El temor de la comunidad de inteligencia de EEUU: que Trump revele secretos de Estado

LA NACION
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WASHINGTON.- Más de una vez durante su mandato, el presidente Donald Trump supo elegir qué información altamente clasificada revelar para fustigar a sus adversarios, sacar rédito político, o impresionar e intimidar a mandatarios extranjeros, en algunos casos, poniendo incluso en riesgo al aparato de inteligencia norteamericano. Y ahora hay infinidad de razones para temer que como expresidente haga lo mismo, lo que pondría al gobierno de Biden ante un dilema de seguridad nacional inédito, según analistas políticos y actuales y exfuncionarios de la Casa Blanca.

Al terminar su mandato, todos los presidentes dejan la Casa Blanca con invaluables secretos de Estado en su cabeza, entre otros, los procedimientos para el lanzamiento de armas nucleares, las redes de inteligencia -incluidos los agentes infiltrados en gobiernos extranjeros-, y el desarrollo de nuevos y avanzados sistemas armamentísticos.

Pero ningún presidente entrante tuvo que temer que su predecesor exponga los secretos del país, como le ocurre ahora al electo Joe Biden. Trump no solo tiene un largo historial de revelar información sensible, sino que también cumple con todos los requisitos para convertirse en un típico riesgo de contrainteligencia: está muy endeudado y está profundamente resentido con el gobierno de los Estados Unidos, en particular con una supuesta conspiración del "estado profundo", que según cree intentó impedir su elección en 2016 y al que ahora acusa falsamente en sus presentaciones judiciales de robarle la reelección.

"Cualquiera que esté resentido, disconforme u ofendido corre el riesgo de revelar información clasificada, ya sea exfuncionario o funcionario actual. Y Trump ciertamente encaja en ese perfil", dice David Priess, exagente de la CIA y autor de The President's Book of Secrets, una historia de los informes de inteligencia ultrasecretos que los presidentes y su personal reciben mientras están en el cargo.

Como presidente, Trump tiene acceso a toda la información clasificada del Estado y la autoridad para desclasificar y compartir cualquier información y por cualquier motivo. Después de que deje el cargo, Trump incluso conservará el acceso a los registros clasificados de su gobierno. Pero su autoridad legal de revelarlos caduca en enero, no bien Biden preste juramento.

Preocupados, muchos expertos se apresuran a señalar que Trump parece haber prestado poca atención durante sus reuniones informativas de inteligencia, y que nunca tuvo una comprensión clara del funcionamiento del aparato de seguridad nacional. Esa ignorancia podría convertirse en el mejor contrapeso frente al riesgo que él mismo representa.

"Un presidente con las características de personalidad de Trump, incluida su falta de autodisciplina, que además fuese un conocedor y estuviese informado, sería un verdadero desastre. Acá la única ventaja salvadora es que nunca prestó atención", dice Jack Goldsmith, exdirector de la Oficina Legal y Técnica del Departamento de Justicia durante el gobierno de George W. Bush y coautor de After Trump: Reconstructing the Presidency ("Después de Trump: reconstruir de la presidencia").

"Probablemente no esté al tanto de todos los detalles, pero tendrá algunos fragmentos", dice el general retirado Peter B. Zwack, exoficial de inteligencia militar y agregado de defensa de la embajada de Estados Unidos en Rusia entre 2012 y 2014.

Hay pocas probabilidades de que Trump recuerde detalles de inteligencia, como el nombre de un espía o dónde se han colocado dispositivos de vigilancia. Pero casi con certeza conoce datos importantes sobre el proceso de recopilación de información, que serían de gran valor para los adversarios de Estados Unidos.

"Los presidentes conocen y probablemente retienen gran parte de la capacidad y estructura de espionaje que tiene el país", dice John Fitzpatrick, exespía y experto en los sistemas de seguridad utilizados para proteger la información clasificada después de que un presidente deja su cargo. El tipo de información que Trump probablemente conoce, dice Fitzpatrick, incluye capacidades militares especiales, detalles sobre ciber armas y ciber espionaje, los tipos de satélites que usa Estados Unidos y los parámetros de cualquier acción encubierta que, como presidente, solo el presidente tiene facultad de autorizar.

También está al tanto de la información proveniente de espías y plataformas de recopilación de datos que tiene Estados Unidos, lo que podría dejar expuestas a esas fuentes, por más que el presidente no sepa exactamente cómo se obtuvo esa información. En una reunión tristemente célebre que se llevó a cabo en 2017, y en presencia del ministro de Relaciones Exteriores de Rusia y el embajador ruso en Estados Unidos en la Oficina Oval, Trump reveló información altamente clasificada que Estados Unidos había recibido de un aliado sobre la capacidad militar antiaérea de Estado Islámico, poniendo en peligro a esa fuente te información.

Al presumir del aparato de inteligencia norteamericano, Trump lo puso en riesgo. Y ha sido igualmente descuidado cuando se propuso intimidar a sus adversarios. En agosto de 2019, tuiteó una imagen aérea detallada de una plataforma de lanzamiento iraní. Ese tipo de fotos se cuentan entre las piezas de inteligencia más protegidas, ya que pueden revelar detalles precisos sobre la capacidad técnica del espionaje norteamericano.

Utilizando registros públicos disponibles y basándose en la imagen que reveló Trump, los internautas pudieron determinar fácilmente qué satélite tomó la imagen e identificar su órbita.

Lo preocupante, dicen los expertos, es que por pura fanfarronería Trump revele secretos de Estado en cualquier mitin político o en algún encontronazo con un adversario extranjero. Un exfuncionario imagina a Trump jactándose de las características técnicas del Air Force One, o del destino de los drones espías que envía Estados Unidos.

Trump también ha demostrado estar dispuesto a desclasificar información para obtener rédito político, presionando a sus más altos funcionarios para que revelen documentos de la investigación de 2016 sobre la interferencia electoral rusa y sus posibles vínculos con la campaña de Trump.

Los expertos coinciden en que el mayor riesgo que plantea Trump fuera de su cargo es que divulgue información por mera torpeza. Pero tampoco descartan que Trump pueda comerciar con esos secretos, quizás a cambio de favores, para congraciarse con posibles clientes en países extranjeros, o para vengarse de sus supuestos enemigos. Cuando deje el cargo, Trump deberá hacer frente a una enorme deuda, incluidos cientos de millones de dólares en préstamos que obtuvo dando su garantía personal.

"Las personas con fuertes deudas son más vulnerables y son siempre un motivo de gran preocupación para los profesionales de la seguridad", dice Larry Pfeiffer, un veterano oficial de inteligencia y exjefe de gabinete del director de la CIA, Michael V. Hayden. "El ser humano es débil. Y las personas en situaciones extremas toman pésimas decisiones. Gran parte de las personas que cometieron espionaje contra nuestro país estaban en situación de vulnerabilidad financiera".

En la práctica, es poco lo que la administración Biden puede hacer para evitar que a Trump se le escapen los secretos de Estado. Los expresidentes no firman acuerdos de confidencialidad al dejar el cargo. Siguen teniendo derecho a acceder a la información de su gobierno, incluidos los registros clasificados, señala Fitzpatrick, que encabezó la Oficina de Supervisión de Seguridad de la Información de la Administración Nacional de Archivos y Registros, donde se conservan los registros de los expresidentes.

Se espera que un expresidente proteja esa información tal como lo hizo mientras ocupaba la Oficina Oval, "pero más allá de los márgenes establecidos por la Ley de Registros Presidenciales, el único límite es el buen comportamiento del propio expresidente", dice Fitzpatrick.

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The Washington Post

Traducción de Jaime Arrambide