Fernando Galán: uno de los olvidados pioneros de la genética en España

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Fernando Galán Gutiérrez (1908-1999).

Hasta el 28 de agosto puede visitarse en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid una exposición sobre Antonio de Zulueta. Es muy probable que no hayan oído este nombre, pero se trata de uno de los tres fundadores de la genética en España. Junto con Antonio de Zulueta y José Fernández Nonídez, destaca también Fernando Galán Gutiérrez, catedrático de la Universidad de Salamanca y también un gran desconocido para el gran público.

La carrera científica de Zulueta, como la de tantos otros investigadores españoles, fue cercenada tras la Guerra Civil; la de Nonídez se desarrolló en Estados Unidos. Por el contrario, Galán continuó trabajando y enseñando genética en Salamanca incluso después de su jubilación en 1978.

Fernando Galán Gutiérrez nació en Luarca (Asturias) el 20 de julio de 1908, hijo de abogado y maestra. Resulta curioso comprobar los paralelismos en los orígenes de Galán y los del premio nobel Severo Ochoa, nacido en el mismo lugar en 1905, y también de padre abogado.

Al igual que Zulueta y Nonídez, Galán estudió ciencias naturales en la Universidad Central de Madrid (hoy Universidad Complutense), se licenció en 1930 y se doctoró en 1931, en ambos casos con sobresaliente y premio extraordinario. Su pasión por la genética despierta tras la asistencia al curso práctico de biología que impartía Zulueta, con quien traba una excelente relación y con quien comienza a trabajar de ayudante en su laboratorio en el año 1928. A su lado permanecerá hasta 1939, período que resultará fundamental para su formación como investigador. Juan González Julián, el discípulo de Galán que mejor ha glosado su actividad investigadora, resalta que la suya fue “una auténtica vida de abnegada dedicación al estudio”. Así fue desde sus inicios, pues prefirió permanecer como becario al lado de Zulueta, patrocinado por distintos organismos, aun habiendo obtenido en 1933 la Cátedra de Biología de la Facultad de Ciencias de Sevilla (por oposición y con el número 1) y, en 1936, la Cátedra de Biología de la Facultad de Ciencias de Salamanca (por concurso de traslado).

Una cuestión de sexo

Uno de los problemas candentes de la genética de la época era la determinación del sexo en plantas y animales. El problema es más complejo en plantas, ya que éstas pueden ser dioicas (con individuos que solo producen flores masculinas e individuos que solo producen flores femeninas), monoicas (con individuos que producen tanto flores masculinas como femeninas), hermafroditas (con individuos que producen flores de ambos sexos), o presentar distintas combinaciones de los tres casos anteriores (poligamia).

Corresponde a Galán el mérito de realizar el primer análisis genético experimental completo de la monoecia y la dioecia. Buena parte del éxito fue debida a su perspicacia para elegir el material biológico adecuado, en este caso una cucurbitácea silvestre denominada Ecballium elaterium, el cohombrillo amargo o pepinillo del diablo, cuyas poblaciones del norte de España representan una subespecie monoica, en tanto que las del sur constituyen una subespecia dioica.

Allí donde otros investigadores fracasaron, Galán tuvo éxito. Entre 1936 y 1938 obtuvo híbridos fértiles entre las dos subespecies. Prueba del interés que suscitaron estos experimentos es el comentario publicado por John B. S. Haldane en Nature en 1937. En éste muestra su admiración no solo por los resultados experimentales, sino también por las difíciles condiciones de trabajo durante aquellos años de la Guerra Civil española. Haldane fue uno de los fundadores de la genética de poblaciones y contribuyó decisivamente a la síntesis moderna de la evolución.

Los trabajos de Galán tuvieron una considerable repercusión internacional, y genéticos muy destacados se hicieron eco de ellos. Su modelo de determinación genética del sexo en E. elaterium fue incorporado a los libros de texto.

Decidido a permanecer en España

Al contrario que sus coetáneos Zulueta y Nonídez, Galán no realizó ninguna estancia en el extranjero. No por falta de méritos, pues en 1936 obtuvo una beca de la Fundación Rockefeller para trabajar con Thomas M. Morgan en Caltech. La coincidencia con el estallido de la Guerra Civil hizo reflexionar a Galán, quien decidió renunciar a la beca y permanecer en España por si su país le necesitaba. Esta decisión perjudicó su trayectoria científica, probablemente de manera irreversible, pero revela la firmeza de las convicciones personales de Fernando Galán.

Finalizada la Guerra Civil, Galán se incorporó a la Universidad de Salamanca como catedrático de Biología hasta su jubilación en 1978. En Salamanca continuó los estudios sobre la determinación genética del sexo en Ecballium y enseñó biología, y, sobre todo, genética.

Enrique Battaner, en la necrológica que le dedicó tras su muerte el 11 de mayo de 1999, le describió así:

“Don Fernando Galán fue un catedrático anómalo en una universidad anómala. Su anomalía era ese inconfundible aire entre decimonónico y germánico que imprimía a su ejecutoria docente. Era además un hombre de educación exquisita, no exactamente afable, pero que transmitía al alumno que hablaba con él un sentimiento de dignidad escolástica muy enraizado en la vieja definición de Alfonso el Sabio: la universidad como ayuntamiento de maestros y alumnos”.

Por su parte, González Julián constata que “quienes asistieron a las clases impartidas por el profesor Galán me manifestaron que no las olvidarán por su cuidadosa preparación y por su rigurosa y fluida exposición”.

Una dilatada carrera que no creó escuela

Fernando Galán no llegó a fundar una verdadera escuela de genéticos en la Universidad de Salamanca, si bien su hijo, Fernado Galán Estella, continuó algunas de sus líneas de investigación. De hecho, su actividad investigadora no remontó las cimas alcanzadas con sus trabajos en Ecballium, comunicados en distintos congresos internacionales entre 1946 y 1950 y publicados en 1951. Probablemente, la causa fue su negativa a aceptar que el estudio molecular de las bases de la herencia y la naturaleza del material hereditario constituían el desafío fundamental de la genética a partir de mediados del siglo XX.

Todo ello no merma la valía personal, investigadora y docente del profesor Galán, ni su relevancia histórica como fundador de la genética en España. Su dilatada y entusiasta enseñanza en Salamanca no siempre fue bien correspondida, pero le entronca en el panteón de maestros ilustres del ocho veces centenario estudio salmantino.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

José María Díaz Mínguez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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