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El cementerio que visitan de noche

Mientras Lima se apaga y el cielo se torna de color cobre oscuro, los visitantes prenden las pantallas de sus teléfonos para guiar sus pasos por este lugar repleto de tumbas, cruces, ángeles y buitres. El Presbítero Matías Maestro es enorme, tiene más de 20 hectáreas y unos 220.000 entierros desde el siglo XIX. Todas las semanas la Beneficencia de Lima, dueña del camposanto, organiza paseos nocturnos que atraen a fanáticos de experiencias aterradoras. En la entrada una actriz que representa a la muerte con capucha, zancos y filuda guadaña camina con pasos lentos y se retrata con los visitantes. La oscuridad dibuja una atmósfera de suspenso. El lugar no recibe apoyo estatal por ser propiedad de la Beneficencia así que las visitas nocturnas se han convertido en la principal fuente de ingresos para cuidarlo. Al igual que en EEUU y Europa donde el necroturismo tiene mayor antigüedad, en Latinoamérica los principales cementerios han comenzado a abrir sus puertas a los visitantes en la última década. Más de 10.000 personas han visitado el Presbítero Matías Maestro desde 2002, según datos de la Beneficencia. Los recorridos son jueves y sábados de 6 a 9 de la noche y cuesta 8 dólares incluido el transporte desde el centro de Lima. (AP)