que tiene mi apoyo como persona y como atleta.

–A fines de julio, en Cracovia, organizaste una exhibición junto con colegas como Elina Svitolina (ucraniana) y Agnieszka Radwanska (polaca, ya retirada), en la que recaudaron más de US$ 500.000 para organizaciones que protegen a los niños afectados por la guerra. ¿Qué te generó esa acción?–Me conmueve haberlo hecho junto con mi equipo y que tantos grandes atletas como Svitolina, Radwanska o (el exfutbolista) Andriy Shevchenko se hayan unido a nuestro evento para ayudar a Ucrania. Demostramos que el deporte y el tenis pueden unirnos y darnos alegría en tiempos difíciles. Estoy feliz de que esas cosas sean posibles porque significa que hay esperanza y un futuro.

¿Hasta dónde te gustaría llegar en el tenis?–Hablando francamente, no lo sé. Por supuesto que quiero ser la mejor y lograr todo lo que pueda, pero en este momento estoy más concentrada en el viaje, no en su propósito final. Quiero disfrutar de mi trabajo como tenista, crecer, aprender, ver el mundo, experimentar todo lo que pueda, pero cuidar de mí y de mis seres queridos al mismo tiempo. Estoy emocionada y expectante por saber a dónde me llevará este viaje.

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