Así fue como Houston llevó a 25.000 personas sintecho a casas propias

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Un trabajador social habla con una indigente en Houston, el 19 de abril de 2022. La búsqueda de vivienda comienza con la colecta de información. (Christopher Lee/The New York Times)
Un trabajador social habla con una indigente en Houston, el 19 de abril de 2022. La búsqueda de vivienda comienza con la colecta de información. (Christopher Lee/The New York Times)

Una mañana de julio del año pasado, Ana Rausch ocupaba un rincón sombreado de un estacionamiento en el noroeste de Houston. Daba órdenes a una docena de trabajadores sociales. Su atención se centró en un paso subterráneo de la autopista, donde un puñado de personas vivía en tiendas de campaña y techos de cartón. Como vicepresidenta de la Coalición por las Personas sin Hogar de Houston, Rausch estaba ahí para desalojar a esas personas.

Durante más de un mes, Rausch y sus colegas se habían coordinado con los funcionarios del condado de Harris, así como con la oficina del alcalde y los propietarios locales. Habían visitado el campamento y hablado con las personas que vivían allí para que ahora, mientras se desmantelaban las tiendas de campaña, los ocupantes pudieran trasladarse de inmediato, por un año o más tiempo, a apartamentos de una habitación. Las personas que vivían en el campamento no iban a ser enviadas a refugios para indigentes, no se les multaba por allanamiento de morada, ni se les estaba echando así nada más, sino que se les daría un hogar.

Durante la última década, Houston, la cuarta ciudad más poblada de Estados Unidos, ha instalado a más de 25.000 personas sin hogar en apartamentos y casas. La inmensa mayoría de ellos han permanecido en sus viviendas al cabo de dos años. El número de personas consideradas indigentes en la región de Houston se ha reducido un 63 por ciento desde 2011, según las últimas cifras de las autoridades locales. Incluso a juzgar por las métricas más modestas registradas en un informe federal de 2020, Houston redujo más del doble que el resto del país el número de personas en situación de calle durante la década anterior. Hace diez años, los veteranos sin hogar esperaban 720 días y tenían que superar 76 pasos burocráticos para pasar de la calle a una vivienda permanente con el apoyo de asesores de servicios sociales. Hoy, gracias a un proceso racionalizado, la espera para conseguir una vivienda es de 32 días.

Houston logró avanzar tanto gracias a que colaboró con los organismos del condado y pudo convencer a decenas de proveedores de servicios locales, empresas y organizaciones benéficas sin fines de lucro para unir esfuerzos. Juntos, han apostado por la “vivienda primero”, una práctica respaldada por décadas de investigación que saca de la calle a las personas más vulnerables y las lleva directo a apartamentos, no a albergues, sin exigirles primero que abandonen las drogas o completen un programa de 12 pasos o encuentren a Dios o un trabajo.

“Antes de dejar el cargo, quiero que Houston sea la primera gran ciudad en acabar con la indigencia crónica”, dijo el alcalde Sylvester Turner.

A finales de enero, Turner, en su último mandato, se unió a los líderes del condado de Harris para presentar un plan de 100 millones de dólares que utilizaría una combinación de fondos federales, estatales, del condado y de la ciudad para volver a reducir a la mitad el recuento de personas sin hogar a nivel local para 2025.

“La indigencia crónica” hace referencia a las personas que han vivido en las calles durante más de un año y han pasado varios periodos en situación de calle y que tienen una discapacidad mental o física. En todo el país, la mayoría de los sintecho entran en esa categoría. En el caso de las personas que han vivido en la calle durante seis semanas o menos; un 40 por ciento tiene trabajo.

Un pasaje subterráneo de autopista, donde antes había un asentamiento de personas sin hogar, en Houston, el 18 de abril de 2022. (Christopher Lee/The New York Times)
Un pasaje subterráneo de autopista, donde antes había un asentamiento de personas sin hogar, en Houston, el 18 de abril de 2022. (Christopher Lee/The New York Times)

Los asentamientos como el del paso subterráneo dejan al descubierto décadas de decisiones calamitosas por parte de planificadores, políticos y autoridades sanitarias y de vivienda. Uno de cada 14 estadounidenses se encuentra sin hogar en algún momento y en una mayor proporción son personas de color. Erradicar el sinhogarismo implicaría atajar el racismo sistémico, reconstituir los sistemas nacionales de salud mental, apoyo familiar y consumo de drogas, aumentar los salarios, ampliar el programa federal de vales de vivienda y construir millones más de viviendas subvencionadas.

El objetivo de Houston y otras ciudades que combaten el problema es diferente: hacer que la falta de vivienda sea “rara y breve”, por citar a Rosanne Haggerty, defensora de la vivienda.

A media tarde de ese día de julio, el equipo de Rausch había trasladado a los que vivían en el campamento a sus nuevas residencias. Entre las personas reubicadas se encontraba una tímida mujer de 39 años llamada Terri Harris. Harris estaba desesperada por reunirse con su hija de 3 años, Blesit, a la que había tenido que dejar con su hermana.

Dos trabajadores de la organización subieron a Harris a una furgoneta blanca, junto con una bolsa de basura Hefty llena de artículos domésticos y una Biblia.

Al final del trayecto había un apartamento de una habitación.

’Comenzamos a hablar entre nosotros’

Hace una década, Houston tenía una de las tasas más altas de personas sin hogar per cápita del país. El sistema para dar respuesta a este problema era un caos. La ciudad despilfarraba millones de dólares del erario público y el tiempo de los agentes de policía que encarcelaban a los indigentes de Houston por consumo de alcohol y drogas. Los residentes que vivían en las calles, bajo los puentes y a lo largo de los pantanos utilizaban las ambulancias para recibir atención médica básica porque no tenían otra forma de hacerlo.

Y, al igual que en otras ciudades, decenas de organizaciones de ayuda local, tanto públicas como privadas, competían por los fondos federales, duplicaban servicios, no compartían información ni objetivos, y alojaban a muy pocas personas.

Jessica Preheim, vicepresidenta de planeación estratégica de la Coalición por las Personas sin Hogar de Houston, recuerda que, cada cinco o seis años, la Autoridad de Vivienda de Houston anunciaba un concurso para entrar en la lista de espera para los vales federales de vivienda. Según recuerda Preheim, para entrar en el sorteo, primero había que escuchar el anuncio y luego presentar una solicitud por escrito en unos días. Si tu nombre salía seleccionado, recibías una notificación por correo postal, que requería una dirección.

Era una receta para no darles un hogar a las personas que no lo tenían.

Thao Costis, directora de un proveedor de servicios de personas sin hogar en Houston llamado SEARCH, dijo que en aquel entonces su organización lo intentaba todo: divulgación, gestión de casos, servicios para niños, formación para el empleo, pago de alquileres a los propietarios para alojar a los clientes. “SEARCH tenía un déficit de un millón de dólares y la gente más ayuda necesitaba no la obtenía”, recuerda Costis.

La promulgación de la Ley de asistencia de emergencia para personas sin hogar y transición rápida a la vivienda (HEARTH, por su sigla en inglés) en 2009 comenzó a hacer la diferencia. Esta ley estipulaba que, para recibir recursos federales, las ciudades tenían que adoptar una política de “primero vivienda” y, lo más importante, las organizaciones que ayudan a las personas sin hogar tenían que trabajar al alimón en el “cuidado permanente” conforme a una sola dirección, que coordinara sus programas y compartiera datos.

Dado que las nuevas normas entrarían en vigor en 2012, el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano del gobierno de Obama ofreció dinero y experiencia a 10 ciudades en las que el fenómeno de los sintecho era un problema particular. Houston estaba entre ellas.

Annise Parker era la alcaldesa de Houston en ese momento.

La Casa Blanca puso a disposición de Parker una experta en ayuda para indigentes, Mandy Chapman-Semple. Invitaron a decenas de proveedores de servicios para los sintecho de la ciudad a una reunión. “Empezamos a hablar entre nosotros” es como recuerda Preheim ese momento. “A veces es tan sencillo como eso”.

La iniciativa permanente recibió un nombre, The Way Home, y la Coalición para las Personas sin Hogar de Houston/Condado de Harris, una organización sin fines de lucro, fue nombrada la agencia responsable de la coordinación. Más de 100 organizaciones locales y regionales acabaron adhiriéndose.

Al principio, el objetivo era alojar a 100 veteranos sin hogar en 100 días y, una vez conseguido, a 300 más en otros 100 días. “Entonces pensamos que, si podíamos hacer eso, podíamos hacer algo realmente grande”, explicó Parker.

La Autoridad de la Vivienda de Houston se sumó a la iniciativa permanente. Acordó que 250 individuos sin hogar al año podrían pasar a encabezar la lista de espera de vales. A partir de ese cambio, miles de personas han recibido vales y ya tienen vivienda.

SEARCH también se unió. La coordinación hizo que el grupo de Costis pudiera centrarse en la gestión de casos, y dejara la capacitación laboral, el cuidado de los niños y otros servicios a otros miembros de la iniciativa permanente. Eso, a su vez, le permitió evitar el colapso financiero y contratar a más gestores de casos.

“De repente, la gente recibía vivienda a la velocidad del rayo”, recuerda Costis. “Fue una diferencia espectacular”.

Parker considera que ayudó el hecho de que el mercado de la vivienda aún no estuviera saturado y de que los terrenos tuvieran un precio razonable. “También ayudó que creáramos un centro de sobriedad, que dejáramos de arrestar a 20.000 personas al año por consumo de sustancias en la vía pública y que empezáramos a repartir vales de taxi a las personas sin hogar para que no utilizaran las ambulancias como taxis personales. Todo eso nos ahorró una fortuna y tuvo sentido. Pero el resultado final es que casi todos los implicados en el problema de los indigentes en Houston se reunieron en torno a lo que funciona. Esa es nuestra receta secreta”, afirmó.

Una solución temporal y el tiempo se agota

El apartamento al cual los trabajadores sociales llevaron a Terri Harris desde el pasaje subterráneo en julio era un desarrollo ochentero de pocos pisos y con jardines. Brenda Salinas, gestora de caso de un proveedor de servicios llamado Baker Ripley, ayudó a Harris a firmar un contrato de arrendamiento y la llevó a un departamento de una recámara en la planta baja. Después, Salinas grabó un video en el que se veía a Harris respirar profundo un par de veces, pararse de puntitas de la emoción y darle vuelta a la llave de la puerta.

Del otro lado, había una sala vacía con las paredes pintadas de blanco y una cocina pequeña y ordenada, que los trabajadores sociales comenzaron a abastecer de productos básicos. La coalición iba a enviar muebles y otros enseres domésticos en unos días. Harris abrió un cajón de la cocina y luego otro. El vestidor del dormitorio era más grande y más bonito que cualquier otro lugar en el que Harris hubiera vivido con su hija, Blesit. Harris abrazó a los asistentes sociales. Luego se dejó caer sobre la alfombra y lloró.

Tuvo suerte. La gran mayoría de las 50.000 personas del área de Houston que solicitaron algún tipo de servicio para personas sin hogar en 2021 no cumplían los requisitos para obtener un apartamento. La mayoría fueron “referenciados”: recibieron asistencia para el alquiler, o se les ayudó a inscribirse en los vales de alimentos o en las prestaciones de la Seguridad Social. Parte del trabajo de la iniciativa permanente es identificar y evaluar a las personas según un “índice de vulnerabilidad” federal, que utiliza una serie de preguntas estándar para determinar quiénes son más vulnerables en la calle.

Quienes reciben las puntuaciones más altas en el índice de Houston (las personas que viven en indigencia crónica) pueden optar por lo que se conoce como vivienda de apoyo permanente. “Apoyo” significa que, además de recibir una vivienda, la persona recibe dinero para el alquiler, los servicios públicos, el transporte y otras necesidades, y se le asigna un gestor de casos que le ayuda a acceder a programas de empleo y a tratamientos psiquiátricos y contra el consumo de sustancias.

Los economistas aún no coinciden en el cálculo de los costos de la vivienda primero para los contribuyentes. Las estimaciones apuntan a un ahorro significativo: desde 4800 dólares hasta más de 60.000 dólares al año por persona en una vivienda de apoyo.

Al no tener una discapacidad, Harris no cumplía los requisitos para obtener una vivienda de apoyo permanente. Pero sí obtuvo una puntuación adecuada según la versión del índice de Houston para lo que se denominó realojamiento rápido, que es lo que se ofrece a la mayoría de las personas que cumplen los requisitos para obtener una vivienda en la ciudad (que sumaron un total de 4233 en 2021). La iniciativa paga un apartamento alquilado a nombre del beneficiario durante un año y la ayuda de un gestor de casos. El beneficiario tiene ese año para recuperarse y encontrar los medios para pagar el alquiler o algún otro lugar donde vivir. Quienes critican el realojamiento rápido sostienen que no es más que una solución provisional. En Houston, casi tres cuartas partes de las personas que han sido realojadas en este esquema conservan su vivienda.

’Ya no querían rentarnos’

El otrora abundante inventario de viviendas asequibles en Houston se ha reducido de manera considerable. Las nuevas construcciones se centran sobre todo en la parte alta del mercado. Al igual que en otros lugares, gigantescas empresas de inversión como Blackstone se han apoderado de las viviendas disponibles y excluyen a los residentes de clase media y bajos ingresos. Por si fuera poco, las solicitudes de desalojo en el condado de Harris son ahora mayores que antes de la pandemia.

“Mientras tanto, el precio de la vivienda aumenta más rápido que los ingresos”, afirma Bill Fulton, director del Instituto Kinder de Investigación Urbana, un grupo de expertos de la ciudad. “Y, como resultado, una gran mayoría de los habitantes de Houston ya no pueden ser propietarios de una vivienda y se han convertido en inquilinos, la mitad de ellos agobiados por el alquiler, lo que significa que destinan más de un tercio, y muchas veces más de la mitad, de sus ingresos al pago de una renta”.

Fulton explicó que esta restricción en el extremo inferior del mercado de la vivienda significa que los habitantes de Houston agobiados por los alquileres están compitiendo con “ las personas sin hogar por un conjunto cada vez más reducido de apartamentos deteriorados que cobran alquileres cada vez más elevados”. Los vales de vivienda del gobierno federal apenas logran paliar el problema. En 2010, unas 220.000 personas en Houston cumplían los requisitos para recibir 20.000 vales. Hoy, 600.000 personas cumplen los requisitos para apenas 40.000 vales.

“En parte, nos hemos convertido en víctimas de nuestro propio éxito”, dijo Lance Gilliam, presidente de la Coalición para las Personas sin Hogar. “Como la coalición estaba llenando este tipo de lugares con inquilinos, se volvieron más atractivos para los inversionistas. Algunos empezaron a decir que ya no querían rentarnos”.

En respuesta, Marc Eichenbaum, asistente especial del alcalde para las iniciativas relacionadas con las personas sin hogar, se puso en contacto con los propietarios y, como él mismo dijo, “les hizo saber que encontrar habitaciones de un dormitorio para los sintecho de Houston era una de las principales prioridades del alcalde Turner”. Entonces “organizamos un traspaso a Mike Nichols y su equipo de la coalición para llegar a un acuerdo”.

Nichols es el presidente de la Coalición para las Personas sin Hogar. Los propietarios, dijo, se quejaron del laberinto de agencias que tenían que navegar cuando había un problema con un inquilino. “Ahora nos reunimos con los dueños de las propiedades para ofrecerles un mejor servicio y desalojar a los pocos residentes problemáticos”.

En lugar de perder apartamentos este año, dijo Eichenbaum, “tenemos la esperanza de ganar hasta 1000 más de los que teníamos”.

Me di cuenta de que, en esencia, esa era la historia de las personas en la indigencia de Houston.

En un Estados Unidos fracturado, todavía es posible que los rivales compartan los hechos y unan fuerzas en torno a un asunto polémico y difícil. El sector público y el privado, el condado y la ciudad, las empresas y las organizaciones sin fines de lucro, los conservadores y los liberales, quienes tienen dónde vivir y quienes no: en Houston, se han logrado verdaderos avances en el alojamiento de personas que antes no tenían vivienda.

© 2022 The New York Times Company

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