Los ganadores y los perdedores de la irreversible tendencia de trabajar desde casa

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Hispanic woman working with her laptop outside her home
Los desafios de trabajar desde casa son grandes pero el impacto a largo plazo en las economías de los centros urbanos será aún mayor. (Getty Images)

Llevo más de una década trabajando desde casa. Mis hijas gateaban entre mis piernas mientras yo terminaba apurada mis reportajes para cumplir con la hora de entrega de un diario que no tenía sede en mi ciudad y en el que cumplía funciones de corresponsal.

Luego he sido consultora de comunicaciones, periodista freelance y productora de contenidos digitales. Mis clientes casi siempre han estado físicamente lejos y mi relación con ellos se realiza exclusivamente en espacios virtuales.

Por eso yo no tuve la sensación de cataclismo cuando la pandemia sacó a los empleados de sus oficinas y los obligó a trabajar desde sus hogares porque ya tenía un largo camino recorrido en el teletrabajo.

El cumplimiento de mis responsabilidades con una supervisión mínima, la ausencia de contacto interpersonal con compañeros, la organización de mi espacio de trabajo, la división del horario personal y laboral, el correcto funcionamiento de los equipos informáticos y una buena conexión a internet no era la novedad que supuso para millones de personas que de la noche a la mañana tuvieron que convertir su salón en una oficina improvisada.

Hace año y medio muchos me preguntaban cómo hacía para abstraerme de las labores hogareñas como cocinar, lavar ropa y atender a las niñas para concentrarme en ese otro trabajo formal con el que me gano la vida. O me respondían con escepticismo cuando me chateaban para preguntarme qué estaba haciendo y mi respuesta perenne era: estoy trabajando.

Pero ya no soy un bicho raro. La excepción de teletrabajar se convirtió en la regla durante los confinamientos. Y aunque es cierto que los trabajadores se han ido incorporando poco a poco a los espacios físicos de sus empresas, se calcula que al menos el 30 por ciento permanecerá laborando desde casa. Es una cifra enorme en relación al 5% de teletrabajadores antes de la crisis del coronavirus.

Miradas opuestas sobre trabajar desde casa

Los investigadores no tardaron analizar los efectos del teletrabajo en la productividad de los trabajadores de este abrupto cambio en las dinámicas corporativas. Pero dos importantes equipos de economistas llegaron a conclusiones enfrentadas a la hora de analizar los pro y los contras del trabajo remoto.

El primer equipo, integrado por investigadores de la Universidad de Chicago y la Universidad de Essex, analizó los datos de 10.000 profesionales calificados en una importante empresa asiática de servicios de tecnología.

A pesar de su familiaridad con los ordenadores y programas informáticos, tuvieron grandes problemas de comunicación y coordinación. El total de horas trabajadas aumentó un 30 por ciento, incluyendo un incremento del 18 por ciento en horas trabajadas después de los horarios laborales habituales. Pero los resultados no variaron demasiado, lo que significa que la productividad cayó un 20 por ciento porque hubo un importante aumento del esfuerzo sin un impacto tangible.

Uno de los motivos del declive es que el ámbito hogareño les impedía trabajar ininterrumpidamente, además de la desaparición de las mentorías personalizadas. Los peores desempeños se concentraron en los empleados que tenían niños en casa.

El segundo equipo fue un esfuerzo colaborativo del Instituto Autónomo de México, la Escuela de Negocios de la Universidad de Chicago y la Universidad de Stanford que encuestó a 30.000 estadounidenses y encontró que la mayoría se sentía a gusto con trabajar desde casa y que la experiencia había superado sus expectativas.

El periodista especializado en economía y tecnología Dereck Thompson contrastó ambas investigaciones y realizó una lista para The Atlantic sobre los principales ganadores y perdedores de la creciente tendencia de trabajar desde casa.

Los ganadores

1. Trabajadores de altos ingresos de empresas rentables

A los hombres treintañeros y cuarentones con buenos sueldos les encanta trabajar desde casa, según la encuesta. Y es más probable que las compañías con grandes márgenes de ganancias otorguen un mayor peso al teletrabajo en el futuro.

Un ejemplo del perfil de estos beneficiados sería un ingeniero de sistemas de 45 años que antes trabajaba en el centro de Manhattan pero ahora hace el mismo trabajo, por el mismo salario, desde el salón de su casa en los suburbios, explicó Nicholas Bloom, profesor de Stanford y coautor del estudio.

Bloom espera que en el corto plazo gigantes tecnológicos como Google, Apple, Facebook mantendrán políticas de teletrabajo o híbridas, mientras que las empresas más modestas llamarán a sus empleados a las oficinas.

2. Los introvertidos y las personas que disfrutan y son buenas comunicándose online

Las oficinas son lugares ideales para los extrovertidos que pueden cumplir con sus metas con algunas interrupciones espontáneas. Pero para las personas introvertidas, la oficina es un espacio de proximidad forzada, ruidos molestos y el horror de colegas merodeando y charlando a cada momento. Ese tipo de trabajadores sienten menos ansiedad trabajando desde casa.

Las oficinas presenciales también premian a todos los que tienen el talento de hablar en público y hacer presentaciones brillantes frente a muchos colegas. Todas esas habilidades ocupacionales pierden importancia al trabajar por internet, donde se valora más al que escribe bien y rápido, el que entiende cómo comunicarse bien por Zoom, o el que puede ser breve y encantador en los mensajes de aplicaciones como Slack.

Así que es de esperar que los espacios virtuales premien habilidades que pasaban desapercibidas en las oficinas.

3. Los constructores de los suburbios

El dinero que antes se quedaba en negocios como cafeterías, barberías, bares de los centros de las grandes ciudades se trasladará a los suburbios. Blomm llama el fenómeno el efecto “donut” porque la actividad económica se vaciará del centro de las ciudades y se concentrará en los aros de los suburbios.

Se cree que si los Millennials transfieren su tiempo y dinero a los suburbios, también transferirán sus gustos. Y no es que no les guste la vida urbana, es que prefieren gastar menos por metro cuadrado a la hora de comprar. Y alrededor de sus nuevas viviendas, florecerán gimnasios boutique, variedad de restaurantes y lugares de esparcimiento.

Así que los constructores concentrarán sus esfuerzos en satisfacer las necesidades de alimentación, belleza, bienestar y entretenimiento de los treintañeros que antes regresaban a sus viviendas sólo para dormir.

4. Las tecnologías del trabajo en la casa

El trabajo remoto e híbrido traerán desafíos para las empresas y los trabajadores y ambos gastarán tiempo y dinero en resolverlos.

Al inicio de la pandemia, un trabajador promedio invirtió 15 horas y unos 561 dólares en equipar su casa para facilitar el teletrabajo. Thompson dijo que se trata de una cifra exorbitante que ronda un gasto equivalente al 1 por ciento del PIB en artículos de oficina en el hogar. Y esa cantidad no incluye el dinero desembolsado por las compañías en telecomunicaciones, sistemas de respaldo y otras tecnologías para permitir que los equipos trabajen a distancia. El porcentaje de aplicaciones patentadas en Estados Unidos especializadas en espacios de teletrabajo se duplicaron entre enero y septiembre de 2020.

Los perdedores

1. Los propietarios de oficinas y negocios en los centros urbanos

No estamos hablando del fin de las ciudades, pero el trabajo remoto e híbrido cambiará su actividad comercial. Ya las personas viajarán menos y eso significa que los negocios tendrán menos consumidores. Bloom cree que los cambios ocurridos por la pandemia incidirán en una reducción del gasto en cines, teatros y todo tipo de establecimientos de al menos 10 por ciento al gasto de 2019.

Bloom dice que los principios básicos de la economía establecen que los activos o insumos que no se puedan mover serán los más afectados. Y mudarse es más fácil para una persona que para una empresa pero lo que no se puede trasladar es un rascacielo. “Las implicaciones para el sector de bienes raíces serán muy interesantes”.

2. Los trabajadores nuevos en cargos iniciales

En las oficinas pre-pandémicas había posibilidades de conocerse en las largas reuniones de trabajo, a la hora del almuerzo, en los pasillos. Ahora las personas irán a las oficinas para resolver asuntos puntuales y se marcharán sin que interactúen con todo el equipo y desarrollen un sentido de pertenencia. No existe una manera real en que los nuevos empleados sean bienvenidos y acompañados por los miembros más experimentados del equipo.

3. Los trabajadores sin título universitario quedarán rezagados.

Asistir a la universidad es una de los marcadores más relevantes del trabajo remoto. Más de la mitad de los titulados pueden trabajar desde casa, frente a menos del 25 por ciento de las personas que sólo tienen un diploma de secundaria, según las cifras de Bloom. La revolución tecnológica que permite trabajar desde casa pertenece principalmente a la élite universitaria.

La brecha entre los graduados y no graduados se ampliará si los empleos de los universitarios se concentran en un área que es excluyente para los que sólo estudiaron el bachillerato. La polarización podría acentuarse si los trabajadores con títulos universitarios migran al teletrabajo y están en contacto virtual permanente con trabajadores con su mismo perfil. Eso podría crear una serie de normas y actitudes que los alejan aún más del resto de los ciudadanos.

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