Francisco elogia humildad de papa del siglo XIII

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El papa Francisco en L'Aquila, Italia, el 28 de agosto del 2022. (Foto AP/Domenico Stinellis) (ASSOCIATED PRESS)

L’AQUILA, Italia (AP) — En un peregrinaje a un poblado en las montañas de Italia, el papa Francisco elogió el domingo a un papa del siglo XIII que renunció para dedicarse a una vida de ermitaño.

Francisco fue a L’Aquila en los montes Apeninos, afectada por un terremoto en el 2009 en el que murieron 305 personas.

El papa buscó impulsar la tradición veraniega iniciada por el papa Celestino V hace 728 años, de animar a los fieles a pedir perdón por sus pecados.

La Basílicia de Collemaggio en L’Aquila contiene los restos de Celestino, quien abdicó en 1294 después de solo unos meses como papa.

Como pontífice, Celestino inició la costumbre cada agosto de pasar por la Santa Puerta de la basílica. Tras cumplir con ciertos requerimientos religiosos, los fieles pueden recibir una indulgencia plenaria, que les libra de todo castigo por pecados.

“Los humildes aparecen a los ojos del hombre como débiles y perdedores, pero en realidad son los verdaderos ganadores porque son los únicos que confían totalmente en el Señor y conocen su Voluntad”, declaró Francisco.

“La humildad no consiste en devaluarse sino en el realismo saludable de reconocer nuestro potencial pero también nuestra miseria”, añadió Francisco.

Alabó al “valiente” Celestino porque “ningún poder pudo encarcelarlo o limitarlo”.

Francisco, quien sufre de un problema de las rodillas, fue traído en silla de ruedas a las puertas austeras de la basílica. Cuando los ayudantes ayudaron al pontífice a pararse, usó una gruesa rama de olivo para golpear tres veces al portón, que seguidamente se abrió. El papa subió una rampa para entrar a la basílica y rezó en silencio frente al mausoleo donde están los restos de Celestino.

Celestino fue acusado de cobardía por Dante en la “Comedia Divina” por haber abdicado.

Francisco, sin embargo, recordó que Celestino sostenía que la piedad y el perdón ayudan a todos a ir “de la angustia y la culpa a la libertad y la felicidad”.

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D’Emilio reportó desde Roma