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Exministro israelí: "La reforma judicial de Netanyahu es un golpe de Estado"

Tel Aviv, 27 ene (EFE).- Nitzán Horowitz, exministro de Sanidad y principal líder izquierdista del anterior Gobierno israelí, advierte en una entrevista con EFE de que la reforma judicial impulsada por el nuevo Ejecutivo de Benjamín Netanyahu representa "un golpe de Estado sin tanques" e insta a continuar con las protestas "para salvar la democracia".

Durante el año y medio que sirvió como ministro de Sanidad, Horowitz fue una de las voces más combativas de un Gobierno compuesto por partidos de todo el arco político.

Como líder del partido Meretz, representó los intereses de una izquierda israelí cada vez más minoritaria y que en las elecciones del pasado mes de noviembre obtuvo el peor desempeño de su historia.

A días de haber abandonado su puesto y temporalmente alejado de los pasillos de la Knéset (Parlamento), Horowitz se ha involucrado en el movimiento de protesta contra el nuevo Ejecutivo y tomado parte en las manifestaciones que tienen lugar casi a diario en distintos puntos del país contra la reforma judicial del nuevo Gobierno.

"Ellos lo llaman una reforma pero no es más que una destrucción de la Justicia", señala, ya no como político sino como un "ciudadano preocupado".

Se refiere a la iniciativa impulsada por Netanyahu y sus socios para otorgar más poder al Ejecutivo en detrimento de la Justicia, cuya independencia se vería profundamente debilitada.

"Quieren tener poder ilimitado y eso no es una democracia, es una dictadura", denuncia Horowitz, que antes de involucrarse en política fue abogado y periodista.

Según él, esta reforma tiene también por objetivo detener el juicio que enfrenta Netanyahu desde hace casi tres años acusado de fraude, cohecho y abuso de confianza, en tres casos distintos de corrupción.

"UNA OFENSIVA NACIONALISTA Y RELIGIOSA"

La preocupación del exministro no se acaba en esta reforma sino que se extiende a una larga lista de propuestas e iniciativas promulgadas por los socios ultraortodoxos y ultraderechistas del primer ministro, en el marco de lo que describe como una "ofensiva nacionalista y religiosa contra la estructura democrática de Israel".

"Temo que aprobada la reforma vayan a por libertades básicas como la participación de minorías en el proceso democrático, que limiten el trabajo de organizaciones de derechos humanos y de la sociedad civil, que impongan normas religiosas a la sociedad en general", menciona, antes de llegar a una cuestión especialmente sensible para él.

"Estoy muy preocupado por la situación de la comunidad LGBTI, se siente un clima de violencia en las calles que es resultado de las declaraciones homófobas de miembros del nuevo Gobierno", apunta Horowitz, quien ha sido víctima de insultos en los últimos meses, como uno de los referentes políticos del colectivo.

Más allá de la retórica, el ala más extremista de la coalición busca implementar cambios concretos como una polémica enmienda a la ley antidiscriminación, que afectaría a la comunidad.

Horowitz teme además que el nuevo Ejecutivo revierta la abolición de la terapia de conversión que él mismo decretó cuando era ministro de Sanidad, o incluso cancele el reconocimiento de parejas del mismo sexo.

"NO SÉ SI VEO LUZ AL FINAL DEL TÚNEL"

"Sinceramente no sé si veo luz al final del túnel", reconoce, e insta a la población a no bajar los brazos y seguir con las protestas.

Tras dos semanas de manifestaciones multitudinarias -superando incluso las 120.000 personas-, este sábado está prevista una tercera protesta masiva en Tel Aviv, que se espera se replique en ciudades como Haifa y Jerusalén.

A estas se sumó también esta semana una huelga de trabajadores de alta tecnología, ante el temor de que la erosión de la democracia en el país desencadene una merma en las inversiones desde el extranjero en el sector privado local.

Sobre el impacto del nuevo Gobierno en el conflicto con los palestinos, Horowitz cree que la designación de un líder colono de extrema derecha como ministro de Defensa adjunto -Bezalel Smotrich- generará problemas en la administración israelí de los territorios palestinos ocupados y derivará en un estado de caos generalizado en Cisjordania ocupada.

"Caos en Cisjordania significa violencia, significa anarquía y significa más derramamiento de sangre", matiza.

Su principal temor es, sin embargo, puertas adentro, y radica en qué futuro le espera al país y a las próximas generaciones de israelíes.

"Mis padres vinieron aquí para asentarse y no tener que volver a migrar. Con ese fin se creó el Estado judío, para ser libres en nuestra tierra. Pero si esta tierra deja de ser libre, entonces estamos ante un golpe mortal al proyecto sionista", opina.

"No tenemos una alternativa, este es nuestro país y no tenemos a dónde más ir, así que tendremos que luchar", concluye.

Pablo Duer

(c) Agencia EFE