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Las fans de Taylor Swift viajan por el mundo para ir a sus conciertos

El precio de una entrada a la gira Eras en Estados Unidos puede ser más caro que pagar un pasaje de avión, estadía en un hotel y asistir al espectáculo en otro país.

Incluso con tráfico en la carretera 405, probablemente Victoria Pardo Uzitas habría tardado como mucho tres horas en conducir desde su casa en San Diego hasta el estadio SoFi de Los Ángeles para ir a un concierto de la gira Eras de Taylor Swift. En lugar de eso, ella y su hija adolescente cruzaron la frontera hasta Tijuana, volaron a Ciudad de México, disfrutaron de los clásicos tacos al pastor y unos churros, vieron una obra maestra de Frida Kahlo en el Museo de Arte Moderno y, sí, vieron a Taylor Swift.

“Las entradas en Los Ángeles costaban 1900 dólares cada uno”, dijo Uzitas. “Eso es más de lo que gastamos en nuestros vuelos, hotel y toda la comida. Todo nuestro viaje costó menos de 1900 dólares”.

Uzitas no es la única swiftie que convierte un concierto de su artista favorita en una escapada internacional. Y, desde luego, México no es el único que está cosechando beneficios económicos. La Asociación de Viajes de Estados Unidos asegura que el impacto económico probable de las 20 paradas nacionales de la gira de Swift ya ha superado los 10.000 millones de dólares. Según la organización, solo en Los Ángeles, las seis noches de conciertos de Swift crearon 3300 puestos de trabajo e hicieron ganar a la ciudad 29 millones de dólares en impuestos sobre ventas y habitaciones de hotel.

Ahora que la gira —que comenzó en marzo y concluirá en noviembre del próximo año— recorre 26 destinos internacionales, el mercado turístico fuera de Estados Unidos está sacando provecho.

Los precios de los hoteles de toda Europa se disparan las noches que Swift visita la ciudad. Contiki, una agencia de viajes para jóvenes, ofrece cinco travesías diferentes en honor a la cantante, incluido un recorrido por París “para tu ‘Love Story’ europea”. La agencia también ofrece un descuento del 13 por ciento —en referencia al que Swift ha llamado su número de la suerte— en cualquier viaje europeo de más de 14 días. Air New Zealand ya ha añadido 2000 plazas para dar cabida a lo que denomina la Oleada Swift: fanáticos que vuelan a Australia para los conciertos de febrero. (Me quito el sombrero ante el ejecutivo al que se le ocurrió el código de vuelo NZ1989).

Viajar para ver a un artista querido no es nada nuevo. Los fans han tomado aviones para ver a U2, han estacionado sus vehículos en la puerta de los conciertos de Phish y Grateful Dead y han gastado mucho dinero para ver la gira mundial Renaissance de Beyoncé. Ahora, para la gira Eras de Swift, muchos fans no necesitan más incentivo que conseguir una entrada más asequible en un destino digno de unas vacaciones.

“Estoy muy emocionada por ver las diferencias en otro país”, dijo Lois Alter Mark, una escritora que ha convertido su entrada de 400 dólares para el concierto en Edimburgo en una estancia en Escocia. “Quiero ver cómo se traduce toda esa emoción, aunque creo que a estas alturas Taylor Swift es un idioma universal”.

Evan Chodos, vicepresidente de lujo de Condé Nast en Nueva York, va a París a ver a Swift no tanto por razones antropológicas como para enmendar un error. Había comprado dos entradas de reventa en StubHub, con un precio total de 1500 dólares, para uno de los conciertos de Swift en Nashville en mayo, pero 48 horas antes del concierto le notificaron que la empresa no podía entregar las entradas. (StubHub garantiza que intentará encontrarle entradas al comprador a un precio comparable, pero en ese momento la mayoría de los billetes hacía tiempo que se habían agotado).

Chodos y su esposo consideraron la posibilidad de desembolsar 2000 dólares por entrada para uno de los conciertos en el MetLife Stadium de Nueva Jersey a finales de ese mes, pero optaron por no pagar el exorbitante sobreprecio. Sin embargo, cuando salieron a la venta las entradas para los conciertos europeos de Swift, no se lo pensaron dos veces y las compraron para París, lo que determinó los planes de viaje de primavera. “Esta es nuestra gira de venganza”, dijo Chodos.

En comparación con lo que podrían haber sido 4000 dólares o más para asistir a un espectáculo en el área de Nueva York, Chodos gastó 1400 dólares por dos asientos VIP, que incluían, como bromeó, “un cordón, una mochila y un mechón de su pelo”. El dinero que se ahorraron en las entradas lo destinarán a unas vacaciones en Francia con unos amigos, que también asistirán al espectáculo. “No hay nada malo en ir a París en primavera”, dijo Chodos sobre estas vacaciones centradas en Swift. “Tomaremos vino, comeremos pan y asistiremos a un concierto”.

Julie Cochran, especialista en mercadeo de Raleigh, Carolina del Norte, también dejó que sus entradas determinaran su destino. Después de tres semanas despertándose en mitad de la noche para unirse a la fila de compra en otra zona horaria, consiguió cuatro asientos en Milán el próximo verano por 1700 dólares.

El plan es un viaje de ocho días para su familia de cuatro miembros a Milán, Florencia y, por el bien de su matrimonio, Roma.

“Si estamos ahí, tenemos que ir a la Santa Sede. Era la única forma de convencer a mi marido para que se apuntara”, explica. “Es la peor época posible para estar en Italia porque es temporada turística y hace mucho calor, pero esta es una gira histórica”.

También representa una oportunidad para que Cochran hable con sus hijas de 12 y 16 años (que aún no saben que van a recibir estas entradas, ¡lo siento!) sobre los privilegios.

“Intentamos enseñar a nuestras hijas sobre los excesos”, dijo Cochran. “¿Sabes a cuántas familias podemos alimentar con ese dinero?”.

“Van a ser nuestras últimas vacaciones de verano por los próximos dos años, y las niñas se van a sorprender mucho por la falta de cajas bajo el árbol en Navidad”, agregó. “Tenemos un año para ahorrar, y nos habríamos gastado el doble si hubiéramos ido en Estados Unidos”.

Crystal Orraca, de Brooklyn, fue lo suficientemente sensata como para asistir en abril a la gira Eras en Houston, pero desde entonces se ha pasado todos los días buscando en internet grupos de reventa de entradas para poder llevar a su hija de 13 años a otro espectáculo.

“Está muy enojada y le dice a todo el mundo que elegí ir sin ella, pero ya sabes, ponte tu propia máscara antes de ayudar a los demás”, dijo Orraca. Está a la espera de conseguir entradas asequibles a Londres o Ámsterdam, dos ciudades que siempre ha querido visitar con su hija. Por otra parte, aunque consiga los billetes, no es fácil planificar unas vacaciones de verano en torno a una adolescente veleidosa.

“Me estoy gastando miles de euros para apaciguar mi culpa de madre”, dice Orraca. “¿Será que el próximo verano todavía le importará Taylor Swift?”.

c. 2023 The New York Times Company