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Fallece una leyenda de la pelota cubana. Fue manager, scout y abrió puertas a muchos peloteros

Lázaro Ruiz, un dirigente del béisbol cubano antes de 1961, entrenador y scout de Grandes Ligas, murió el martes 14 de febrero en Miami por complicaciones de salud. Tenía 90 años de edad.

Ruiz deja como principal legado la formación de centenares de jóvenes peloteros. Decenas de ellos que actuaron en Grandes Ligas y en la pelota profesional de Latinoamérica. Su éxito en este rol forma parte indisoluble de la historia del béisbol cubano y por ello el nombre de este habanero debe estar ubicado en el lugar que merece en el deporte de las bolas y los strikes.

“Sus cinco hijos y once nietos extrañaremos sus ocurrencias, el cariño y el gran amor que sentía por nosotros. Fue un padre excepcional que nos enseñó a enfrentar la vida con integridad y valentía’’, expresó su hija Elizabeth Ruiz Fernández.

Buenas relaciones con sus jugadores. Sensibilidad ante cualquier problema. Firmeza de carácter en sus decisiones y hacerlas cumplir sin necesidad de utilizar lenguaje obsceno. Sacrificio. Dominio de los secretos del béisbol. Estas fueron las virtudes que en su larga carrera beisbolera adornaron a quien fue conocido como “Lázaro el de Mantilla’’.

Cualquier persona que conociera a Lázaro rápidamente se daba cuenta que estaba ante la presencia de una enciclopedia beisbolera con una memoria privilegiada y conocimientos profundos. Quien lo escuchaba, podía estar horas deleitándose y aprendiendo con sus interesantes anécdotas.

Pero si Ruiz fue inmenso en las funciones que le tocó realizar en el béisbol, como persona fue mucho más grande: Un amigo leal y sincero. Un padre ejemplar. Decente. Bondadoso. Capaz de agradecer cualquier buen gesto que le hicieran, por sencillo que este fuera.

Nosotros, que por diversas razones tuvimos la suerte y el honor de tratarlo durante muchos años, podemos asegurar que Lázaro estuvo dotado de las virtudes excepcionales que engrandecen a los seres humanos.Siendo el principal estratega del béisbol juvenil en La Habana durante la década del cincuenta del pasado siglo, pasaron por sus manos expertas decenas de peloteros que luego se convirtieron en estrellas de Grandes Ligas, de los torneos profesionales de Latinoamérica y de las Series Nacionales.

El nombre de Lázaro Ruiz debe estar ubicado en el lugar que merece por su historial como entrenador y buscador de talento, funciones donde realizó una valiosa contribución al béisbol cubano, latinoamericano y a las Grandes Ligas.
El nombre de Lázaro Ruiz debe estar ubicado en el lugar que merece por su historial como entrenador y buscador de talento, funciones donde realizó una valiosa contribución al béisbol cubano, latinoamericano y a las Grandes Ligas.

Entre esos peloteros nacidos en Cuba que aprendieron bajo su guía y luego brillaron en Grandes Ligas sobresalen nombres como Dagoberto “Bert’’ Campaneris, José Cardenal, Zoilo “El Zorro’’ Versalles, Rigoberto “Tito’’ Fuentes, Marcelino López y José Arcia.

Con Lázaro también estuvieron figuras que actuaron en el profesionalismo de la isla como Andrés Ayón, René Frior, Lorenzo “Habichuela’’ Gómez, Iván Davis, un lanzador en Ligas Menores y con el Almendares en el último campeonato de la Liga Invernal que luego se convirtió en uno de los mejores árbitros en la historia de la pelota cubana.

De las primeras Series Nacionales sobresalen Tony González (torpedero, Industriales y equipo Cuba), el jardinero Ángel “Jabao’’ Suárez, los jugadores de cuadro Ramón Rodríguez (El Mambí’’) y René ‘’Macuto’’ Salazar, entre otros.

En Estados Unidos (primero en Nueva York y luego en Miami) Lázaro ayudó a varios jugadores dominicanos y de otros países del Caribe, entre ellos Alex Arias y Miguel Jiménez.

Ruiz nació el 6 de junio de 1932 en el Hospital Calixto García, en La Habana. Su madre se llamó Basilia y su padre José Dávila, un ciudadano español que murió cuando Lázaro tenía un año. Por dicha tragedia familiar, su progenitora, junto a su hermana Regina, le enseñaron desde niño a enfrentarse a cualquier desafío, pero siempre con decencia y clase como persona.

Antes de ser estratega, Ruiz jugaba en la capital cubana como inicialista del Cayo Hueso. Animado por consejos del legendario receptor Julio Rojo (padre) inició el camino de enseñar y dirigir, dejando atrás la función de batear y fildear.

El primer equipo a su mando teniendo 18 años fue El Peñalver. Después lo hizo con los diarios Alerta donde escribía el cronista deportivo Fausto Miranda y El País donde lo hacía Manolo Braña. Más tarde, fue seleccionado mentor de la famosa novena Mantilla Juvenil que se convirtió en una dinastía en dicha categoría.

En la década del cincuenta en Cuba, los torneos juveniles eran reportados por la excelente prensa escrita de La Habana, en especial por los diarios El Mundo, La Marina, Alerta, El Crisol y la Revista Bohemia.

Lázaro ganó tres campeonatos consecutivos con el Mantilla Juvenil, entre 1957 y 1959. Esta racha se cortó en 1960 ante el Cabañas de Cojímar por un magistral pitcheo del curveador reglano Manolito Hurtado, un serpentinero que luego brilló con los Industriales y el equipo Cuba.

Ruiz fue el piloto de la selección nacional juvenil al primer campeonato mundial de esta categoría celebrado en México, en 1956. También comandó la novena para el Mundial de Santo Domingo (1957) y en Venezuela (1960).

A comienzos de 1960 en una presentación de peloteros ante buscadores de talento de Grandes Ligas celebrada en el pueblo de Güira de Melena, Lázaro, a través del dirigente del béisbol estadounidense Alex Pompez (hijo de cubano nacido en Cayo Hueso) fue quien hizo posible la firma de José Cardenal con los Gigantes y de otros ocho jóvenes que incluyeron dos de ese municipio, el jardinero José Antonio Pedroso “Erito’’ y el inicialista zurdo Julián Miró (con 15 años).

Después que su nombre adquirió reconocimiento nacional algunos dirigentes de la pelota profesional vieron en Ruiz a un futuro mánager de uno de los cuatro equipos tradicionales de aquella Liga Invernal, que fue desde principio del pasado siglo el segundo mejor torneo profesional del mundo.

En el campeonato 1959-60, Lázaro fue asistente de los Tigres de Marianao que estuvo dirigido por Napoleón Reyes, teniendo también como entrenadores a José María Fernández y Juanito Izaguirre. En este equipo militaron estelares como Orestes Miñoso, Julio Bécquer, René Frior, Mike Fornieles, Andrés Ayón, Zoilo Versalles, José Valdivielso y José Tartabull, así como el lanzador norteamericano Bob Locke.

Antes de ser auxiliar con los Tigres, Ruiz había guiado una novena semiprofesional de reserva del profesionalismo, ganando el campeonato en Arroyo Arena.

En 1961, por oponerse al nuevo sistema político implantado en Cuba, Ruiz fue separado como dirigente del elenco antillano para el campeonato mundial juvenil en La Habana donde estuvieron dos lanzadores de enorme calidad como lo fueron el zurdo Manuel “Amorós’’ Hernández y el derecho Manolito Hurtado, así como ocho estelares que actuaban con Lázaro en Mantilla entre los que se destacaban Ángel “Jabao’’ Suárez, René “Macuto’’ Salazar y Marcial Rodríguez.

El afamado periodista Pedro Galiana, que contaba con gran influencia con los Leones del Habana, buscaba llevar a Lázaro como estratega de este equipo en la gloriosa Liga Cubana. Pero meses después se eliminó el profesionalismo y el sueño de dirigir a los Rojos se esfumó.

Ruiz logró salir de Cuba en viaje directo a Miami en 1963 reclamado por Alex Pompez, scout de los Gigantes de San Francisco. Ya radicado en Estados Unidos siguió como buscador de talento para los Gigantes, puesto que luego ocupó con los Padres de San Diego recomendado por Pedro “Preston’’ Gómez (dirigente de este equipo) y con los Angelinos de California.

Participó como coach en los torneos profesionales de Latinoamérica con la novena de La Guaira en Venezuela, y en México con los Diablos Rojos junto a Preston Gómez cuando éste sustituyó en la dirección a Lázaro Salazar (El Príncipe de Belén).

Lázaro fundó en 1975 en Elizabeth, New Jersey, una Academia que llevó el nombre de Basilia (el de su mamá) y la trasladó en 1994 a Miami donde la mantuvo hasta su retiro en 2010. Ruiz y su madre fueron siempre inseparables, y en el Estadio del Cerro todos los fanáticos conocían y querían a su progenitora, además de que era muy amiga del inmortal pelotero Martín Dihigo.

Ruiz también dirigió novenas donde participaron peloteros semiprofesionales en Nueva York en el Torneo Carnaval de Campeones de la Liga Federación Atlética Hispana, organizada por el cubano Tony LaRondo y patrocinado por la cerveza Miller. Por su meritoria labor en dicha ciudad fue elegido al Salón de la Fama de dicha institución deportiva.

Lázaro deja cinco hijos: Elizabeth Ruiz Fernández, Miriam Ruiz, Lázaro Ruiz Jr, Larry Ruiz y José Lázaro Ruiz, que le dieron 11 nietos: Larry Angelo Ruiz, Robert Aguilar, Joshua Ruiz, Christian Meléndez, Jordan Ruiz, Angelique Ruiz, Dionara McDermott, Jayden Ruiz, Remi Fernández, Dylan Ruiz y Delilah Ruiz.

A esta linda familia, les pido que tengan la comprensión y la conformidad necesaria en este momento tan doloroso.

¡Descansa en Paz, mi amigo y leyenda del béisbol cubano, Lázaro Ruiz!