“Sin eufemismos”: ante una pérdida, cómo atravesar el duelo y hablar de la muerte con los chicos

·7  min de lectura
“La pandemia de Covid-19 expuso el tema de la enfermedad y la muerte de manera brutal", indica Jessica Polonuer, psicóloga y directora ejecutiva de la Fundación Aiken
“La pandemia de Covid-19 expuso el tema de la enfermedad y la muerte de manera brutal", indica Jessica Polonuer, psicóloga y directora ejecutiva de la Fundación Aiken

Hablar de la muerte sigue siendo difícil y más cuando hay que hacerlo con chicos o adolescentes por la pérdida de un ser querido significativo. Un equipo de profesionales que hace más de una década acompaña a menores a transitar el duelo sea o no por una muerte violenta, sobre todo en tiempos de inseguridad y secuelas latentes de la pandemia, afirma que hacerlo desde edades tempranas y de la manera más saludable posible –con sinceridad y sin eufemismos ante las preguntas y sin delegar la explicación ni esconder el propio dolor– los ayudará a pasar por ese proceso y prevenir dificultades emocionales a futuro.

Incendios en Córdoba: cuatro focos activos, uno más complicado, y la hipótesis más fuerte de cómo empezaron

“La pandemia de Covid-19 expuso el tema de la enfermedad y la muerte de manera brutal. Esto hizo que se manifestara o explicara en las familias algo de lo que en general no se habla con los chicos o los adolescentes. Pero de la muerte hay que hablar antes de que suceda. Hay que hacerlo en la escuela, inclusive desde el jardín. Y eso significa hablar de los ciclos de la vida, qué pasa cuando muere un ser vivo, integrarlo en una pedagogía. Los adultos suelen escapar al tema en una intención que se comprende. Pero todo lo que se silencia u oculta crea la ilusión de que no sucede”, explica Jessica Polonuer, psicóloga y directora ejecutiva de la Fundación Aiken, una ONG que trabaja en el acompañamiento en este proceso.

La idea de irreversibilidad (de que de la muerte no se regresa) se adquiere a alrededor de los cinco o seis años, pero en la institución reciben consultas de manera presencial o por la línea de asistencia a partir de los tres o cuatro años por la muerte de padres o hermanos. “En general, los adultos a cargo no quieren que los chicos sufran o que algo les duela. Y es importante decir que el dolor de la pérdida no se puede evitar. Cuando uno pierde a un ser querido, al padre, la madre, un hermano o un hijo va a doler, vamos a sentir tristeza. La pregunta es cómo acompañar ese dolor de la manera más saludable posible”, plantea la profesional.

Pero, ¿qué es el duelo? En la institución lo definen como un conjunto de emociones que se van manifestando en una experiencia muy radical, sobre todo en la infancia y la adolescencia, que involucra lo que se piensa, cree y siente. No tiene un plazo definido y es un proceso natural de adaptación a la pérdida.

“Decimos que el duelo por muerte empieza cuando el ser querido muere. Es la desaparición física”, enfatiza la especialista. “Y cuando uno pierde a un ser querido, necesita que el proceso sea compartido y, en general, no se sabe qué hacer en esos casos.” En el último taller de capacitación de agosto que la fundación abrió a docentes, personal de salud y familiares tuvieron 400 inscriptos. “Hay una demanda de ayuda enorme para acompañar el duelo en chicos y adolescentes”, agrega Polonuer en diálogo con LA NACION en una de las salas de la sede ubicada en Moreno al 1900, a pocas cuadras del Congreso nacional.

Con alta demanda

Como es común en el país, no hay cifras que describan esa demanda. La especialista cita estimaciones de los Estados Unidos, que coinciden con registros de Europa, que indican que un 7% de los chicos experimenta una muerte cercana antes de los 18 años. También señala que la literatura publicada reafirma que las personas con una mayor red de apoyo, un entorno familiar, de amigos o social fuerte, atraviesan el duelo de manera más esperable, con menos complicaciones.

Jessica Polonuer dirige un equipo de más de 40 profesionales voluntarios
Jessica Polonuer dirige un equipo de más de 40 profesionales voluntarios - Créditos: @Fabiola Czubaj

“El dolor [por una muerte] es algo que no se puede medir, por lo que no se podría decir qué duelo es más doloroso que otro –responde Polonuer–. Pero sí hay algunos tipos de muerte [por homicidio, suicidio o accidente], que plantean otros desafíos.” Son, por ejemplo, la imprevisibilidad, la imposibilidad de tener una explicación racional, las preguntas de por qué ocurrió o la culpa hacen que el proceso pueda ser más trabajoso. “Pero no necesariamente esos factores van a hacer que el duelo sea complicado”, agrega la especialista. Los más difíciles son, según insiste, los duelos en soledad.

Y en la infancia y la adolescencia, la pérdida de un ser querido es, para el equipo de la fundación, una de las experiencias más disruptivas, sin que eso quiera decir que todo chico o adolescente va a necesitar ayuda profesional. “Pero atravesarlo sí requiere de sostén y apoyo –dice Polonuer–. Y quienes normalmente están cerca para ofrecerlo también están en duelo. Por eso, la contención tiene que ser a la familia. Si no, con el tiempo, puede generar dificultades emocionales.”

Ante la consulta, no es fácil definir cuándo es necesario buscar ayuda. Pero la especialista aporta algunas señales de alerta: aislarse un poco es esperable, pero demasiado ya no tanto; perder interés en las tareas habituales es normal, no así que persista o tome intensidad. Habría que pedir ayuda también cuando las emociones esperables, como la tristeza o el enojo, no vayan cambiando. Lo más común, señalan en Aiken, es que los chicos y los adolescentes pasen por ese proceso sin complicaciones. De nuevo, estimaciones de otros países indican que entre un 10 y 15% puede necesitar asistencia. A la vez, un contexto desfavorable (por ejemplo, si la muerte del ser querido provoca un impacto económico fuerte en la familia o carece de redes de apoyo o está en condiciones de vulnerabilidad) complica el duelo.

El trabajo grupal con chicos y adultos en la fundación indica que mientras que los adolescentes valoran el apoyo de los pares, los más chicos buscan no sentirse solos y compartir el dolor. ¿Cómo hay que hablar sobre todo con los más chicos? Entre las recomendaciones, el equipo incluye hacerlo de manera sincera, sin frases como “Se fue de viaje”, “Nos dejó” o “Se durmió para siempre” para evitar sentimientos de abandono, fantasías o temores nocturnos.

“Hay que usar la palabra muerte, hablar con claridad y tener cuidado con el uso de las metáforas”, detalla Polonuer. Si preguntan sobre la causa, hay que poder responderles, de acuerdo con la edad. “Hay que explicar que es un hecho biológico, como en los demás seres vivos, y que cuando una persona muere no siente, no tiene frío, hambre o sed –precisa–. Esto, que los adultos quieren evitar decirles a los chicos, alivia.”

También aconsejan hablar sobre qué sucederá durante los rituales fúnebres, incluida la cremación si así ocurriera, e invitarlos a participar de esas ceremonias. Si es así, recomiendan que estén siempre acompañados de una persona cercana.

“La necesidad de formación en este tema que hay es impresionante. Sería muy bueno que existiera un mayor compromiso con iniciativas desde la salud mental y la educación para abordar la muerte y el duelo”, finaliza la especialista.

Once consejos para explicarle la muerte a un chico

  • Hablar de la muerte antes de que acontezca. Utilizar ejemplos de la naturaleza.

  • Pensar cuándo y cómo dar la noticia.

  • Intentar no delegar la explicación. Que siempre sea el adulto más cercano quien dé la noticia.

  • Mantenerse física y emocionalmente cerca.

  • Usar la palabra muerte y eliminar eufemismos como “se fue de viaje” o “está descansando”, ya que los chicos pueden tomar literalmente lo que se les dice.

  • Recurrir a una explicación con verdades cortas, de acuerdo con la edad cronológica, intelectual y emocional. Se puede apelar a ejemplos de la naturaleza, con otros seres vivos. Agregar información a medida que van preguntando.

  • Reforzar la noción de irreversibilidad para no generar falsas expectativas de retorno.

  • Darles la oportunidad de hablar de la persona que murió y ser receptivo con su tristeza.

  • No esconder el propio dolor. Expresar los sentimientos ayudará a los menores a entender que son parte natural del duelo.

  • Contestar las preguntas con sinceridad. Si no se tiene alguna respuesta, no tener temor de reconocerlo.

  • Permitir que participen en los rituales funerarios si así lo desean.