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Un homenaje a Hugo Chávez reúne en Caracas a los dictadores de la región

Fotografía cedida por la oficina de prensa de la Presidencia venezolana que muestra al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, conversando con el ex presidente de Cuba, Raúl Castro, durante el acto conmemorativo por el décimo aniversario de la muerte del presidente venezolano Hugo Chávez, en el Teatro Teresa Carreño de Caracas, el 5 de marzo de 2023.

CARACAS.– El chavismo limpió justo a tiempo las telarañas del que fue su himno favorito en otros tiempos, “Chávez corazón del pueblo”, para acompañar la conmemoración de los 10 años de la “siembra del gigante”. Seguidores y amigos se acercaron durante todo el día hasta el Cuartel de la Montaña, su mausoleo en el bastión revolucionario, para recordar a Hugo Chávez, al que tanto deben la mayoría de los aliados que se han acercado a Caracas en estos días.

A la cabeza, el cubano Raúl Castro, de 91 años, a quien no le gusta viajar al exterior por casi ningún motivo, y Daniel Ortega, de 77 años, quien volvió a exhibir sus achaques físicos antes de asegurar que “la espada de Simón Bolívar está en manos del pueblo frente a las arremetidas del imperio”. El caudillo sandinista recibió un baño de cariño solidario y político en medio de las críticas internacionales tras el destierro y despojo de nacionalidad contra los 300 líderes, dirigentes y luchadores de la Nicaragua democrática.

La triple alianza de las dictaduras de América Latina reunida de nuevo en torno a la figura del llamado “mesías de los pobres”, que gracias a sus sueños bolivarianos y a los miles de millones del petróleo han robustecido y entrelazado sus raíces en tierras americanas. De ahí, la extensa comitiva castrista, que también contó con el primer ministro, Manuel Marrero; el canciller Bruno Rodríguez, y el comandante Ramiro Valdés.

“El comandante Hugo Chávez sigue siendo un lucero encendido en el corazón de la patria venezolana”, subrayó el anfitrión, Nicolás Maduro, quien evoca siempre que hace falta a su padrino político, pese a que hace años inició un desmarque en sus políticas económicas y propagandísticas: del culto semirreligioso a Chávez al culto personal de su sucesor.

El ícono de Chávez se ha desdibujado en Venezuela con el paso del tiempo hasta convertirse en un recuerdo grato para la mitad del país, que se niega a asociarlo con la catástrofe actual pese a las múltiples evidencias. La otra mitad lo detesta. Solo los más nostálgicos se sumaron hoy, en un domingo radiante, a los actos organizados por la revolución, que desempolvaron eslóganes que parecen de otro siglo, como “amor con amor se paga” o “Chávez vive, la patria sigue”.

“Chávez sudó y luchó para construir la Patria Grande”, recordó el expresidente ecuatoriano Rafael Correa a pocos metros del féretro de su amigo. “Fidel y Chávez rompieron el miedo de hablar contra el imperio y el capitalismo. Ahora el imperio está derrotado, ¡cuántos presidentes socialistas tenemos! Han sido derrotados por los pueblos de América Latina”, recitó otro exmandatario, el boliviano Evo Morales, quien compartió en la capital venezolana con su sucesor, el presidente Luis Arce, pese al duro enfrentamiento político que mantienen sus dos bandos en el seno del Movimiento Al Socialismo (MAS). Tanto Fidel como Chávez fueron fundamentales para el primer triunfo electoral del sindicalista cocalero, en 2005.

Desde Honduras también llegó Mel Zelaya, el marido de la presidenta Xiomara Castro, verdadero hombre fuerte del gobierno. Chávez lo acogió tras el golpe de Estado de 2009, e incluso le otorgó un cargo público en PetroCaribe mientras apoyaba la conformación de su partido.

Los diálogos con el imperio son una sentencia de muerte”, recitó Ortega entre las risotadas de Maduro. Por la delegación argentina hicieron acto de presencia Atilio Borón, miembro de la Red de Intelectuales que apoya las revoluciones, y la dirigente comunista Ivana Brighenti, así como el embajador Oscar Laborde, quien anunció la entrega a Maduro de un cuadro con Chávez y Néstor Kirchner como protagonistas.

Ya en el Teatro Teresa Carreño, y escoltado por sus invitados principales, Maduro repitió una de sus estrategias más clásicas: evocar a su predecesor para exigir unidad en torno de él y a su candidatura de 2024. “Unir todo lo que pueda ser unido por la construcción de la patria ante las fuerzas disolventes que pretenden desdibujar el camino victorioso de la revolución”, arengó el “hijo de Chávez” en clara alusión al Partido Comunista de Venezuela (PCV), que ha acentuado sus críticas contra el gobierno por su política “neoliberal”.

En definitiva, el homenaje a Chávez acabó por convertirse en una gran eucaristía revolucionaria oficiada por y para Maduro, el heredero legítimo de quien comenzó a “recuperar” la “patria grande”. “¡Que viva Chávez y que viva Maduro!”, como gritaron siempre que pudieron los cantantes que animaban el último homenaje.

“El régimen actual elevó a los altares políticos a Chávez y con eso apuntaló el poder de Maduro, pero tardó en desembarazarse de su larga sombra, postergando medidas económicas urgentes y la renovación de su equipo de gobierno. Un laberinto de compromisos y traiciones por el que ha avanzado Maduro a punta de tanteos, negociación, fuerza y golpes de mano, teniendo siempre como meta su consolidación como el único heredero de Chávez, candidato eterno de la revolución y un presidente con un genio y figura distinto a su predecesor”, concluye para LA NACION el sociólogo Gianni Finco.

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