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Los españoles que protegen sin descanso el cielo de Letonia

Base aérea de Lielvarde (Letonia), 30 mar (EFE).- A unos 50 kilómetros de Riga, en la base aérea cercana al pequeño pueblo de Lielvarde, un par de ojos españoles están siempre cerca de un botón rojo que en una fracción de segundos puede disparar hasta seis misiles de medio alcance para defender Letonia y, con ella, el cada vez más de actualidad flanco este de la OTAN.

Son los en torno a 80 españoles en rotación de seis meses con la Unidad de Defensa Antiaérea de misiles Nasams, una fuerza que recibió la orden de la OTAN de desplegarse en Letonia en mayo de 2022 y en junio estaba ya ocupando sus puestos en la base de Lielvarde.

Su llegada al país báltico se enmarca en el refuerzo de las tropas de la OTAN en el flanco este de la Alianza -añadiendo refuerzos a los batallones ya instalados en Polonia, Estonia, Letonia y Lituania y con nuevas capacidades en Rumanía, Bulgaria, Eslovaquia y Hungría- tras la invasión rusa de Ucrania, que elevó el nivel de una alarma ya creada con la anexión ilegal de Crimea por Rusia.

La joya de la corona del despliegue español en Lielvarde es esa batería de misiles de medio alcance Nasams, un sistema antiaéreo avanzado que contiene en sus seis tubos seis misiles AMRAAM estadounidenses.

La batería es capaz de disparar al mismo tiempo sus seis misiles, de 165 kilos y 3,65 metros de largo, a un rango de entre 25 y 30 kilómetros para interceptar cualquier amenaza en los alrededores de la base aérea.

El misil, que sale de su tubo contenedor disparado en un ángulo de 30 grados, podría llegar a alcanzar más de ocho kilómetros de altura antes de caer a plomo en posición vertical sobre su objetivo, que sería desde un helicóptero hasta un avión militar hostiles, pasando por un dron.

Acompaña a la batería de misiles el radar móvil Sentinel, que con un alcance de 80 kilómetros ejerce de "ojos" de los militares que trabajan en Lielvarde. Interconectado con otros radares situados por diversos puntos de Letonia, son éstos los que les dan el primer aviso de que "hay algo" en el espacio aéreo, pero el Sentinel cuenta con una mayor precisión para identificar exactamente qué tipo de aparato volador han detectado estos equipos.

¿Y si esos radares hallan una amenaza real al espacio aéreo letón? La capacidad de respuesta de la batería de misiles, según explica a EFE el capitán español Javier Molina Bravo, jefe de la batería, es "de segundos".

Los únicos "retrasos" en la toma de decisiones se producen a la espera de la luz verde por parte de los mandos superiores, pero incluso en ese caso el tiempo de reacción es de pocos minutos, algo crucial cuando se habla de defensa antiaérea.

"Nuestra capacidad de operar 24 horas hace que siempre tengamos gente trabajando. Siempre hay alguien en cada elemento que está preparado para, si se decidiese por el escalón superior, abatir la amenaza. Como jefe, mi deber y cometido es asegurar que la batería está completamente operativa y en disposición de funcionamiento durante las 24 horas del día, siete días a la semana", relata Molina.

Las diferentes tripulaciones se turnan para que "siempre haya una dotación mínima por elemento capaz de operar al 100 %", asegura.

En Lielvarde, los españoles comparten base con estadounidenses y letones. Precisamente con el país de acogida trabajan mano a mano para que la interoperabilidad sea máxima entre el sistema Nasams, que brilla en la distancia media, y los sistemas letones de corto alcance, para cuando la amenaza entra en un radio más corto.

El entramado de la defensa aérea de letonia funciona "como las capas de una cebolla" y la primera capa la operan diversos países aliados desde bases aéreas en los países vecinos de Estonia y Lituania a través de la "policía aérea" de la OTAN, con la que en cuestión de segundos se puede enviar un caza a chequear entradas inesperadas o no autorizadas desde el espacio aéreo ruso.

Por ello, ninguna capa es más importante que otra. De hecho, según señala Molina, entrenar la interoperabilidad con los compañeros letones ayuda a los españoles a "mejorar, implementar y mantener nuestras capacidades y procedimientos".

"Son procedimientos OTAN, establecidos y estándar, pero siempre encontramos nuevas maneras de mejorarlos e implementarlos. Periódicamente tenemos ciertos ejercicios en colaboración y con ellos lo que buscamos es ser lo más eficaces posible y dar la mayor certeza de que somos capaces de dar esa seguridad a esta base aérea", recalca.

En el cerebro del sistema de misiles, el puesto de mando donde se esconde el botón rojo que dispararía los misiles del sistema Nasams, trabaja Alejandro Rodríguez, un oficial de control táctico.

La base aérea letona es su primer destino extranjero y señala lo "productivo" del trabajo y la buena convivencia con los compañeros estadounidenses y letones. "Tanto nosotros aprendemos de ellos como ellos aprenden de nosotros, se mejoran las capacidades de ambos", apunta.

Y la guerra en Ucrania, cree, no ha cambiado sustancialmente su día a día en la base. "Nosotros nos preparamos día a día, hacemos instrucción y ejercicio junto con la fuerza aérea letona y el ejército americano y estamos integrados para responder a cualquier amenaza", incide.

Laura Zornoza

(c) Agencia EFE