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Por qué los especialistas recomiendan tratar la obesidad infantil con mayor celeridad

Preparación de los almuerzos en la cafetería de una escuela primaria de Baltimore, el 14 de abril de 2020. (Erin Schaff/The New York Times).
Preparación de los almuerzos en la cafetería de una escuela primaria de Baltimore, el 14 de abril de 2020. (Erin Schaff/The New York Times).

Hace poco, la Academia Estadounidense de Pediatría publicó nuevos lineamientos relacionados con el tratamiento de la obesidad de más de catorce millones de niños y adolescentes en Estados Unidos. Las recomendaciones resultaron inesperadas para muchos padres y algunos especialistas ya que estas favorecen medidas conductuales enérgicas, incluso para niños muy pequeños, así como tratamientos con fármacos o cirugía para los adolescentes.

Estos lineamientos derivan del conocimiento científico sobre la obesidad que se ha desarrollado durante varias décadas. Dicho trastorno es un factor de riesgo para padecer una gran cantidad de enfermedades, entre ellas las diabetes tipo 1 y 2, la hipertensión, dolores de espalda y articulaciones y varios tipos de cáncer. Es posible que el tratamiento oportuno del problema ayude a evitar mucho sufrimiento.

Estas son las respuestas a algunas de las preguntas relacionadas con la investigación sobre la obesidad infantil y por qué ahora los especialistas están recomendando tratamientos más drásticos.

¿Qué dicen los nuevos lineamientos acerca de las causas de la obesidad?

Las recomendaciones de la Academia Estadounidense de Pediatría subrayan que la obesidad no solo es consecuencia de malos hábitos de alimentación y de falta de ejercicio. La obesidad es una enfermedad crónica que tiene muchas causas interrelacionadas que incluyen la genética.

Ahora los científicos saben que la obesidad es uno de los rasgos que más se heredan. Estudios realizados hace décadas demostraron que gemelos idénticos criados por separado casi siempre tenían un peso y una morfología corporal muy parecidos al crecer. Los niños adoptados tienden a tener la misma morfología y peso que sus padres biológicos.

La existencia de una predisposición genética es la razón por la que algunos niños aumentan de peso en un entorno en el que hay comida por todas partes (casi siempre de mala calidad). Y el aumento de peso puede volverse un círculo vicioso.

Es común que los niños y los adolescentes con obesidad sean objeto de burlas y hostigamiento, cosa que, según la academia, contribuye a que “se den atracones, se aíslen socialmente, se rehúsen a recibir atención médica y tengan menos actividad física, lo cual complica aún más el camino hacia la salud”.

¿Cómo definen los científicos la obesidad y el sobrepeso ?

Estos se definen de acuerdo con el índice de masa corporal (IMC), un indicador de peso y altura. (No es un indicador perfecto porque, por ejemplo, muchos atletas musculosos tienen un alto índice de masa corporal, pero están en excelente forma).

El sobrepeso se define como un índice de masa corporal igual o superior al percentil 85, pero menor al percentil 95 para niños y adolescentes de la misma edad y sexo. La obesidad es un índice de masa corporal igual o superior al percentil 95 para niños y adolescentes de la misma edad y sexo.

¿Cuándo se convirtió en un problema la obesidad infantil?

Las alarmas se dispararon para los científicos en las décadas de 1980 y 1990. Antes, los especialistas estaban conformes con los datos de la década de 1960, los cuales indicaban que solo el cinco por ciento de los niños y adolescentes tenían obesidad, por lo que no se veía como un problema apremiante.

Pero los datos de los años ochenta a nivel nacional mostraban que la tasa se había duplicado. Para el año 2000, esta se había triplicado y para 2018, se había cuadruplicado. Cuando comenzó la epidemia, empezaron a circular mucho las opiniones de los especialistas sobre la razón por la cual estaba ocurriendo esto y casi siempre mencionaban a la industria alimentaria, el poco ejercicio o el bajo consumo de frutas y verduras frescas como los principales culpables, pero no se contaba con pruebas rigurosas ni tampoco se planteaban muchas soluciones.

¿Acaso nadie intentó realizar estudios de intervención?*

Sí, pero los resultados fueron desalentadores. En la década de 1990, por ejemplo, los Institutos Nacionales de Salud auspiciaron dos estudios rigurosos de gran alcance. Los investigadores querían saber si el aumento de peso en niños se podía evitar al intervenir en las escuelas para otorgarle mayor prioridad a la educación física, ofrecer alimentos más nutritivos en la cafetería, enseñarles a los alumnos buenos hábitos de alimentación y la importancia de hacer ejercicio y hacer partícipes a los padres.

Uno de los estudios —un proyecto de ocho años con un costo de 20 millones de dólares auspiciado por el Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre— realizó un seguimiento de 1704 alumnos de tercer grado en 41 escuelas primarias del suroeste. Casi todos los estudiantes eran indígenas estadounidenses, un grupo con alto riesgo de padecer obesidad.

Las escuelas se dividieron en dos grupos. Algunas recibieron intervenciones importantes, mientras que otras no recibieron ninguna. A partir del quinto grado, los investigadores vieron si los niños de las escuelas en que intervinieron pesaban menos que los de las demás escuelas.

Por desgracia, esto no fue así, a pesar de que los alumnos sabían muy bien la importancia de la actividad y de una nutrición adecuada. Los niños que recibieron el tratamiento intensivo también consumieron menos grasa: del 34 al 27 por ciento de su dieta total.

“Eso no bastó para modificar el peso corporal”, señaló Benjamin Caballero, investigador principal del estudio de la Escuela de Salud Pública Bloomberg perteneciente a la Universidad Johns Hopkins.

¿Qué señalan los lineamientos que debiera hacerse?

Esto no significa que para algunas personas no funcionen las intervenciones relacionadas con el estilo de vida. La Academia Estadounidense de Pediatría afirma que a los niños y los adolescentes con sobrepeso y obesidad se les debe brindar un “tratamiento conductual y de estilo de vida intensivo”, que constituye la intervención más eficaz sin uso de fármacos ni cirugías.

Los programas más eficaces constan de al menos 26 horas de tratamiento presencial durante doce meses e incluyen a la familia. Este tratamiento se enfoca en la nutrición, la actividad física y el cambio de conducta. ¿Qué resultados se esperan? La diminución de uno a tres puntos en el índice de masa corporal.

Sin embargo, los programas intensivos no siempre están disponibles y las aseguradoras casi nunca los cubren. La academia recomienda que, más bien, los médicos “ofrezcan el programa más intensivo posible” e informen a los familiares de otros programas para ayudar con la inseguridad alimentaria y programas de recreación comunitaria.

El mensaje de fondo es que se trata de algo apremiante. Por ejemplo, distanciándose mucho de las sugerencias anteriores, la academia recomienda que a los niños de 12 años o más que padecen obesidad se les trate con alguno de los pocos fármacos aprobados, incluyendo los más nuevos como el Wegovy (el nombre de patente para la semaglutida), que conducen a una importante pérdida de peso al inhibir el apetito.

La academia recomienda que a los chicos de 13 años o más con obesidad grave se les ofrezca la cirugía bariátrica. Es bastante radical tanto para los médicos como para los padres considerar estas intervenciones, además de que son bastante costosas, pero los autores de estas recomendaciones señalan que pocas veces se acaba con la obesidad sin un esfuerzo conjunto.

¿Estas nuevas recomendaciones lograrán un cambio?

Si estos lineamientos son “implementados y respaldados en su totalidad”, es posible que reduzcan las tasas de obesidad infantil, señaló Stephen Cook, especialista en obesidad de la Universidad de Rochester; pero no hay ninguna garantía.

Las aseguradoras y la Administración de Alimentos y Medicamentos consideran que la obesidad es distinta a otras enfermedades crónicas. Por ejemplo, tal vez las personas con obesidad requieran un tratamiento con medicamentos durante toda su vida. Pero las aseguradoras se han empeñado en cubrir solo tratamientos a corto plazo y pagar medicamentos por seis meses o un año, si es que llegan a pagarlos.

Los investigadores esperan que los lineamientos de la academia por lo menos ayuden a los médicos a entender que la obesidad es una enfermedad crónica que afecta a los niños y los adolescentes y que la antigua estrategia (una especie de espera cautelosa o tratamiento tardío) no será de ninguna utilidad.

Tal vez estos nuevos lineamientos hagan que las aseguradoras, incluyendo Medicare, comiencen a cubrir el tratamiento intensivo relacionado con el estilo de vida y los fármacos que requieren estos niños.

c.2023 The New York Times Company