Otra cara fea de la guerra de la que casi no se habla: los niños rusohablantes que sufren acoso escolar en Europa

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Alex Ebert toma el transporte público para ir a la escuela el 2 de mayo de 2022 en un suburbio de Aquisgrán, al oeste de Alemania. (Lena Mucha/The New York Times)
Alex Ebert toma el transporte público para ir a la escuela el 2 de mayo de 2022 en un suburbio de Aquisgrán, al oeste de Alemania. (Lena Mucha/The New York Times)

Alex Ebert, de 11 años, iba en el autobús de regreso a su casa, en un suburbio de Aquisgrán, al oeste de Alemania, cuando cuatro chicos le dijeron que él estaba matando a niños ucranianos, según afirmó su madre.

Uno de ellos, que lo había empujado la semana previa, de acuerdo a lo que Alex le contó a su mamá, y se había referido a él con una palabra despectiva para los rusos, le azotó la cabeza contra una ventana y lo pateó en el estómago y en la espalda. Alex, que habla ruso porque sus padres son originarios de Kazajistán, se bajó en una parada y se sentó en el piso hasta que unos desconocidos en un auto se detuvieron y lo llevaron a casa.

“Estaba llorando y adolorido”, comentó su madre, Svetlana Ebert. “No entiende qué tiene que ver él con todo esto”.

La invasión del presidente ruso, Vladimir Putin, ha matado a cientos de niños ucranianos, ha dejado huérfanos a muchos más y ha desplazado a millones, además de destruir viviendas y escuelas. Sin embargo, también ha permeado en la vida de niños rusohablantes en toda Europa, quienes han tenido que pagar por la agresión de Putin mediante la humillación, el hostigamiento y el acoso escolar (otro efecto perverso de una guerra que está afectando de manera abrumadora a los inocentes).

“Este problema crece cada día más”, opinó Carsten Stahl, el activista antiacoso más prominente de Alemania, quien señaló que había recibido una gran cantidad de reportes de acoso escolar de estudiantes rusohablantes. “Estoy furioso y muy avergonzado”.

En los salones de clase de Europa, niños desconcertados por la guerra han hecho preguntas y recibido respuestas. Sin embargo, como sus gobiernos han buscado aislar a Rusia a nivel tanto cultural como político, también han desahogado sus temores y en ocasiones han buscado culpables o imitado la hostilidad de los adultos, con el riesgo de crear nuevos campos de cultivo para la violencia y la intimidación en un continente que una vez más sufre por una guerra.

“Si sembramos la idea en su mente de que está bien odiar y acosar, esta permanece ahí durante mucho tiempo”, expresó Stahl. “Los niños son el espejo de nuestra sociedad”.

Alumnos ven una película sobre el presidente ruso, Vladimir Putin, en una escuela primaria en Horsham, Inglaterra, el 21 de marzo de 2022. (Andrew Testa/The New York Times)
Alumnos ven una película sobre el presidente ruso, Vladimir Putin, en una escuela primaria en Horsham, Inglaterra, el 21 de marzo de 2022. (Andrew Testa/The New York Times)

No es la primera vez

Con frecuencia, los acontecimientos mundiales han brindado excusas para el acoso. La pandemia de la COVID-19 trajo consigo una ola de acoso contra niños asiáticos y, en 2016, tras una serie de ataques terroristas del Estado Islámico, los niños musulmanes reportaron un incremento en el acoso escolar. Ahora, relató Stahl, la preocupación por la guerra en Ucrania ha agregado nuevos objetivos al tipo de comportamiento vengativo que puede llevar a los niños a evitar ir a la escuela y, en algunos casos, derivar en depresión y pensamientos suicidas.

En Harsefeld, una población a las afueras de Hamburgo, Anastasia Makisson, de 13 años, quien es rusoalemana, recibió varias notas anónimas en la escuela en las que la llamaban nazi y la exhortaban a regresarse a Rusia para “beber vodka con Putin”.

Makisson también comentó que algunos estudiantes se le acercaron para gritarle: “¡Putin!”. A Anastasia le gustaba la escuela, pero, desde que le llegaron las últimas notas en abril, no ha regresado debido al temor que siente. “Tengo miedo de que alguien me pegue. Todos se me quedan viendo. Es como si pensaran: ‘Qué asco, es rusa’”.

Su padre, Ilya Makisson, mencionó que la escuela prometió investigar el asunto, pero que todavía no había hecho nada al respecto. La escuela no respondió a una solicitud para ofrecer comentarios.

Alrededor de una semana después de que Rusia invadió a Ucrania, Elisa Spadoni, de 13 años, que es italorrusa, terminó su tarea en su casa en el centro de Italia y revisó el grupo de WhatsApp de su clase. En el chat, un compañero de clase la llamó “hija de Putin”. En otro mensaje, se leía: “Por mí, es mejor que te mueras”.

Cuando Elisa les pidió a sus compañeros que dejaran de enviarle esos mensajes, un chico respondió: “Nos detendremos cuando ustedes dejen de lanzar misiles a Ucrania”. También escribió: “Mañana, la golpearé”.

Elisa, que antes era una estudiante dedicada y entusiasta, le dijo a su madre que ya no quería ir a la escuela.

“Me sentía avergonzada. Desearía no tener orígenes mitad rusos”, dijo Elisa.

Cuando su padre reportó el acoso a su maestra, la educadora comentó el asunto en clase, narró Elisa. Sin embargo, su madre aseguró que Elisa esperó varios días antes de abrirse y hablarles sobre los mensajes; su madre se enteró a través de sus compañeros de clase de que había estado llorando en la escuela.

Como Elisa, muchos de los niños rusohablantes que han sido molestados han intentado quedarse callados; en algunos casos, por vergüenza, como ocurre a menudo con el acoso escolar. Entre aquellos que alzaron la voz, algunos padres de familia temen que hablar sobre los incidentes pueda acarrear más problemas para sus hijos o dar la impresión de que apoyan la guerra.

El caso de Alex, el niño de Aquisgrán, sirve como muestra de que el acoso escolar y el hostigamiento afectan no solo a los niños rusos, ya que muchas personas hablan ruso en antiguas repúblicas soviéticas tales como Estonia, Kazajistán y la propia Ucrania. El ruso es el quinto idioma extranjero más hablado en Europa, según un informe de la Comisión Europea.

En Londres, Yaroslav Fedorov, de 11 años, quien es ruso, contó a través de una llamada telefónica, que él y un amigo ucraniano salían de la escuela cuando tres chicos de mayor edad los detuvieron. “Nos dijeron: ‘¿Por qué están hablando ruso? Los golpearemos’”. El director habló con los muchachos más grandes después de su queja, dijo Yaroslav. Los representantes del plantel se negaron a comentar.

En Aquisgrán, Svetlana, la madre de Alex, aseveró que, después de ejercer una presión considerable, la escuela programó una reunión con el chico que pateó y azotó a Alex, así como con los padres del muchacho. En el encuentro, el joven se disculpó. Los otros menores que gritaron frases ofensivas, así como sus padres, fueron llamados a reuniones similares. La escuela no respondió a solicitudes para realizar declaraciones.

En el hospital, tras el ataque en el autobús escolar, un médico le diagnosticó a Alex síncope (o desmayo), dolor de cabeza, dolores estomacales muy intensos y náuseas, según un documento médico compartido con The New York Times.

“Al principio, sentí odio contra este chico que lo golpeó. Pero una semana después entendí que también es un niño. No es culpable”, concluyó la madre de Alex.

© 2022 The New York Times Company

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