La guerra puede parecer lejana en Moscú, pero en una ciudad fronteriza rusa es real

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Una vía central en Bélgorod presenta una gran Z, una señal de apoyo al Ejército ruso. (Valerie Hopkins/The New York Times)
Una vía central en Bélgorod presenta una gran Z, una señal de apoyo al Ejército ruso. (Valerie Hopkins/The New York Times)

BÉLGOROD, Rusia — Ruidosos camiones militares y vehículos blindados de transporte de personal con la letra “Z” pintada con aerosol recorren las intersecciones, además grupos de hombres vestidos de camuflaje caminan por las calles y compran ropa interior térmica, entre otros artículos militares. Refugiados de territorios en Ucrania que recientemente se perdieron ante el enemigo llegan a este lugar.

Los sonidos de las explosiones cercanas se han vuelto frecuentes en Bélgorod, a 40 kilómetros de la frontera con Ucrania, y los dueños de las tiendas ansiosos llaman a la policía para informar sobre amenazas de bomba imaginarias, una señal de la paranoia que comienza a propagarse. Los residentes expresan temor por lo que vendrá después y algunos incluso especulan que las tropas ucranianas podrían dar un paso que han evitado durante casi siete meses: ingresar a territorio ruso.

“Es como si ya estuvieran aquí”, le dijo una mujer de rostro envejecido a un comerciante en el mercado central de la ciudad, tras el estruendo de una explosión.

El presidente Vladimir Putin ha tratado de mantener la vida lo más normal posible para la mayoría de los rusos mientras conduce su guerra en Ucrania y de hacer de las hostilidades un concepto lejano. Pero ahora que las fuerzas ucranianas están a la ofensiva, los residentes de Bélgorod sienten que la guerra ha llegado a sus puertas.

“Hay tantos rumores; la gente tiene miedo”, dijo Maksim, de 21 años, un comerciante en el mercado.

Maksim antes vendía ropa interior térmica, chaquetas de camuflaje y otros artículos deportivos a cazadores y pescadores, pero ahora los soldados y sus familiares compran esta mercancía. Como la mayoría de los otros residentes entrevistados para este artículo, se negó a proporcionar su nombre completo por temor a represalias.

El ambiente en el mercado, un laberinto de puestos que venden ropa, artículos para el hogar y equipo militar, era tenso. Aunque no están atacando directamente la ciudad de Bélgorod, la defensa aérea militar de Rusia está interceptando misiles a la distancia. Los sonidos de las explosiones resuenan y, en el vecindario de Komsomolsky, los escombros golpean casas y propiedades.

Una calle peatonal en el centro de Bélgorod, cerca del mercado. (Valerie Hopkins/The New York Times)
Una calle peatonal en el centro de Bélgorod, cerca del mercado. (Valerie Hopkins/The New York Times)

El lunes, una escuela de maestros, un centro comercial y una estación de autobuses estaban realizando simulacros de evacuación mientras los funcionarios aseguraban a los preocupados civiles locales que los simulacros estaban planeados con anticipación. La administración regional está desalojando pueblos y aldeas a lo largo de la frontera a medida que son afectadas por el bombardeo ucraniano. Denis, un empresario local, pagó hace poco a alguien para que cavara en su jardín un refugio antibombas de 3 metros.

Muchos residentes de la ciudad temen que cada vez más su seguridad se encuentre en peligro.

“Tenemos miedo y es particularmente difícil cuando trabajas con niños”, dijo Ekaterina, de 21 años, maestra de una guardería infantil, quien dijo que un fragmento de proyectil cayó sobre la escuela a principios de esta semana. “Los niños comienzan a correr y gritan: ‘Misiles’, pero les decimos que solo son truenos”.

Si bien la mayoría de los residentes de Bélgorod apoyan el gobierno de Moscú y la labor de guerra, algunos expresan su frustración porque el resto de Rusia todavía vive como si no estuviera librando una guerra a gran escala.

“¿Cómo no les da vergüenza?”, gritó una mujer de mediana edad llamada Lyudmila, del barrio Komsomolsky.

“En Moscú, están celebrando el Día de la Ciudad, mientras que aquí se derrama sangre”, dijo, al referirse a una celebración en toda la ciudad ocurrida la semana pasada en honor a la fundación de la capital rusa, que contó con fuegos artificiales y la fastuosa inauguración de una gran rueda de la fortuna por parte de Putin. “¡Aquí todos están preocupados por nuestros soldados, mientras que allá todos están de fiesta y bebiendo!”.

Incluso aquellos que apoyan la labor de guerra expresaron en privado su frustración porque el Kremlin insiste en llamarla una “operación militar especial”, cuando pueden ver que es una guerra en toda regla. Muchos se preguntan si habrá un reclutamiento y, de ser así, cuándo.

Los refugiados que llegan de Ucrania también están dejando muy clara la realidad de la guerra.

Miles de personas del este de Ucrania han llegado en los últimos meses, especialmente la semana pasada cuando las tropas ucranianas recuperaron el territorio en el noreste que había estado en manos de los soldados rusos. Algunas de estas personas estaban preocupadas por vivir bajo el control del gobierno ucraniano en Kiev, mientras que otras, especialmente aquellas que habían adquirido pasaportes rusos o habían aceptado trabajos en la administración de ocupación, temían ser tratadas como colaboradores, según activistas que los están ayudando a salir.

“Estaban tratando de vivir su vida, trabajando en hospitales, escuelas, tiendas, pero ese lado entiende esto como una colaboración con los invasores”, dijo Yulia Nemchinova, quien ha estado ayudando a los refugiados en Bélgorod. Nemchinova, que está a favor de Rusia, dejó su Járkov natal, Ucrania, al otro lado de la frontera, en 2014 después de que su esposo tuviera problemas legales con las autoridades ucranianas.

Pero Nemchinova también dijo que muchas personas se sintieron conmocionadas y efectivamente traicionadas por un Ejército ruso que vieron como libertador, pero que ahora huía frente a una ofensiva ucraniana de gran alcance.

“Se les prometió: Rusia estará aquí para siempre”, dijo Nemchinova.

Mientras los periodistas e investigadores revelan pruebas de atrocidades y abusos de los derechos humanos cometidos por los rusos durante la ocupación, las personas que huyeron en los últimos días a Bélgorod dicen que el Ejército ruso en retirada les dijo que se marcharan o enfrentarían posibles represalias.

En entrevistas en Bélgorod, las personas que huyeron del territorio que hace poco recuperó Ucrania dijeron que temían que cuando el Ejército ucraniano entrara en el edificio de la administración local, los soldados encontrarían las listas de personas que habían aceptado trabajos o asistencia humanitaria de la administración interina rusa y ordenarían castigos por colaborar. La gente también estaba asustada porque Ucrania aprobó una ley que castiga la colaboración con las autoridades de ocupación con 10 a 15 años de prisión.

Una mujer llamada Irina dijo que su novio, un exguardia fronterizo ucraniano, publicó su información personal en un grupo de Telegram que pretendía nombrar a los colaboradores.

“No hay vuelta atrás”, dijo Irina, de 18 años, en una entrevista en un banco de ropa donde los refugiados recién llegados recolectaban ropa y comida. Su madre y su hermana permanecieron en su aldea y dijo que esperaba que los rusos la volvieran a ocupar pronto.

En Bélgorod, una ciudad de 400.000 habitantes, los temores sobre los ucranianos del otro lado de la frontera habrían sido inauditos hace una década. Durante años, los rusos en Bélgorod recorrían con regularidad los 80 kilómetros hasta Járkov, la segunda ciudad más grande de Ucrania, con una población de 2 millones antes de la guerra, para divertirse, cenar y comprar. Muchas familias están divididas a lo largo de la frontera.

“Bélgorod estaba en estado de conmoción total”, dijo Oleg Ksenov, de 41 años, dueño de un restaurante que ha pasado los últimos meses evacuando personas de los campos de batalla en Ucrania y llevándolas a Rusia. “Simplemente amamos Járkov”.

Ksenov, quien nació en Járkov, pero hizo de Bélgorod su hogar hace más de una década, ha dedicado su tiempo a ayudar a los civiles a huir de Ucrania a Rusia. Le preocupa lo que sucederá a largo plazo con las personas de las regiones fronterizas de ambos países.

“Esta masacre terminará en algún momento”, dijo sobre la guerra, en una entrevista en su restaurante, que tiene madera contrachapada que cubre las ventanas en caso de un bombardeo.

“¿Pero quiénes seremos? ¿Cómo nos miraremos a los ojos?”.

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