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Con golpes en seco, sobrenombres y cierto encono, Enrique muestra cuánto reprueba la cultura del palacio

Copias de "En la sombra", la nueva autobiografía del príncipe Enrique, en una librería Waterstones en Londres la mañana del martes 10 de enero de 2023. (Andrew Testa/The New York Times)
Copias de "En la sombra", la nueva autobiografía del príncipe Enrique, en una librería Waterstones en Londres la mañana del martes 10 de enero de 2023. (Andrew Testa/The New York Times)

LONDRES — La autobiografía recién publicada del príncipe Enrique cuenta con un reparto estelar de personajes, desde “abuelita” (la reina Isabel II) hasta “Pa” (el rey Carlos III) y Willy (el príncipe Guillermo). No solo eso… también está el misterioso trío de la Abeja, la Avispa y la Mosca.

Son los sobrenombres que Enrique les da a tres cortesanos principales de la casa real británica que, según su relato, manejaron las negociaciones más tensas entre él; su esposa, Meghan, y la familia real, incluido el acuerdo relativo a su retirada de cualquier tipo de responsabilidad pública y su mudanza al sur de California en 2020.

Enrique nunca da los nombres de los tres oficiales, pero deja claro que los considera culpables, casi tanto como a su padre y a su hermano, de no haberlos protegido a él y a Meghan de una ponzoñosa serie de historias negativas en los tabloides de Londres que, según cuenta Enrique, atormentaron a la pareja y precipitaron su decisión de romper lazos con la familia.

Más allá de los jugosos detalles sobre algunas aventuras sexuales reales, peleas a empujones y uso de drogas que contiene el libro, titulado “Spare” (“En la sombra”) y lanzado el martes después de varios días de agitada promoción, el aspecto más intrigante quizá sea que ofrece una reveladora mirada, en ocasiones velada, al interior de la institución de la monarquía y sus operaciones a puertas cerradas. En las experiencias que relata, Enrique no usa sobrenombres ni el nombre de muchas de las personas a las que critica.

La Abeja, la Avispa y la Mosca, según Enrique, desempeñan un papel central en las operaciones (y en su amarga experiencia de la cultura del palacio). Se encuentran en la cima de una extensa jerarquía que, según él, causó que tanto él como su esposa se desestabilizaran. Este aparato incluye secretarios de comunicaciones, damas de compañía y un cúmulo de asistentes de menor antigüedad que actúan en representación de sus jefes reales, en ocasiones en perjuicio de otros miembros de la familia.

“Toda la vida había lidiado con cortesanos… montones de cortesanos”, escribió Enrique. “Pero en esta ocasión tuve trato en especial con tres de ellos, todos hombres blancos de edad media que habían logrado consolidar su poder gracias a una serie de audaces maniobras maquiavélicas”.

Dos personas con contactos en el palacio de Buckingham identificaron a esos cortesanos como Edward Young, antiguo secretario privado de la reina; Clive Alderton, secretario privado de Carlos, y Simon Case, quien era secretario privado de Guillermo y ahora es secretario de Gabinete del gobierno, la posición más alta en la burocracia británica. Ambas personas insistieron en permanecer en el anonimato porque no tenían autorización para hablar en público sobre el asunto.

Cuando le preguntamos al palacio sobre el papel de estos tres cortesanos, la respuesta fue que no hacían comentarios sobre los empleados, como tampoco han respondido al contenido del libro. La oficina del Gabinete también se negó a hacer comentarios en respuesta a nuestras preguntas sobre Case.

En la semana transcurrida desde que comenzaron a filtrarse extractos del libro, Enrique ha sido objeto de críticas en algunos círculos por la letanía de quejas que recita y por violar la privacidad de su familia, que es justo la misma práctica que ha condenado desde hace tiempo con respecto a los tabloides.

Esa fue la impresión de algunos clientes que externaron su opinión el martes por la mañana en una librería Waterstones en Piccadilly Circus cuando el libro salió a la venta. “Parece que fueron por el aspecto de los tabloides de dedicarse al cotilleo”, opinó un cliente, James Broadley. Añadió que le quedaban claras las motivaciones financieras para hacerlo y de cualquier manera estaba considerando comprar el libro.

Aunque Enrique se ha referido por nombre y sin ningún reparo a miembros cercanos de su familia, evitó hacerlo en el caso de algunos antagonistas externos. Por ejemplo, a Rebekah Brooks, antigua editora de un tabloide que ahora dirige la división de noticias News UK de Rupert Murdoch, la convirtió en “Rehabber Kooks”. Enrique promovió un juicio en 2019 contra el periódico The Sun de Murdoch, entre otros diarios, por haber hackeado su teléfono.

A dos paparazis especialmente persistentes los bautizó Tweedle Dumb y Tweedle Dumber (un juego de palabras con los nombres de los gemelos de “Alicia en el País de las Maravillas”). A otro periodista de un tabloide lo llama el Pulgar porque escribió un artículo, exagerado en opinión de Enrique, sobre la ocasión en que se rompió un hueso del dedo pulgar durante un juego de rugby en Eton College.

Citó un conocido ensayo de la novelista histórica Hilary Mantel que apareció en 2013 en la revista London Review of Books, en el que la autora comparó a la familia real con pandas (“es caro conservarlos y no se adaptan bien a ningún ambiente moderno”), pero sin mencionar a Mantel ni a la publicación.

Enrique no se reprime tanto en el caso del propio Murdoch, de quien escribe que sus políticas se ubicaban “apenas a la derecha de las de los talibanes”.

Si ignoramos las quejas de Enrique, “En la sombra” en realidad ofrece un vistazo aleccionador al mundo apartado y de tremendas formalidades en que vive la familia real: un circuito de cenas formales en el castillo de Windsor y viajes de cacería enfundados en tartán en las Tierras Altas de Escocia.

Su descripción de la reunión en Sandringham, en enero de 2020, le da especial énfasis al papel que desempeñan los secretarios privados. Aunque la reina, Carlos y Guillermo estaban presentes en la sesión, en esencia la dirigieron dos de los tres secretarios, según el relato de Enrique. Le presentaron cinco opciones a la pareja que iban desde ningún cambio en su estatus hasta un rompimiento total con la familia.

Cuando llegó el momento de elegir una de las opciones, señaló Enrique, uno de los oficiales le dio una copia impresa de la más radical. Cuando Enrique preguntó si tenía impresas las demás, escribió, el asesor respondió que su impresora se había trabado.

“Todos estaban con la mirada perdida en el vacío o clavada en sus zapatos”, escribió Enrique.

Esta reacción tan pasiva de la reina y las dos personas siguientes en la línea de sucesión al trono quizá nos parezca sorprendente. Pero algunos expertos en la familia real comentaron que captura con precisión el amplio espacio de maniobra que tienen los secretarios privados, desde definir agendas hasta organizar reuniones, incluso con otros miembros de la familia.

“Los secretarios privados se encargan de todo, básicamente”, afirmó Valentine Low, corresponsal real para The Times of London y autor del libro “Courtiers: Intrigue, Ambition, and the Power Players Behind the House of Windsor”.

“En el aspecto banal, escriben los discursos de sus representados y organizan sus actividades diarias”, explicó Valentine. “Pero, de hecho, deciden su vida. Son sus guardianes. Son prácticamente inseparables”.

© 2023 The New York Times Company