Escarabajos mesozoicos se conservan en excremento fosilizado de hace más de 200 millones de años.

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Un modelo en 3D muestra los escarabajos que quedaron preservados en el coprolito, o excremento fosilizado, de un ancestro de dinosaurio. (Qvarnstrom et al. vía The New York Times).
Un modelo en 3D muestra los escarabajos que quedaron preservados en el coprolito, o excremento fosilizado, de un ancestro de dinosaurio. (Qvarnstrom et al. vía The New York Times).

Imagínense un montón de escarabajos felizmente reunidos en una roca cubierta de algas, cuando de pronto, los aspira el pico de un ancestro de dinosaurio delgado y de cuello largo. Que en paz descansen… lo bueno es que, a través de una compleja combinación de suerte y actividad microbiana, sus diminutos cadáveres se congelaron en el tiempo. Y más de 200 millones de años después, un grupo de científicos los halló mientras hurgaba en heces fosilizadas.

Estos coprolitos, como se les llama, pueden brindar conocimientos con un nivel extraordinario de detalle sobre ecosistemas que desaparecieron hace mucho tiempo, según las nuevas investigaciones publicadas en Current Biology. Un equipo de investigadores encontró escarabajos casi intactos, ya extintos, que la ciencia no conocía, suspendidos dentro de un trozo de excremento proveniente del periodo Triásico. Los científicos sospechan que las sustancias fecales pertenecían a un Silesaurus opolensis, un pariente cercano de los dinosaurios que vivió hace unos 230 millones de años, aunque es difícil definirlo una vez que se separa de su punto de origen.

“Decidimos observar los coprolitos para tratar de entender quién se comía a quién en este ecosistema”, explicó el autor principal del artículo, Martin Qvarnstrom, paleontólogo en la Universidad de Upsala en Suecia. “Y en uno de los fragmentos de coprolitos, aparecieron todos estos escarabajos”.

El coprolito se recolectó cerca de la aldea de Krasiejów en el sur de Polonia, en una cantera de donde se han excavado restos del S. opolensis y otros vertebrados del Triásico Superior. En el sitio de excavación, recordó Grzegorz Niedzwiedzki, coautor y también paleontólogo en la Universidad de Upsala, pocos de los otros científicos se interesaron en los coprolitos; muchos siguen ahí tirados, afirmó. Sin embargo, las estructuras poco llamativas pueden actuar como “sarcófagos miniatura” que preservan elementos frágiles como cabello, plumas y, en este caso, insectos tridimensionales, durante cientos de millones de años.

“Con el tiempo hemos descubierto que los coprolitos pueden aportar evidencias fósiles de la existencia de organismos muy antiguos que de otro modo no suelen conservarse”, explicó Karen Chin, paleontóloga de la Universidad de Colorado, campus Boulder, quien no participó en el estudio.

No obstante, inspeccionar el interior de los coprolitos puede ser difícil, admitió Qvarnstrom. Así que los investigadores llevaron estas muestras al Laboratorio Europeo de Radiación Sincrotrón en Francia para escanear sus contenidos y hacer un renderizado 3D.

El trabajo más complicado es el de combinar las imágenes que se producen a fin de distinguir qué es qué, comentó Qvarnstrom. Además de los escarabajos, el coprolito contenía “pequeños fragmentos de quién sabe qué, solo son pequeños trozos digeridos de algo”.

Una imagen proporcionada por Malgorzata Czaja muestra una ilustración del Silesaurus opolensis, el ancestro de dinosaurio que vivió hace unos 230 millones de años y en cuyo coprolito probablemente se halló el escarabajo. (Malgorzata Czaja via The New York Times).
Una imagen proporcionada por Malgorzata Czaja muestra una ilustración del Silesaurus opolensis, el ancestro de dinosaurio que vivió hace unos 230 millones de años y en cuyo coprolito probablemente se halló el escarabajo. (Malgorzata Czaja via The New York Times).

A otros investigadores también les sorprendieron los escarabajos intactos que se hallaron en la muestra.

“Yo quedé impactado por lo bien preservadas que estaban estas cosas”, mencionó Sam Heads, curador de paleontología en la Encuesta de Historia Natural de Illinois, quien no participó en el estudio.

En un inicio, Qvarnstrom pensó que los insectos debieron haberse subido al excremento tras la defecación. Pero los investigadores observaron muchas etapas distintas de “masticado”, por así decirlo, comenzaban como cuerpos casi completamente preservados y se reducían a cabezas, alas y otras partes desmembradas, muchas pertenecientes a la misma clase de escarabajo de 1,5 milímetros de largo con forma de barco.

Los investigadores determinaron que la nueva especie y género, Triamyxa coprolithica, pertenece a una familia extinta y previamente desconocida en un linaje de escarabajos pequeños conocidos como mixófagos, que en la actualidad tienden a habitar en esteras de algas. Según los autores, esta es la primera especie de insecto que se describe en las heces fosilizadas de un animal vertebrado.

En cuanto a la explicación de cómo algunos escarabajos lograron atravesar los intestinos del animal y salir casi ilesos, Qvarnstrom cree que existen unas cuantas posibilidades. Los escarabajos eran diminutos y quizá fueron succionados por accidente en masa al estar reunidos en el pedazo de alga que el Silesaurus opolensis se comió; también parece ser que su exoesqueleto los protegió bastante, como sucede con los escarabajos modernos. Aquellos que no fueron masticados seguramente murieron pronto, especuló Qvarnstrom. “No tuvieron que asfixiarse en el excremento”.

Los escarabajos son quizá el grupo más diverso de organismos en el planeta y aprender más sobre su evolución temprana podría ayudar a los investigadores a entender por qué lo son, afirmó Martin Fikacek, coautor y entomólogo de la Universidad Nacional Sun Yat-sen en Taiwán.

El periodo Triásico, en el que se produjo este coprolito, es “como un agujero negro en cuanto a la información que tenemos del registro fósil de insectos”, dijo Heads. “Un escarabajo del Triásico es un descubrimiento realmente significativo”.

Aprender más sobre la alimentación de estos parientes cercanos de los dinosaurios, también podría ayudar a los investigadores a comprender mejor cómo estas criaturas llegaron a ser tan dominantes en términos ecológicos, afirmó Qvarnstrom.

“Si queremos saber más sobre el pasado, creo que es de suma importancia tener todas las piezas del rompecabezas”, concluyó.

© 2021 The New York Times Company

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