En Hong Kong, las divisiones crecen al ritmo de las marchas

LA NACION

HONG KONG.- Miles de manifestantes prodemocracia marcharon ayer en Hong Kong en la antesala de una concentración todavía mayor prevista para hoy, mientras asoma otro sector de la sociedad que teme por la escalada y defiende la intervención de las fuerzas de seguridad.

Las marchas opositoras, que llevan más de dos meses en las calles, tuvieron su primer contrapeso con otra concentración de miles de ciudadanos contrarios a sus demandas y sus métodos. Mientras los primeros se expresaban contra la influencia de Pekín, los segundos confluyeron en un parque en apoyo del régimen.

La Unión Europea (UE) llamó a un "diálogo amplio e inclusivo" para "apaciguar la situación" en Hong Kong, y consideró esencial "mostrar moderación y rechazar la violencia" en la excolonia británica, que vive desde principios de junio su peor crisis desde su devolución a China, en 1997. Según el acuerdo bilateral, Hong Kong pasaba a ser un territorio semiautónomo bajo un régimen de amplias libertades civiles.

Las manifestaciones de ayer comenzaron con miles de docentes que marcharon bajo una lluvia torrencial para apoyar al movimiento prodemocracia. Por la tarde, una multitud todavía más numerosa se congregó en Hung Hom y en To Kwa Wan, dos barrios portuarios populares entre los turistas.

Algunos participantes vandalizaron los locales de la Federación de Sindicatos, una organización pro-Pekín, donde tiraron huevos y cubrieron las paredes de grafitis.

"El gobierno aún no respondió a una sola reivindicación e intensificó la presión policial para reprimir la voz del pueblo -dijo un manifestante de 25 años, que aseguró que no pensaba dejar las marchas-. Si no salimos a la calle, nuestro futuro, nuestra próxima generación se verá enfrentada a más represión".

Los activistas más radicalizados se enfrentaron a la policía en el barrio de Mong Kok, en el norte de Hong Kong, convertido en escenario de disturbios estas últimas semanas. Bloquearon carreteras y la policía realizó algunas cargas para dispersarlos.

Partidarios de Pekín se reunieron igualmente en masa en un parque, donde varios oradores denunciaron la violencia de las manifestaciones. Al mismo tiempo se proyectaban videos en una pantalla gigante, en la que se veían recientes enfrentamientos con la policía.

"Sus actos no son humanos, se volvieron todos unos monstruos", lamentó Irene Man, una jubilada de 60 años. Mucho tuvo que ver en esa desaprobación social la propaganda que puso en marcha el régimen chino, que se valió de los incidentes para criminalizar las protestas y calificar a los activistas más díscolos de "terroristas".

Los medios oficiales chinos emitieron un diluvio de notas, imágenes y videos sobre el tema. También difundieron imágenes de soldados chinos y vehículos blindados del otro lado de la frontera, en la ciudad industrial china de Shenzhen.

Ahora los ojos están puestos en la manifestación opositora de hoy, una verdadera prueba de la determinación tanto de los activistas prodemocracia como de las autoridades locales, leales a Pekín. La marcha se presenta como "racional, no violenta", y fue convocada por el Frente Civil de Derechos Humanos, una organización detrás de las masivas manifestaciones de junio y julio.

Prohibición

La policía autorizó la concentración, aunque prohibió desfilar por las calles. Pero en las últimas semanas los manifestantes ignoraron casi siempre los vetos, lo que dio lugar a múltiples enfrentamientos.

Las autoridades justifican las prohibiciones por la violencia cada vez más recurrente durante las marchas, en las que algunos manifestantes atacaron comisarías. En más de dos meses de protesta se registran más de 700 detenidos.

La movilización, surgida en junio en rechazo de un polémico proyecto de ley que autorizaba las extradiciones hacia China, amplió después sus reivindicaciones y pidió en especial un verdadero sufragio universal, en un contexto de temor a una creciente injerencia de Pekín.ß

Agencias AFP, AP y ANSA