‘La gente que deja algo como ser humano y artista nunca muere’

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En entrevista, Arnoldo Kraus revela cómo su amistad con Vicente Rojo fue piedra angular de una enorme construcción literaria.

“CADA SER HUMANO tiene sus filias, sus aficiones, y cuando hay amistad fácilmente esta trasciende a otros rubros como la creación de libros”, sentencia el médico y escritor Arnoldo Kraus. Esta sentencia se debe a que, hace diez años, la amistad entre el artista plástico, diseñador y escultor Vicente Rojo y Kraus fue el detonante para crear de manera conjunta una apología bajo la premisa de que los objetos, así como las palabras, tienen memoria y son fuente de grandes historias.

Es así como en 2011, en coautoría, presentaron Apología del lápiz (Conaculta), una obra que marcó, sin tenerlo previsto, el inicio de una serie de seis apologías que conjuntaron la pluma de Kraus y las ilustraciones de Rojo.

“La primera apología nació porque soy un fanático de los lápices, tengo muchos y cada uno tiene un significado vivencial. Muchas de las cosas que escribo y corrijo lo hago con lápiz, todos mis libros los subrayo con lápices. Es una manía y realmente les tengo cariño”, comenta el doctor Kraus en entrevista con Newsweek México.

Poseedor de una gran colección de lápices, recuerda que, para un gran diseñador, como lo era Vicente Rojo, “sus lápices eran su cotidianidad”.

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“La piedra angular de nuestra construcción literaria fue la amistad que yo tenía con el gran Vicente Rojo (1932-2021), que ya no está con nosotros, pero al mismo tiempo sí lo está. La gente que te deja algo como ser humano y también como artista nunca se acaba de ir. Y Vicente nunca se acabará de ir para muchos, yo entre ellos”.

Cuando ambos iniciaron la creación de una obra literaria nunca pensaron que se extendería a lo que ahora conocemos como la colección de Apología del lápiz, Apología del libro, Apología del papel, Apología de las cosas, Apología del polvo y, la más reciente, Apología de la morada. “Incluso estábamos pensando en una siguiente que se llamaría Apología del periódico”.

Kraus comenta que, en algunas ocasiones, los vínculos entre médico-paciente se llegan a transformar en amistad, “y ser amigo de Vicente era una cosa muy hermosa y así es como hicimos libros… de la amistad”, describe el también profesor de la Facultad de Medicina de la UNAM.

En su última obra juntos, Apología de la morada (Sexto Piso, 2021), Kraus y Rojo invitan a la aventura con palabras y colores, con verbos, líneas e ilustraciones.

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“Este libro se comenzó antes de la pandemia y se retrasó su publicación por la tragedia que vivimos en México: la falta de presupuesto e interés hacia la cultura.

“En esta obra hablamos de lo que es la ‘casa’ y el ‘habitar’ el lugar donde te sientes cómodo, un estudio en el caso de Vicente, y en mi caso, un consultorio y un tapanco que tengo en mi casa. Mi consultorio no parece consultorio. Está lleno de artesanías y de obsequios que me dan los pacientes, pero es una morada y la gran morada de Vicente era un estudio, que es una belleza, en Coyoacán”, explica Kraus.

La gran morada de Vicente Rojo, quien publicó varios libros con Kraus, era el estudio que poseía en Coyoacán. (Foto: especial)

Esta idea llevó a ambos a rendir un homenaje a la morada. Un libro para darle un valor a esas paredes que los rodeaban y arropaban mientras también hacían “un cierto homenaje a la tierra como casa”.

El doctor Kraus se refiere a la morada como una extensión del cuerpo y cómo la morada de las memorias es fundamental para cultivar el alma.

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“La morada también es parte de tu cuerpo porque es una extensión de tu alma y es una forma de proyectarte en todos los aspectos. Una morada tiene un escritorio, una mesa al igual que el cuerpo tiene una cabeza, un cuello. Esto es un parangón entre lo que ves en la morada y lo que es tu cuerpo, en lo que ves y vives en la morada y lo que es tu alma, y aquí el alma son los maravillosos diseños de Vicente Rojo acompañados por mis textos”.

LA MUERTE PERMANECE COMO UN TABÚ PAVOROSO

A la par de la construcción de estas apologías, el médico, académico, investigador y escritor Arnoldo Kraus, quien también es miembro del Seminario de Cultura Mexicana y del Colegio de Bioética, se ha dedicado a reflexionar y escribir sobre el derecho del ser humano a apoderarse de la muerte.

“A pesar de los avances científicos y tecnológicos —quizás incluso en parte debido a ellos—, nuestra época se encuentra particularmente mal equipada para lidiar con un tema tan crucial como la muerte”, describe en su obra Recordar a los difuntos (Sexto Piso, 2015).

“La muerte permanece como un tabú pavoroso, y son muy pocas las personas dispuestas a asimilarla de una manera correspondiente a su carácter inevitable”, explica.

“En esta obra hablamos de lo que es la ‘casa’ y el ‘habitar’ el lugar donde te sientes cómodo, un estudio en el caso de Vicente, y en mi caso, un consultorio y un tapanco que tengo en mi casa”.

Desde joven, durante sus estudios en patología, comenzó a cultivar lo que observaba en su clínica en cuanto a los aspectos filosóficos sobre la muerte. “Y a partir de ahí comencé a estudiar lo que ya decían las escuelas en Europa sobre la muerte digna, la eutanasia como aspecto legal. He escrito ensayos y libros, es un tema que me importa mucho porque la medicina se ha desvirtuado en muchísimos aspectos. Hoy prevalece más el peso de la tecnología que la relación médico-paciente.

“Yo sigo pensando que la figura central es el paciente y no la tecnología. Sin embargo, considero que esto tiene que ver con que los humanos nos estamos alejando de los humanos, por ello me ha interesado la búsqueda del acompañamiento de los enfermos y que tengan garantías de una muerte digna”.

El doctor Kraus es enfático al señalar que los seres humanos tienen que apoderarse de su vida y de sus decisiones, y “no ser ni los médicos ni el Estado quienes decidan cuándo y cómo morir, no permitir entonces que la muerte triunfe despiadadamente sobre el ser humano”.

LETRAS Y CULTURA PARA MITIGAR LA MALDAD

Sobre la literatura, el doctor Kraus explica que “las letras y la cultura pueden ser un fármaco para mitigar la maldad que hay en el mundo”. Explica que las letras dan espacio y tiempo de que el ser humano se despegue de los errores de la cotidianidad.

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“Sería fantástico, sin duda, que la poesía, la danza, la música, curasen un poco más al mundo, pero cada vez estoy menos convencido de que eso sucederá porque veo a los principales líderes del mundo con un apego muy pobre a la cultura. Ellos no ven en su caleidoscopio la posibilidad de dar a su población un mejoramiento de sus vidas a través del arte. Yo soy escéptico en ese aspecto, pero siempre diré que se debe leer, ver danza, ir al cine… humanizarse a través de las artes”, puntualiza el doctor Arnoldo Kraus.

EL PROCESO DE CONSTRUIR UN TEXTO

El doctor Arnoldo Kraus explica: “Me muevo en tres rubros: uno es el periódico, también escribo en revistas y las otras formas de escritura son los libros. En este último las ideas siempre nacen de algo que estoy viviendo.

“Yo siempre cargo con una libreta o papeles en la mano donde anoto ideas que pienso que deben tener alguna visión, luego les voy dando forma. Mucho proviene del hambre que yo tengo de escribir y de buscar. Yo diría que es fácil porque ideas siempre hay, uno abre muchas puertas todo el tiempo.

“En mi caso, los médicos nos alimentamos de lo que dicen los enfermos. Muchos años trabajé en hospitales de gobierno y ahí obtuve muchas miradas de la vida. A partir de su forma de vida la gente mira, observa y aprecia de un modo distinto absolutamente todo. De ahí saco muchas ideas y luego las transcribo en cuadernos”, concluye. N

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