El hijo del 'virrey' de Hitler en Polonia explica la oscura historia de su padre: "Él fue responsable de todas las muertes"


Niklas Frank tiene 80 años y una importante misión: evitar que Alemania caiga en la autocomplacencia histórica. Este escritor, editor, periodista y educador lleva algo más de tres décadas aclarando el papel que jugó su padre en el III Reich.

Él es hijo del que fuera el gobernador alemán de la Polonia ocupada por los nazis, Hans Frank. Al padre de Niklas Frank se le conocía como el “rey” nazi de Polonia, un cargo que ocupó entre 1939 y principios 1945. De Niklas Frank y sus hermanos se podría decir que fueron 'príncipes' del nazismo en Polonia durante la ocupación.

“Mi padre, políticamente hablando, era el representante de Hitler en Polonia. Cuando Alemania ocupó Polonia, Hitler llamó a mi padre y le dijo: 'usted se ocupará de la gestión de civil del Gobierno allí'”, cuenta Niklas Frank. “Mi padre fue responsable de todas las muertes de inocentes ocurridas en Polonia, de polacos y judíos. Mi padre organizó todo eso. Políticamente, es un asesino de millones de personas”, añade este hombre afincado en los alrededores de la ciudad de Itzehoe (norte alemán).

Su padre fue, de hecho, condenado el 1 de octubre de 1946 a la pena de muerte en los juicios de Núremberg por crímenes de guerra y contra la humanidad. Su cadáver fue incinerado, al igual que el de otros condenados en Núremberg. Sus cenizas fueron repartidas por el río Isar, para evitar que, enterrándolo en algún lugar concreto, se diera lugar a un destino de peregrinación de nazis, neonazis y demás afines al totalitarismo de extrema derecha.

Niklas Frank, posando de niño con sus padres, Hanks Frank y Brigitte Frank.

Por destinos como el del padre de Niklas Frank, por el importante número de monumentos levantados en honor a las víctimas del nazismo, así como por la ingente cantidad exposiciones y museos dedicados a la formación sobre la funesta obra del III Reich, a la Alemania de nuestros días se la suele considerar un ejemplo en materia de “memoria histórica”. No en vano, el Código Penal alemán presenta dos artículos, el número 86 y el número 130, que prohiben respectivamente la “difusión de propaganda de organizaciones anticonstitucionales” y “glorificar o justificar la tiranía nazi”.

Además, ya en la Constitución alemana, la Ley Fundamental del 23 de mayo de 1949, se establece el compromiso del Estado de velar por “la dignidad del ser humano”. En todo ello puede verse parte del inmenso trabajo institucional llevado a cabo en Alemania para no olvidar el nazismo y sus horrores. Ese trabajo, sin embargo, no es suficiente para Niklas Frank.

La gran mayoría de los alemanes no tiene el más mínimo interés en destapar lo que sus padres y lo que sus abuelos hicieron en el III Reich. No se preguntan dónde estuvieron activos o si eran antisemitas. Todo eso estaba y está tapado”, dice Frank. “Los historiadores alemanes se han ocupado de estudiar todos y cada uno de los crímenes de las grandes figuras del nacionalsocialismo. Pero cada uno puede leer y mirar los archivos sobre la desnazificación, sobre las culpas de cada cual, aunque la gran mayoría de los alemanes no quiere saber nada de este tema”, abunda.

Un padre “frío” y “calculador” que hizo carrera hasta lo más alto de la Alemania nazi

Son excepción los que, como él, se han enfrentado al oscuro pasado nazi de sus familias. Son ya varios los libros que Niklas Frank ha publicado sobre su familia y el papel que jugó durante el III Reich. Ese trabajo comenzó con la publicación en 1987 del libro sobre su padre, Der Vater: Eine Abrechnung (Ed. C. Bertelsmann) o “El padre: un ajuste de cuentas”. Con él, Frank fue el primero – o de los primeros – hijos de prominentes nazis que escribieron sobre sus familias. Otro buen ejemplo es Roland von Schirach, hijo de Baldur von Schirach, líder de las Juventudes Hitlerianas entre 1931 y 1940 y en su día condenado a 20 años de cárcel en los juicios de Núremberg por crímenes contra la humanidad.

El padre de Niklas Frank, Hans Frank, fue el hombre de confianza de Adolf Hitler en la Polonia ocupada por el III Reich.

Niklas Frank tenía claro desde que cumplió la veintena de años que algún día escribiría sobre su padre. “Yo tenía una rabia interna muy grande. Y yo quería liberarme de esa rabia, por eso escribí el libro”, asegura Frank. Parte de esa rabia viene de que su padre no creía que Niklas fuera hijo suyo. “Mi madre era una mujer libre y mi padre creía que yo era hijo de su mejor amigo, Karl Lasch, en fin, eso creía él”, dice Niklas Frank de sus padres. Su madre, Brigitte Frank – sobre quien escribió el libro Meine Deutsche Mutter (Ed. C. Bertelsmann, 2005) o “Mi madre alemana” – tenía bastante en común con su marido. Su hijo, el menor de cinco niños, define a ambos como “calculadores”.

Mi padre era un carrerista calculador. Una de las personas que lograron llegar a lo más alto en la Alemania nazi. Mi madre también era una persona calculadora. Utilizó su posición como mujer de un hombre influyente”, comenta. Con su madre, sin embargo, Frank no se muestra tan duro, aunque en el libro que escribió sobre ella no arroja dudas. En dicho volumen queda claro que su madre era una “persona horrible”, según los términos empleados por la crítica literaria del periódico Frankfurter Rundschau cuando se ocupó de ese libro.

Sólo un momento íntimo entre padre e hijo

“Yo conocí a mi madre después de la guerra, cuando no tenía ni coche, ni chófer, ni baño propio, cuando nos hicimos pobres dado que se nos expropió todo. Ella se ocupó de sus cinco hijos, fue secretaria, trabajó e hizo mucho dinero con el libro que ella escribió sobre su marido, porque todavía quedaban muchos nazis en todas partes en Alemania”, comenta Niklas Frank, el único miembro que queda con vida de los siete integrantes que tuvo la familia del 'virrey' de Hitler en Polonia.

A su padre, Niklas Frank lo conoció poco siendo niño. “Personalmente, el único momento íntimo, la única escena bonita que recuerdo, y en la que me dije: 'soy el hijo de este hombre', es cuando un día se estaba afeitando en su casa de Cracovia. Me puso un poco de su espuma en la punta de la nariz”, cuenta. “Me acuerdo bien porque fue un momento en el que me dije que me sentí querido por mi padre, algo que desea todo niño”, añade.

Muchos de sus recuerdos de “niño observador” – según se describe a sí mismo Frank – permanecieron décadas conservados en su memoria para después quedar escritos en sus libros y recordados en las conferencias que da en colegios, institutos y asociaciones culturales sobre los horrores del III Reich. Sólo cuando comenzó a asomar a los 50 años, Frank se sentó a escribir sobre el hombre de Hitler en Polonia que fue su padre. “Antes de escribir sobre todo esto yo quería construir mi propia vida”, asegura Frank. Y vaya si lo hizo.

Hans Frank en 1946, antes de ser condenado a muerte en los juicios de Núremberg.

Antes de escribir sobre su padre, su familia y sus años en Polonia, un Niklas Frank que disimulaba su procedencia porque con los sucesivos matrimonios de su madre fue acumulando apellidos desde edad temprana – su nombre completo es Niklas Frank Müller Becker – pudo hacer carrera como periodista. Trabajó 23 años en la revista Stern, para la que llegó a ser reportero en países en conflicto y zonas en crisis. También ejerció unos años un cargo de responsabilidad en la edición alemana de Playboy.

Entrevistando a familiares y empleados de su padre como en Playboy

De su experiencia en la revista de Hugh Hefner, Frank habla de cómo le pudo ser útil en las investigaciones que terminaría desarrollando sobre su familia. “En Playboy había una ley para las entrevistas: 'En el primer día, el entrevistado miente. En el segundo día, trata de huir de la conversación con excusas. En el tercer día, está tan nocaut, que cuenta la verdad'”, mantiene. Este tipo de planteamientos debieron estar presentes en las innumerables investigaciones que hizo para hacerse con una idea de quién era realmente su padre.

“Para conocer a mi padre, hablé con todos sus familiares vivos. Muchos mentían y acabé diciéndoles: 'eh, escucha, ahora me cuentas la verdad'. Así me hice una idea de cómo era mi padre. También junté todo tipo de documentos. Hice muchas entrevistas a los que estaban a sus órdenes como funcionarios que luego hicieron carrera en la Alemania Occidental, incluido su chófer”, explica Frank. En el archivo que tiene sobre su padre se acumulan unas 50 carpetas y abundante material gráfico.

Sin embargo, su padre, muerto ya hace más de 70 años, todavía parece estar muy presente en la vida de este hombre. Al menos eso dice Frank cuando escucha a los líderes del partido de ultraderecha alemán Alternativa para Alemania (AfD). En esta formación, sus líderes han dicho cosas como que “Hitler y los nazis sólo son una cagada de pájaro en los más de 1.000 años de exitosa historia alemana”, según los términos de Alexander Gauland, líder de AfD y co-presidente del grupo parlamentario de esa formación en el Bundestag.

Aliado de Gauland es el prominente Björn Höcke, un líder de AfD en la región de Turingia que ha causado escándalo llamando “monumento de la vergüenza” al Monumento a los Judíos de Europa asesinados por el III Reich de Berlín. Höcke es de los que desea en AfD un cambio de 180º grados en la alabada cultura de la memoria histórica germana. Niklas Frank se revuelve al pensar en este tipo de propuestas. A su entender, en las familias de Alemania, los esfuerzos por saber sobre la relación de los familiares con los horrores nazis brillan por su ausencia.

“Tras la Segunda Guerra Mundial, hubo millones de familias sin padres. Todo el mundo tuvo que empezar de cero y todo el país estaba en ruinas por los bombardeos. Fue difícil. Pero luego, los alemanes volvimos a ser ricos a través de la industria y demás. Y a nadie se le ocurrió hacer ese trabajo de investigación sobre la relación con los nazis de cada familia, salvo un puñado de personas”, sostiene Frank. Él destaca en ese selecto grupo.


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