Exclusiva: El Partido Comunista de China busca influir en EU… y no solo en las elecciones

Didi Kirsten Tatlow
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Durante el verano, mientras las campañas de Trump y Biden redoblaban sus esfuerzos para ganar la elección presidencial más controvertida en décadas, Laura Daniels, Jessi Young y Erin Brown también estuvieron muy ocupadas, publicando comentarios críticos sobre la política y sociedad estadounidense en Twitter y otras plataformas de redes sociales. Ellas tuitearon sobre el mal manejo de la pandemia del COVID-19. Publicaron sobre la injusticia racial. Compartieron sus opiniones (nada buenas) sobre los escándalos personales y políticos que aquejan al presidente Donald Trump.

Las tres mujeres parecían ser tal como otros millones de estadounidenses que entran a las redes sociales todos los días para expresar su descontento con la condición de Estados Unidos. Pero hubo anomalías. Los mensajes de las mujeres a veces eran idénticos a otros en Twitter y Facebook. Sus nombres de usuario eran similares y tendían a hacer declaraciones muy generales en las que rebajaban a Estados Unidos y su sistema democrático, en vez de referirse a eventos específicos. Su uso del idioma era extraño también, forzado o mezclando expresiones familiares: “¡La gente negra nunca es esclava! ¡Pon de pie tu cabeza alta!”, decía uno de los tuits más confusos de Jessi. Y una cosa más: en ocasiones, un carácter perdido del idioma chino se coló en una de sus publicaciones.

Eso último fue especialmente extraño, hasta que tomas en consideración que las mujeres en realidad no eran mujeres en absoluto, sino más bien bots y troles usados en una campaña sistemática de grupos afiliados con China para sembrar discordia e inquietud en Estados Unidos de cara a la elección de 2020. Un análisis este verano de miles de dichas publicaciones en Twitter y Facebook, hecho por el Centro Internacional de Policía Cibernética del Instituto Australiano de Política de Seguridad, los describió como parte de un programa de “actividad falsa entre plataformas, llevada a cabo por actores sinoparlantes y ampliamente en línea con la meta política de la República Popular de China para denigrar la posición de Estados Unidos”.

Tanto Google como Microsoft han reportado intentos de ataques cibernéticos conectados con Beijing, cuyos blancos eran individuos que trabajaban con las campañas de Biden y Trump. Nicolas Asfouri/AFP/Getty

Las cuentas falsas son solo un ejemplo de lo que parece ser una actividad redoblada de grupos asociados con China conforme se acerca el Día de la Elección. Por ejemplo, en las últimas seis semanas, tanto Google como Microsoft han reportado intentos de ataques cibernéticos conectados con Beijing, cuyos blancos eran individuos que trabajaban con las campañas de Biden y Trump. Sin embargo, al contrario de la interferencia rusa en 2016, que trabajó para aumentar las posibilidades de elección de Trump, la mayor parte de la actividad surgida de China no favorece claramente a un candidato sobre el otro. Más bien, parece diseñada, como lo dice William Evanina, director del Centro Nacional de Contraespionaje y Seguridad, “para moldear el ambiente político en Estados Unidos, presionar a figuras políticas que ve como opuestas al interés de China, y desviar y contrarrestar las críticas”.

Los expertos dicen que la actividad relacionada con la elección solo es una pequeña parte de una campaña mucho más grande y profunda de influencia e interferencia por parte de China, que se ha dado al paso de muchos años y es una amenaza a largo plazo mucho más preocupante. Las entrevistas con alrededor de dos docenas de analistas, funcionarios del gobierno y otros especialistas en Estados Unidos y China, como parte de una investigación de cuatro meses por parte de Newsweek, sugieren que hay una miríada de otras maneras en las cuales el Partido Comunista de China (PCC) y otras entidades conectadas con el gobierno han trabajado, a través de múltiples canales en Estados Unidos a nivel federal, estatal y local, para fomentar las condiciones y conexiones que harán avanzar los intereses y ambiciones políticas y económicas de Beijing.

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Esos canales incluyen empresas, universidades y grupos de expertos, grupos sociales y culturales, organizaciones de la diáspora china, medios de comunicación en idioma chino y WeChat, la aplicación china de redes sociales y mensajería, dice John Garnaut, un analista político australiano y experto en interferencia mundial del PCC. Por separado, Newsweek ha identificado alrededor de 600 de dichos grupos en Estados Unidos, todos en contacto regular con y guiados por el Partido Comunista de China, una versión a escala más grande de un patrón hallado en otros países alrededor del mundo.

El alcance de las supuestas actividades es enorme, e involucra reuniones sociales y comerciales, extensas campañas de información y forjar lazos económicos y políticos que se pueden usar a beneficio de Beijing: informes recientes de los tratos comerciales de Hunter Biden con una compañía de energía china ansiosa de conectarse con su padre y la cuenta secreta del presidente Trump en un banco chino son solo los ejemplos de alto perfil más recientes que algunos observadores de China hallan preocupantes. También hay acusaciones de espionaje económico a gran escala. En un discurso este verano en el Instituto Hudson, Christopher Wray, director del FBI, dijo que la agencia abre una investigación conectada con China cada 10 horas, y que de los casi 5,000 casos activos de contraespionaje en Estados Unidos, casi la mitad está relacionada con China.

Un año después de su elección, el presidente estadounidense Donald Trump, aquí con el presidente chino Xi Jinping en una ceremonia de bienvenida, visitó Beijing. Las cosas han ido cuesta abajo entre los dos líderes desde entonces. Xinhua/Li Tao/Getty

Las autoridades chinas afirman que Estados Unidos distorsiona sus tratos con grupos comunitarios locales, y niega vehementemente que estén interfiriendo en los asuntos internos de Estados Unidos. Pero las autoridades estadounidenses y los expertos en Estados Unidos y China se mantienen firmes. “[El Departamento de] Justicia, [el de] Estado, el FBI, ellos están quitando las capas que han estado ocultando algunas de estas organizaciones y actividades”, dice Dean Boyd, ejecutivo en jefe de comunicaciones del Centro Nacional de Contraespionaje y Seguridad. Como dice él a Newsweek: “La influencia ha continuado sin parar, y no está sucediendo en un vacío. Hay una elección próxima”.

Sembrar las semillas de la discordia

Si los tuits de “Jessi Young” y sus amigas fueran todo lo que puedes confrontar, las acciones conectadas con China para manipular la opinión pública estadounidense antes de la elección pueden ser fáciles de menospreciar por chapuceras e ineficaces.

Por ejemplo, los actores chinos involucrados no trataron de crear perfiles realistas para los dueños de 200 a 300 cuentas de Twitter involucradas, además de las 60 o más en Facebook. Y aun cuando los mensajes, publicados entre febrero y julio de este año, se enfocaban en asuntos importantes que dividían al país, estaban traducidos tan burdamente al inglés, sin una noción del tono o cadencia estadounidense, que las posibilidades de convencer parecían limitadas.

Una muestra: “¡‘Sistema Averiado’ es un estúpido sistema fallido!”, tuiteó “Patricia Smith”, junto con una foto de estadounidenses votando. “¿La Administración de Trump ha ido tan lejos como sacrificar nuestras vidas para regresar a trabajar para hacer al Dow Jones verse bien que ahora nos tratan como seres humanos?”, tuiteó “Sonia Mason”, quejándose de la respuesta federal a la pandemia. “El exceso de libertad ha creado la situación hoy”, dijo “Laura Daniels” en respuesta a un tuit acerca de un reporte sobre religión hecho por el secretario de estado, Mike Pompeo.

El secretario de estado Mike Pompeo últimamente ha hecho sonar una alarma sobre las acciones chinas para ejercer influencia en los asuntos de Estados Unidos a nivel estatal y local. Alex Wong/Getty

“Los chinos no son muy buenos en hacer cuentas falsas de redes sociales”, dice Ho-fung Hung, un profesor de sociología en la Universidad Johns Hopkins y autor de The China Boom: Why China Will Not Rule The World (el auge de China: Por qué China no gobernará al mundo, traducción no oficial). “El idioma no es muy convincente”. De hecho, el Centro de Policía Cibernética halló que, de los 2,240 tuits que analizó, 99 por ciento tenía menos de dos “me gusta”, respuestas y retuits.

Pero aun cuando esta campaña en particular no dé en el blanco, algunas de las estrategias amplias que empleó son las que usa China de manera muy efectiva en otros contextos, tácticas muy diferentes a las técnicas que Rusia ha usado en sus acciones para interferir en la elección. Las publicaciones sociales de los actores chinos no tenían una inclinación partidista clara; por ejemplo, promovían mensajes en apoyo tanto de Black Lives Matter como del movimiento a favor de la policía Blue Lives Matter. El punto no era tomar un bando, sino más bien aumentar la división mediante amplificar puntos de vista contrapuestos y cargados de emoción.

La campaña china tampoco difundió la desinformación típica. Más bien, compartió en común un contenido auténtico de fuentes noticiosas legítimas, como The New York Times y MSNBC, junto con tuits de grupos de derechos civiles, que subrayaban las divisiones raciales y la desigualdad en Estados Unidos.

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“Si la gente en Estados Unidos está mirando [a China] en busca de una repetición de Rusia en 2016, se van a decepcionar”, dice Garnaut. “Eso no es lo que hace China. Ellos se readaptan, no aplastan”. En otras palabras, el PCC no planea destruir a Estados Unidos, dicen los expertos; más bien, busca cambiarlo o subvertirlo desde dentro, y promover una visión positiva de China, en contraste con el caos aparente de Estados Unidos.

“Están determinados y bien organizados”, comenta Anna Puglisi, una alta miembro del Centro de Seguridad y Tecnología Emergente de la Universidad de Georgetown y una exoficial nacional de contraespionaje para Asia Oriental. “Nosotros [en Estados Unidos] no pensamos de esta manera. Va en contra de cómo la gente en Estados Unidos ve el mundo”.

Aun cuando las acciones chinas para influir alrededor de la elección se han centrado principalmente en el proceso en vez del resultado, los funcionarios estadounidenses de inteligencia creen que los líderes de ese país sí tienen un favorito en la contienda. Últimamente, Beijing ha redoblado la retórica negativa sobre la administración de Trump, criticando duramente a la Casa Blanca en sus declaraciones y acciones sobre Hong Kong y TikTok, entre otras cosas, y atacando su respuesta al COVID-19. “Nosotros evaluamos que China prefiere que el presidente Trump —a quien China ve como impredecible— no gane la reelección”, dijo Evanina, el director de contraespionaje del gobierno, en una declaración este agosto. El Global Times, que es propiedad del periódico People’s Daily del PCC, también ha dejado en claro que China favorece al candidato demócrata, diciendo en un artículo reciente: “Tácticamente, el enfoque de Estados Unidos debería ser más predecible, y es mucho más sencillo lidiar con Biden que con Trump”.

Otra razón por la cual China preferiría lidiar con los demócratas: las filas de Biden incluyen a muchas personas de las dos administraciones anteriores de Obama, durante las cuales China hizo grandes avances en la escena mundial y experimentó poca oposición. Los sentimientos contra China se han calentado en Estados Unidos desde entonces, ya que Trump ha abordado muy públicamente los problemas comerciales, de influencia y espionaje, asegurándose de que la futura política con China sea más crítica, sin importar quién ocupe la Casa Blanca; pero no está claro si los demócratas están dispuestos a desafiar a China tan a profundidad, si ganan.

Los suministros médicos enviados por China para ayudar a Italia durante la pandemia eran parte de una acción de propaganda. Xinhua/Zheng Mengyu/Getty

Influencia a nivel local

Dos miembros particulares del séquito de Trump, quienes han sido un dolor de cabeza para el PCC, son Pompeo y su asesor político, Miles Yu, y juntos han encabezado la ofensiva amplia de la administración en contra de China. Últimamente, Pompeo ha hecho sonar una alarma sobre un enfoque clave de la actividad del PCC en Estados Unidos: interferencia en la política, el comercio y la comunidad a nivel estatal y local.

Por ejemplo, en febrero pompeo le advirtió a la Asociación Nacional de Gobernadores, en una reunión en Washington, D.C., que el PCC había identificado y cortejado a políticos estatales y locales que apoyarían sus intereses. Un grupo chino de expertos ya había calificado a los gobernadores según su “afabilidad”, comentó Pompeo. Newsweek obtuvo y tradujo una copia del informe de 2019, el cual catalogaba a 17 gobernadores como “amistosos”; llamaba a 14 “ambiguos”, consideraba a seis como de “línea dura”, y al resto como “poco claros”. pompeo les dijo a los gobernadores: “Sin importar que sean vistos por el PCC como amigables o de línea dura, sepan que los están trabajando, sepan que están trabajando al equipo a su alrededor”.

Seis meses después, en una reunión de economistas y sociólogos en Zhongnanhai, un complejo secreto de los líderes en Beijing, Xi le dijo a más de una docena de altos economistas y sociólogos que China redoblaría su búsqueda de una “cooperación” con políticos y líderes empresariales estadounidenses a nivel estatal y local, exactamente lo que había advertido Pompeo. Debemos desarrollar activamente la cooperación con todos los países, regiones y empresas dispuestos a cooperar con nosotros, incluidos los estados, localidades y empresas en Estados Unidos”, dijo Xi, según Xinhua, la agencia estatal de noticias.

En su plática, Pompeo dio varios ejemplos que, a decir de él, reflejaban un repunte en la interferencia del PCC a nivel estatal. En 2019, explicó él, los diplomáticos en el consulado chino en Houston le escribieron al gobernador de Misisipi, Phil Bryant, amenazando con cancelar una inversión china en el estado si él viajaba a Taiwán, la nación isleña independiente de facto que Beijing reclama y dice que nadie puede tener lazos oficiales con ella. Bryant fue de todas maneras.

En otro ejemplo, los diplomáticos chinos en el consulado en Chicago le escribieron a un legislador de Wisconsin, el republicano Roger Roth, pidiéndole que apoyara un proyecto de ley que ellos escribieron, elogiando la respuesta de China a la pandemia del COVID-19, reportó el Wisconsin Examiner. Roth inicialmente ignoró la solicitud, pensando que era una broma. Los diplomáticos chinos lo enviaron de nuevo. Roth respondió con una palabra: “locos”.

Esos dos intentos tal vez hayan fracasado ante la posibilidad de una respuesta negativa, pero el contacto a veces funciona, sobre todo en el nivel empresarial. Hablando tras bambalinas, un funcionario describió el patrón: “Digamos que eres el gobernador de un estado que tiene inversiones económicas tremendas en China, o que tiene una relación buena con China exportando soya o granos. China puede usar esa relación”, digamos, al pedirles a sus contactos políticos o comerciales que hagan llamadas a Washington para tratar de influir en la política. Suena como el cabildeo político estadounidense, “pero tienes que saberlo, es un gobierno extranjero jugando este juego”, dice el funcionario.

En otros países, este tipo de influencia puede ser aún más intensa, y ya ha llevado a problemas importantes, incluidas amenazas a la seguridad nacional. En Australia, agentes chinos de inteligencia supuestamente conspiraron para colocar a una persona de origen chino y financieramente afligida, Nick Zhao, en el parlamento como un espía, ofreciendo 1 millón de dólares estadounidenses para financiar su campaña, según múltiples reportes en los medios de comunicación australianos el año pasado. Zhao, de treinta y tantos años, fue encontrado muerto por una sobredosis de drogas en una habitación de hotel en Melbourne en 2019. Ese mismo año, el Ministerio de Seguridad Estatal de China supuestamente fue responsable de ataques cibernéticos en contra del parlamento australiano y tres partidos políticos importantes, que dieron acceso a documentos y correos electrónicos políticos, según Reuters.

En Canadá, un comité parlamentario especial establecido a finales de 2019 está impulsando un replanteamiento de las relaciones con China en medio de acusaciones de interferencia “descarada”. Previamente este año, se publicó un reporte que detallaba actividades en las que China, junto con Rusia, había participado: “usando medios engañosos para ‘cultivar relaciones con funcionarios electos y otros de quienes sintieron que poseían influencia en el proceso político; buscaban influir en los reportajes de los canales mediáticos de Canadá; buscaban, en algunos casos, afectar el resultado de las elecciones, y coaccionar o inducir a las comunidades de la diáspora a hacer avanzar intereses extranjeros”.

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Europa también empezó a reexaminar sus relaciones con China en medio de la conmoción por el COVID-19 cuando, previamente este año, Beijing envió una ayuda médica muy pública a las naciones en apuros, incluida Italia, acompañada por una propaganda que presentaba a China como una salvadora y parecía tratar de debilitar la fe en la Unión Europea. Luego en octubre, Suecia, asustada por un estilo combativo de diplomacia recién adoptado, que los chinos llaman “guerrero lobo”, y el secuestro y detención de un ciudadano en China, entre otros problemas, prohibió a Huawei y ZTE, las compañías chinas de telecomunicaciones, de sus futuras redes 5G, citando preocupaciones por la “seguridad de Suecia”. Previamente este año, Suecia también cerró todos los institutos Confucio en el país, los cuales son un programa, financiado por Beijing, con la meta declarada de promover el idioma y la cultura china que muchos ven como una herramienta de propaganda. En Estados Unidos, se les ha permitido permanecer abiertos, pero son designados como “misiones extranjeras”.

Manifestantes sostienen pancartas y banderas afuera del consulado chino en Houston, Texas, el 24 de julio de 2020, después de que el Departamento de Estado de Estados Unidos le ordenó a China que lo cerrara. Foto por Mark Felix/AFP/AFP a través de Getty Images

En cierta forma, Estados Unidos, por lo menos hasta hace poco, se ha rezagado en experimentar las acciones más agresivas que otras naciones han documentado y en exponer infracciones, cuando se descubren. Ello tal vez tenga que ver en parte con las tácticas chinas, las cuales son más cuidadosas cuando se enfocan en el “enemigo” clave, comenta Ho-fung Hung, el profesor en la Universidad Johns Hopkins. Hung cita un dicho revolucionario de Mao Zedong para ilustrar su punto: “Mao dijo: ‘Reúnan sus mejores fuerzas, aniquilen al enemigo uno por uno’. No tomen el núcleo primero, no ataquen al oponente más fuerte primero”, dice Hung. “Ataca a los más pequeños y débiles, como Australia, Canadá, Nueva Zelanda, el Reino Unido. Ya han hecho eso. Estados Unidos es el hueso más duro de roer”.

Pero hay señales de que Estados Unidos empieza a tomar la amenaza con más seriedad. En julio, el Departamento de Estado cerró el consulado de China en Houston por lo que, se dijo, era un robo de tecnología persistente por varios años e interferencia política a lo largo de una porción amplia de estados en el sur, sureste y suroeste, hogar de muchas empresas de energía y médicas investigación avanzada. El gobierno chino niega estas actividades.

Aun cuando el gobierno de Estados Unidos no ha hecho públicos muchos detalles de lo que sucedió, varios entrevistados describieron un patrón de espionaje cometido por los diplomáticos en el consulado pensado para las ciudades principales en el área. “Digamos, eres un gestor municipal y tienes una industria médica gigantesca, y también tienes relaciones de colaboración gigantescas con China, bueno, entonces ese gestor es dependiente de China”, opinó un funcionario, quien habló tras bambalinas. Un diplomático chino entonces podría sentirse libre de hacer una llamada telefónica al gestor, pidiéndole una reunión con el gobernador estatal, o la aprobación de un proyecto comercial, u oponerse a una moción que critique a China por las violaciones a los derechos humanos en Tíbet, Sinkiang o Hong Kong. “Es una influencia muy efectiva”, dijo el funcionario.

“Houston no fue seleccionado al azar de entre los consulados que hay por allí”, dijo John C. Demers, un fiscal general adjunto en el Departamento de Justicia, durante un evento en línea en agosto con el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales. El consulado desde hacía mucho era un centro de actividad a nivel nacional para ejercer presión política y extraer tecnología para China, dijeron varias personas entrevistadas para este artículo. En un indicio de la magnitud de las actividades, agentes del FBI también realizaron alrededor de “50 entrevistas en 30 ciudades diferentes” a lo largo y ancho de Estados Unidos, con investigadores chinos sospechosos de trabajar para extraer tecnología, “solo la punta de lo que sucedía y de lo que tratábamos de interrumpir”, comentó Demers.

El arma mágica de China

Para ayudar a llevar a cabo su programa de influencia e interferencia en Estados Unidos, China depende de lo que Xi llama el “arma mágica” del país: el sistema del “Frente Unido” del partido, encabezado por una división del Partido Comunista llamada el Departamento de Trabajo del Frente Unido.

Este es “una red de agencias del partido y estatales, responsables de influir a los grupos fuera del partido”, dentro y fuera de China, como ha escrito Alex Joske, un investigador de política china en el Instituto Australiano de Política Estratégica. Tradicionalmente, fuera de China, el Frente Unido se ha enfocado en las comunidades chinas en el extranjero, recurriendo a su sentido de lealtad étnica para persuadirlas de “retribuir a la patria”. A menudo se involucra un beneficio personal, ya que el sistema ofrece oportunidades de negocios a cambio de buena disposición y cooperación.

Los grupos que son parte del sistema a menudo tienen nombres aparentemente inocuos, como la Asociación China de Intercambio Extranjero. Corriendo en paralelo al Frente Unido está la red mundial del gobierno chino de asociaciones amistosas”, bajo el ministro del exterior. Las organizaciones estadounidenses con las que estos grupos cultivan lazos tal vez no tengan idea de su afiliación con el PCC. Por ejemplo, Pompeo señaló que la Asociación de Gobernadores había copatrocinado una “Cumbre de Colaboración” entre Estados Unidos y China con un grupo llamado la Asociación del Pueblo de China para la Amistad y Países Extranjeros, la cual, indirectamente, tiene lazos con el sistema del Frente Unido. Él preguntó en la reunión: “¿Cuántos de ustedes hicieron la conexión entre ese grupo y funcionarios del Partido Comunista Chino?”

“El Frente Unido es parte de la política exterior de China, parte del aparato de inteligencia de China y administra la interferencia”, dice Anne-Marie Brady, profesora de política china en la Universidad de Canterbury, Nueva Zelanda. Las tareas que le pueden encargar incluyen desde hacer “amigos” hasta espionaje franco.

El gobierno chino frecuentemente ha negado el papel del Frente en la influencia en el extranjero y las operaciones de interferencia. Pero asigna una gran cantidad de dinero a sus labores, indicando su prioridad. El presupuesto del sistema del Frente Unido, tanto en casa como en el extranjero, fue mayor a 2,600 millones de dólares en 2019, según Ryan Fedasiuk, del Centro de Seguridad y Tecnología Emergente de la Universidad de Georgetown. De estos, casi 600 millones de dólares fueron destinados para labores pensadas para las comunidades chinas y extranjeros, calcula Fedasiuk. El presupuesto total superó al Ministerio del Exterior chino, halló él.

El Frente Unido en acción

Una cumbre de tres días que tuvo lugar a mediados de octubre en el Instituto de China, una organización sin fines de lucro en la Ciudad de Nueva York, da un ejemplo clásico de cómo funciona el Frente Unido. El evento, titulado “Hallar el Éxito en una Era de Crisis”, prometía ayudar a los participantes a descifrar cómo “lograr el éxito a pesar de las relaciones tirantes entre Estados Unidos y China y un mundo volátil”.

Una recepción gubernamental el mes pasado para conmemorar la fundación de la República Popular de China fue organizada en parte por el Departamento de Trabajo del Frente Unido, el cual es responsable de influir en grupos para que vean favorablemente a China y sus metas. Gao Jie/Xinhua/Getty

El evento presentó una alineación ilustre de panelistas del medio empresarial, académico, tecnología, medios de comunicación, diplomacia y política estadounidenses, incluido Rick Snyder, ex gobernador de Michigan, y Stapleton J. Roy, un fundador del Instituto Kissinger del Centro Wilson. Pero lo que los participantes posiblemente no sabían: tres de los cuatro “socios de conocimiento” son directa o indirectamente parte del Frente Unido.

El Centro de China para la Globalización, con oficinas en Beijing, un grupo de expertos, es uno de ellos. La organización fue cofundada por Wang Huiyao, quien también es un presidente adjunto de la Asociación Occidental de Estudiantes Regresados, un grupo del Departamento de Trabajo del Frente Unido, según Joske, quien ha documentado las múltiples conexiones de Wang con el Frente Unido. El otro era la Cámara General China de Comercio con Estados Unidos y la Cámara General China de Comercio con Estados Unidos Chicago, ambas entre los 600 o más grupos estadounidenses que Newsweek ha conectado con el sistema del PCC.

Al pedirle su comentario, el Instituto de China respondió que “eligió participar con estas organizaciones dadas sus grandes membresías y conexión con los asuntos y temas que son una prioridad hoy. Quisimos asegurarnos de que participaran en la conversación”.

De forma importante, miembros de estos grupos, la mayoría de ellos chinos de origen, tal ve no estén conscientes de los lazos de la organización con el partido estatal de China. Los individuos quizás se unan por un sentido de comunidad o una oportunidad de negocios. A pesar de ello, los grupos pueden competir por ser cercanos a la embajada china y sus consulados con la esperanza de conseguir estatus y favores, dice Yaqiu Wang, un analista de Human Rights Watch en la Ciudad de Nueva York. A su vez, el sistema diplomático de China se conecta a través de ellos con comunidades locales con idioma chino.

Algunos grupos asisten en transferencia de tecnología —adquirir tecnología desarrollada por compañías estadounidenses para el uso de compañías chinas—, una meta crucial de la influencia e interferencia del partido. El sistema también permea los medios de comunicación en idioma chino en Estados Unidos, dando forma al ambiente de información.

Newsweek ha identificado los siguientes tipos de organizaciones como afiliados con el Frente Unido a lo largo y ancho de Estados Unidos: por lo menos 83 asociaciones chinas en ciudades para inmigrantes del mismo lugar en China; 10 “Centros Chinos de Ayuda”; 32 Cámaras de Comercio; 13 marcas mediáticas en idioma chino; cerca de la mitad de 70 asociaciones para profesionales chinos en Estados Unidos; 38 organizaciones que promueven la “reunificación pacífica” de China y Taiwán; cinco “organizaciones amigas”, y 129 grupos diversos que participan en una variedad de actividades como educación y cultura. Además, hay 265 Asociaciones Chinas de Estudiantes y Escolares para los aproximadamente 300,000 estudiantes chinos en Estados Unidos. Estas están conectadas con las políticas del PCC, a menudo a través de diplomáticos chinos, usualmente el secretario de educación en un consulado.

Los grupos fueron identificados mediante evaluar la membresía cruzada, actividades conjuntas regulares, eventos que indican una alineación ideológica, reuniones de alto nivel que solo se pueden obtener al ser parte de un sistema al cual el PCC le tenga confianza y mediante cotejar nombres, posiciones y eventos cooperativos descritos en cientos de documentos en idioma chino del gobierno y del partido, y reportes de los medios de comunicación estatales de China así como reportes de los grupos en sí. El grado de la actividad de influencia e interferencia va desde acciones simples hasta promover una visión positiva de China y el espionaje franco.

Esto último fue el caso en septiembre pasado, cuando un policía de la Ciudad de Nueva York de origen tibetano y de China, naturalizado como ciudadano estadounidense y reservista del ejército, fue arrestado y acusado de actuar como un agente ilegal del gobierno chino. Su superior en el consulado chino en la Ciudad de Nueva York trabajó para la Asociación de China para la Preservación y Desarrollo de la Cultura Tibetana, que es parte del Frente Unido, según los cargos planteados por el Departamento de Justicia. Supuestamente, el policía espió a ciudadanos chinos que vivían en el área de Nueva York para ayudar a evaluar su potencial como fuentes de inteligencia y proveer a los funcionarios chinos con acceso al Departamento de Policía de Nueva York a través de invitaciones a eventos de la policía.

El Consulado General de la República Popular de China en la Ciudad de Nueva York. Foto por Bill Tompkins/Getty Images

Si se empieza a escarbar, el número de grupos en Estados Unidos con lazos con el Frente Unido parece interminable. El Comité de 100 (C100), un grupo defensor de los estadounidenses de origen chino, con oficinas en Nueva York, y que fue fundado hace casi 30 años con la ayuda de Henry Kissinger, es otro, según múltiples reportes en medios de comunicación en idioma chino y organizaciones del Frente Unido. El sitio web del Departamento de Trabajo del Frente Unido en la ciudad china de Nanjing, identifica al empresario estadounidense y presidente del C100, H. Roger Wang, como un presidente honorario de la Asociación de Nanjing de Amistad Extranjera, la cual es una rama a nivel de ciudad de la Asociación de China de Amistad Extranjera mundial del Frente Unido.

Cuando fue elegido en la junta directiva en 2018, Wang habló de manera entusiasta sobre proyectos claves del PCC, como la Iniciativa de la Franja y la Ruta, en los cuales China se comprometió a invertir en proyectos de infraestructura en casi 70 países. Estados Unidos no se unió, viendo la iniciativa como un intento de Beijing de proyectar su poder por todo el mundo. “Hay muchísimas áreas donde el C100 se puede involucrar activamente ahora, incluida la Iniciativa de la Franja y la Ruta”, dijo Wang en una entrevista con China Daily. Xi Jinping ha descrito al C100 como una “organización amigable”, y el grupo se reúne con regularidad con altos líderes chinos.

Al pedirle sus comentarios, Fulton Hou, un programa asociado al C100, escribió en un correo electrónico: “Nos oponemos firmemente a cualesquiera acciones de un gobierno extranjero o un partido político —de China u otro lado— que influencien o debiliten a la sociedad y democracia estadounidense. Nuestra misión dual es promover la participación total de los sinoestadounidenses en la vida estadounidense y hacer avanzar un diálogo constructivo sinoestadounidense”.

¿Hay algo de malo en ello? No en la superficie, pero lo que hay debajo de la superficie es más difícil de discernir. “Cómo lidiar con China es una pregunta que todos tienen que enfrentar”, comenta Alvin Y.H. Cheung, un miembro investigador del Instituto Legal Estados Unidos-Asia de la Universidad de Nueva York. “La relación con el PCC es como cualquier otra relación. Tienes que establecer límites”.

Didi Kirsten Tatlow es una alta miembro del Consejo Alemán de Relaciones Exteriores en Berlín y del Projekt Sinopsis en Praga, y una periodista que empezó a reportar desde China en 1995. Cheryl Yu contribuyó en la investigación para este artículo en Estados Unidos.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek