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En el Gobierno hablan de “una solución negociada” a la interna, pero crece el clamor por “Cristina candidata”

Asamblea legislativa , el presidente Alberto Fernández  y la vice Cristina Kirchner en el recinto del Congreso
Asamblea legislativa , el presidente Alberto Fernández y la vice Cristina Kirchner en el recinto del Congreso - Créditos: @Ricardo Pristupluk

El tsunami político que generó el violento ataque y la amenaza directa contra el astro futbolístico Lionel Messi en Rosario estableció un lógico paréntesis. Pero en distintos e importantes despachos de la Casa Rosada aseguran que, pasados la apertura de sesiones ordinarias del Congreso y el distante reencuentro cara a cara entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner, el espacio oficialista quedó en mejores chances de conseguir una “solución negociada” a la descarnada y abierta disputa entre el Presidente y su vice en torno a las candidaturas (sobre todo la presidencial) del Frente de Todos en las PASO de agosto y las presidenciales de octubre.

“Todo pequeño episodio que nos muestre juntos mejora las chances de disputar terreno con la oposición. Además… es la única jugada posible”, resumieron cerca de uno de los ministros clave del Gobierno, empeñado en conseguir que “Alberto y Cristina se sienten a negociar” una salida electoral consensuada que aleje la hipótesis de unas PASO “a todo o nada” de la que también participe el Presidente.

Otro ministro, con despacho cercano al de Fernández y vista al helipuerto de la Casa Rosada, asegura que “tomando en cuenta los meses que llevaban sin verse, la relación entre ambos en el Congreso fue bastante buena”. Sin dar fundamental importancia al silencio de Cristina y sus escasos gestos de aprobación al extenso discurso de Fernández, el funcionario destaca que “cuando Cristina te quiere hacer sentir mal, te das cuenta enseguida, y eso no ocurrió”. Una muestra de optimismo que soslaya no sólo la indiferencia de la vicepresidenta en muchísimos pasajes del discurso presidencial sino además las impiadosas críticas que el funcionario y camporista Andrés Larroque le dedicó al Presidente, tan sólo horas después de culminada la apertura de sesiones en el recinto de la Cámara de Diputados.

Desde el cristinismo en el Gobierno conceden que distintas frases del discurso presidencial, sobre todo las vinculadas a la “persecución” judicial contra la vicepresidenta y los embates directos contra la Corte, fueron “gestos bien recibidos” por el FDT, al igual que el elogio hacia el trabajo de Sergio Massa en el Ministerio de Economía, del que también tomó nota el massismo.

Pero para los leales a Cristina, allí se acaban los elogios. “Ahora lo que siga depende de Alberto, él dijo que iba a convocar a la mesa política y hasta ahora tuvimos una reunión”, afirman desde el camporismo. La segunda reunión de esa mesa, del que participarán distintos partidos menos numerosos del FDT (Nuevo Encuentro de Martín Sabbatella, el Frente Grande, PC, PI, el Partido Solidario de Carlos Heller o el Socialismo para la Victoria de Jorge Rivas) sigue en el plan oficial, aunque aún sin fecha, según contaron muy cerca del Presidente. La sospecha del cristinismo es clara: el Presidente busca dilatar las definiciones, y a la vez sumar más protagonistas al debate, buscando limitar la centralidad de Cristina-sea o no candidata- a las puertas de las definiciones electorales.

“El Frente tiene y tendrá una dinámica interna propia. Se reúne la mesa y todo se relaja, después vuelve la tensión y cada uno sigue con lo suyo. En algún momento habrá que sentarse y definir una arquitectura consensuada”, describe otra importantísima espada presidencial, resignado a que se repitan las discusiones públicas, con “rotweilers” de un lado y de otro de la trinchera oficialista.

“Igual no es lo mismo que se peleen Aníbal Fernández y el cuervo Larroque a que lo hagan Alberto y Cristina. El acto creativo hoy es unirse, como en 2019″, resumen cerca de otro ministro que intenta calmar las aguas. En ese rol de mediadores, rebautizados “vasos comunicantes”, están por estos días el jefe de gabinete, Agustín Rossi; el vicejefe, Juan Manuel Olmos, y el ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, que coleccionan “episodios privados” de diálogos con el cristinismo (el de Katopodis con la intendenta de Quilmes, Mayra Mendoza, fue uno de los más recientes) aunque aún falte una hoja de ruta definida para lograr un acuerdo duradero que conforme a todas las tribus frentetodistas.

El jueves, en Ensenada y con el intendente Mario Secco como anfitrión, el kirchnerismo bonaerense volvió a reunirse, con Carlos Bianco en representación del gobernador Axel Kicillof, más sectores de La Cámpora, Nuevo Encuentro y el Partido de la Victoria. Se confirmó la realización del acto del próximo sábado 11, en la universidad de Avellaneda, para pedir el “fin de la proscripción y Cristina candidata”, según contó a LA NACION uno asistente. Todo un desafío interno, en medio de las reiteradas alusiones del albertismo al “derecho” del Presidente a pensar en su reelección.

“La posibilidad de un Alberto enfrentando a un candidato de Cristina en unas PASO no le sirve a nadie, y menos a Alberto. Para hablarle a la sociedad hay que acordar algo primero”, reflexiona un referente peronista, que aún duda de que el Presidente, a pesar de su insistencia, termine presentando su postulación a la reelección sin el consenso de las otras patas del Frente de Todos.

Al margen de los conflictos sin solución, la perspectiva de una mejora económica que mejore las chances del eventual candidato o candidata oficialista ante Juntos por el Cambio parecen disolverse. En Balcarce 50 aseguran que la inflación de febrero “no viene bien”, y que en marzo “siempre suele subir todo”. Se consuelan elogiando la “respuesta en veinte minutos” que Massa dio ante el masivo apagón del martes por la tarde y sus negociaciones con el FMI para conseguir una flexibilización en los plazos de pago al organismo internacional de crédito.

“No hay dos programas de gobierno, ni cinco modelos, hay uno solo. En poco tiempo va a aparecer la racionalidad”, confían desde un ministerio influyente, a la espera de más gestos de distensión en medio de la feroz pulseada interna por las candidaturas.