Hacer al "Río Grande grande otra vez", una alternativa ecológica al muro de Trump

El presidente estadounidense Donald Trump continúa con su plan de construir un gran muro en la frontera con México y hacerlo pagar a ese país, pese a que su obstinación ha impuesto severa tensión en la negociación del presupuesto, al grado de hacer aparecer el espectro del cierre del gobierno federal en caso de no lograr un acuerdo. y ha ofendido a México y ahondado sus desencuentros con gran parte de la sociedad y las fuerzas políticas estadounidenses.

Pero habría otros caminos para la frontera entre Estados Unidos y México. Una de ellas fue planteada en The Conversation por Gabriel Díaz Montemayor, profesor de la Universidad de Texas en Austin: la revitalización de la enorme cuenca del Río Grande (Río Bravo en México) y convertir a ese río, que separa a ambos países en gran parte de su frontera común, en un vasto parque natural binacional.

Del lado mexicano del Río Grande, Bravo en México, manifestantes rechazan el plan de Donald Trump de alzar un gran muro fronterizo entre Estados Unidos y México. (AP)

Díaz Montemayor propone “hacer el Río Grande grande otra vez”, en un eco amable del lema de campaña de Trump. Una alternativa auspiciosa de regeneración del medio ambiente que contrasta con la noción de la frontera y el río mismo como un área de tensión y conflicto, sobre todo la más exacerbada que ha agitado el primero candidato presidencial y luego el presidente Trump.

Ciertamente, la enorme región del Río Grande enfrenta enormes retos y problemas: desde los ecológicos vinculados a la pérdida de caudal, erosión de las áreas de su cuenca y deterioro del medioambiente hasta los de inmigración y criminalidad, por los cruces de indocumentados y la operación de grupos criminales de tráfico de personas, drogas y armas. A ambos lados de ese río, además, se dan intensos intercambios económicos y las comunidades que viven tanto en Estados Unidos como en México se encuentran hondamente unidas por nexos sociales, culturales y familiares.

Por ello, sin soslayar sus importantes problemas, colocar la frontera solo como un área de tensión que debe ser amurallada es una aproximación que, además de ofensiva, resulta incompleta, equívoca, costosa y potencialmente inútil.

Así, Díaz Montemayor propone que en lugar de que se dediquen miles de millones de dólares a construir un muro fronterizo (el Río Grande ocupa más de la mitad de todo el límite entre México y Estados Unidos) se inviertan recursos para crear en su cuenca un gran parque nacional que permita ayudar a “mitigar la contaminación del aire y el agua, restaurar sus suelos y hábitats y regenerar sus plantas, animales y comunidades humanas”.

Un hombre pesca en la orilla mexicana del Río Grande (Bravo en México) junto a una cruz colocada en memoria de un migrante que murió cuando intentaba cruzar hacia Estados Unidos. (AP)

El Río Grande o Bravo, que nace en el sur de Colorado y fluye por poco más de 3.000 kilómetros hasta el Golfo de México, ha sido afectado por décadas por el uso intensivo de sus aguas en la agricultura y las ciudades, por la contaminación de su caudal y por numerosos otros problemas ambientales, sociales y económicos.

Pero también han existido esfuerzos para preservarlo y se han creado mecanismos de cooperación para impulsarlos a ambos lados de la frontera. El propio Díaz Montemayor ha formulado, desde la Universidad de Texas en Austin, planes para crear corredores verdes en varias ciudades fronterizas, entre ellos un caso de estudio que propone, en las localidades hermanas de Ciudad Miguel Alemán, en Tamaulipas, y Roma, Texas,que en paralelo al desarrollo de infraestructura de producción de hidrocarburos se incluyan sistemas de recuperación ecológica que además de restaurar el ecosistema prevengan inundaciones y ofrezcan espacios públicos de calidad para las comunidades a ambos lados del río.

Llevado a una escala mayor, Díaz Montemayor propone llevar esa iniciativa a toda la cuenca del río en la frontera, desde El Paso/Ciudad Juárez hasta Brownsville/Matamoros para formar un “parque natural binacional que podría ser administrado cooperativamente” por México y Estados Unidos, como ya sucede con el Waterton Glacier International Peace Park, en la frontera entre Canadá y Estados Unidos.

En la cáustica retórica de Trump, la frontera es un foco de crimen al que hay que cerrar con un muro, lo que en la práctica parece un enfoque poco efectivo, costoso y divisivo, aunque útil para apalancar ideológicamente a ciertos grupos estadounidenses de los que Trump obtiene su mayor apoyo. Pero, en realidad, para mitigar las lacras que existen en la frontera y potenciar sus virtudes habría otras vías. Una de ellas, parcial pero un paso auspicioso, sería la regeneración ecológica de la región del Río Grande y la creación del enorme parque natural que plantea Díaz Montemayor.

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