El documento encargado por Pablo III sobre los males de la Iglesia que señalaba al papado como el mayor problema

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Pablo III ostentó el cargo de papa durante quince años (entre 1534 y 1549) y uno de sus objetivos era convertirse en uno de los principales reformadores de la Iglesia (iniciador de la conocida ‘Contrarreforma’ tras el Concilio de Trento) y puso un especial empeño en resolver los problemas y males existentes dentro de la institución eclesiástica que estaban provocando en aquel tiempo un alejamiento de la fe católica de cierta parte de la población, así como ver aumentado el número de casos de abusos por parte de religiosos.

A la izquierda el documento ‘Consilium de emendanda Ecclesia’, a la derecha el papa Pablo III (imagen vía Wikimedia commons)
A la izquierda el documento ‘Consilium de emendanda Ecclesia’, a la derecha el papa Pablo III (imagen vía Wikimedia commons)

Su nombre secular era Alejandro Farnesio y provenía de una de las más insignes familias italianas de la época y a pesar de llegar al cargo de papa más por influencias que por méritos, quiso trabajar para que aquellas cosas que no funcionaban en la institución pudiesen ser subsanadas.

Por tal motivo, una de las primeras cosas que hizo tras ser nombrado papa fue encargar a un comité de expertos la elaboración de un documento en el que se detallaran todos los problemas y abusos que se cometían desde la Iglesia.

El 9 de marzo de 1537 la comisión de reformadores (como se les denominó al grupo de expertos compuesto por cuatro cardenales, tres obispos y dos religiosos (un benedictino y un dominico) presentó al papa el informe que fue llamado 'Consilium de emendanda Ecclesia' (Consejo para la Reforma de la Iglesia) un documento que señalaba los principales puntos y focos de los problemas eclesiásticos, los abusos cometidos y daba respuesta al modo en el que resolver y curar las heridas provocadas por algunos miembros de la institución.

Lo sorprendente fue que uno de los principales puntos en el que el grupo de reformadores señalaban como problema potencial de la Iglesia era la propia institución papal y los continuos abusos de poder que se había producido desde hacía mucho tiempo por parte de todos aquellos predecesores de Pablo III que habían ocupado el Trono de San Pedro.

No solo los pontífices eran señalados como responsables de ese deterioro de la institución eclesiástica, también a todos aquellos personajes (mucho de ellos de gran importancia en la vida política y social de la época) que se movían en la órbita papal (Curia Romana), adulándolo y satisfaciendo los deseos de los pontífices de turno, con el fin de beneficiarse de sus favores.

El propio órgano de gobierno del pontífice también era señalado como uno de los grandes problemas, al llevarse a cabo, en numerosas ocasiones y de una manera arbitraria, algunas acciones poco éticas y en las que solo se hacía lo que un papa decidía que se hiciera, sin permitir consenso alguno.

Otra de las cosas que destacaban los reformadores era la gran cantidad de aspirantes al sacerdocio que se admitían, no teniendo muchos de ellos formación alguna (la mayoría no sabían leer ni escribir) e incluso vocación religiosa, algo que se dejaba notar cuando después eran enviados a evangelizar, creando rechazo por parte de una parte de los feligreses.

Pero, curiosamente, el propio papa Pablo III reunía muchas de las cosas negativas señaladas en el documento, debido a que llegó al pontificado sin profesar una profunda religiosidad y tras haber sido nombrado directamente cardenal sin haber pasado por un seminario ni haberse formado teológicamente.

Además, durante su pontificado, Pablo III practicó el nepotismo de una manera desmesurada, creando importantes cargos, los cuales eran concedidos a miembros de la familia Farnesio a la que pertenecía. Entre ellos creó el ‘ducado de Parma y Plasencia’, el cual le fue entregado a su propio hijo, el gobierno de Bolsena a su hija o el nombrar cardenal a su nieto, cuando este tan solo tenía 16 años de edad.

Y sí, habéis leído bien, este papa tuvo descendencia, durante su vida secular, con su amante, Silvia Ruffini, una noble italiana que le dio cuatro hijos: Costanza, Pedro Luis, Paolo y Ranuccio.

En definitiva se trató de un papa conocido como ‘reformista de la Iglesia’ y que en realidad no llegó a realizar ninguno de los cambios drásticos que se propuso y que destacó, en numerosas ocasiones, por beneficiar de la institución a sus más allegados.

Fuente de la imagen: Wikimedia commons

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