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Dinero, drogas y una embajada extranjera, elementos presentes en el asesinato del presidente de Haití

Horas antes de que un grupo de ex soldados colombianos asaltara, bajo el velo de la noche en julio de 2021, la residencia en la ladera de una colina del presidente de Haití, Jovenel Moïse, recibieron nuevas órdenes.

Al parecer, uno de los jefes del escuadrón les dijo que su misión había cambiado y que ahora tenía un doble objetivo: encontrar y matar a Moïse, y encontrar y tomar varias bolsas grandes de lona que estaban repletas de dinero y que se encontraban dentro de la casa, de acuerdo con los detalles recientemente revelados de la investigación colombiana en torno al asesinato el 7 de julio de 2021, que sumió en una crisis aún mayor a un Haití ya políticamente inestable.

La cantidad que supuestamente había en su interior oscilaba entre los $45 millones y los $53 millones, de acuerdo con las declaraciones que algunos de los sospechosos encarcelados compartieron con los funcionarios colombianos y estadounidenses que investigan el asesinato.

La considerable cantidad de dinero supuestamente escondido en la casa del presidente sugiere que puede haber sido un incentivo adicional para que los ex soldados colombianos y guardias presidenciales haitianos, mal pagados, llevaran a cabo el plan mortal después de recibir la orden de hacerlo.

“La decisión de matar al presidente surgió un día antes del asesinato. A los colombianos se les dijo que tenían que hacerlo. No hay indicios de que se resistieran a esta orden”, le dijo a Miami Herald, en una extensa entrevista, una fuente colombiana con conocimiento de la investigación en su país sudamericano. “Creemos que iban por el dinero”.

Otras fuentes policiales de Haití y del sur de la Florida familiarizadas con el asalto mortal dijeron que la noche del asesinato se robaron importantes cantidades de dinero en efectivo y otros objetos de valor del interior de la casa de Moïse, en el lujoso vecindario de Pèlerin 5, en las colinas sobre Puerto Príncipe, pero no pudieron confirmar si se trataba de decenas de millones de dólares.

No solo algunos de los 18 presuntos ex soldados colombianos encarcelados en Puerto Príncipe hicieron afirmaciones acerca del dinero, sino también al menos otro sospechoso en una declaración a las autoridades estadounidenses.

El sospechoso declaró ante los investigadores estadounidenses, quienes llevan a cabo una investigación paralela, que le informaron que el dinero que había en la casa de Moïse era un pago al líder haitiano por parte de narcotraficantes, los cuales estaban usando su país como punto de embarque de cocaína colombiana con destino a Estados Unidos.

Sin embargo, al igual que los investigadores colombianos, las autoridades estadounidenses no mostraron ningún interés en investigar las acusaciones de que el dinero — o el asesinato del presidente — podría estar interconectado de alguna manera, posiblemente a través de narcotraficantes que semanas antes del asalto estaban aterrizando aviones en una de las tres pistas de aterrizaje ubicadas en una extensa sabana sin vigilancia, conocida como Savane Diane, al noreste de la capital, de acuerdo con varias fuentes.

La idea de que Moïse, quien conocía las pistas de aterrizaje y las entregas de droga, podría haber sido asesinado porque planeaba entregar una lista de los principales narcotraficantes a las autoridades de Estados Unidos también ha sido rechazada por los investigadores por no ser cierta, de acuerdo con varias fuentes.

El presidente haitiano Jovenel Moïse fue entrevistado en febrero de 2020 en su casa de Pétionville, donde, más de un año después, fue asesinado.
El presidente haitiano Jovenel Moïse fue entrevistado en febrero de 2020 en su casa de Pétionville, donde, más de un año después, fue asesinado.

Las sospechas de que el narcotráfico desempeñó un papel en el asesinato del presidente se plantearon en un reporte de 124 páginas en torno al asesinato de la Policía Nacional de Haití obtenido por primera vez por el Miami Herald, pero, al igual que los investigadores de Estados Unidos, la policía haitiana no siguió ninguna pista relacionada con el narcotráfico.

El sospechoso colombiano encarcelado Alejandro Giraldo Zapata declaró ante la policía haitiana, de acuerdo con el reporte, que el asesinato de Moïse fue premeditado. Citó declaraciones de Duberney Capador Giraldo, quien describió al presidente como alguien que “merecía este destino por haber sido un dictador, un narcotraficante que federaba pandillas armadas”.

El reporte también señala que algunos de los otros colombianos acusados admitieron haberse llevado dos bolsas llenas de dinero en efectivo, documentos, pasaportes, chequeras y rifles de asalto confiscados a guardias presidenciales que estaban de servicio la noche del mortal ataque.

El reporte cita a dos colombianos actualmente encarcelados, Alex Miyer Peña y Carlos Yepes Clavijo, señalando que en algún momento tuvieron en su poder los bolsos, que, de acuerdo con la fuente colombiana, luego estuvieron en poder de Capador.

“Al final del ataque, que le costó la vida al Presidente de la República, estos individuos armados saquearon completamente la habitación del Jefe del Estado, robaron documentos, grandes cantidades de dinero y diversos objetos, entre ellos el servidor de las cámaras de vigilancia”, se lee en el reporte de la policía de Haití.

El reporte no describe cuánto dinero en efectivo se llevaron. La fuente colombiana dijo que no puede confirmar si la cantidad de $45 millones de la que hablaron a los investigadores colombianos era “cierta o falsa”.

“Eso es lo que dijeron y no sabemos de dónde salió ese dinero”, dijo la fuente.

Las investigaciones haitianas, colombianas y estadounidenses relacionadas con la muerte de Moïse iniciaron poco después del asalto del 7 de julio de 2021, que dejó al presidente de 53 años con 12 heridas de bala y a su esposa, Martine, gravemente herida.

Actualmente hay más de 40 personas encarceladas, entre ellas 18 colombianos en Haití y tres haitiano-estadounidenses con vínculos en el sur de la Florida, así como miembros de la guardia presidencial haitiana acusados de aceptar sobornos para retirarse o no presentarse a trabajar. De los 30 guardias que debían trabajar ese día, solo se sabía que siete estaban de servicio.

Parte del arsenal de armas incautado tras el asesinato del presidente Jovenel Moïse.
Parte del arsenal de armas incautado tras el asesinato del presidente Jovenel Moïse.

Por el momento, solo se han presentado cargos formales en Estados Unidos. Fiscales federales de Miami acusaron a un ex militar colombiano, Mario Antonio Palacios Palacios, conocido como “Floro”, a un ex senador haitiano, John Joël Joseph, y a un narcotraficante haitiano convicto, Rodolphe “Dòdòf” Jaar, de conspiración para secuestrar o matar al presidente de Haití.

Se declararon inocentes y están detenidos sin fianza en un centro de detención federal a la espera de ser juzgados el próximo mes de marzo en un tribunal federal de Miami.

La fiscalía y los agentes federales de Miami también tienen la vista puesta en acusar a tres haitiano-estadounidenses — Christian Emmanuel Sanon, James Solages y Joseph Vincent— por su presunta participación en la conspiración del golpe mortal. También están en el punto de mira de Estados Unidos algunos de los líderes colombianos de la redada, de acuerdo con varias fuentes familiarizadas con la investigación estadounidense. Todos ellos están bajo custodia en Haití.

Pero el traslado de cualquiera de estos sospechosos a Miami ha sido un reto, debido a la sensibilidad política del caso de asesinato en Haití, Washington y Colombia. Para complicar aún más las cosas, ha habido una gran rotación de los jueces de instrucción que presiden el caso penal en Haití, y un quinto juez, Walther Wesser Voltaire, recientemente llevó a cabo una nueva ronda de interrogatorios con los sospechosos bajo custodia.

Entre ellos estan dos altos funcionarios de seguridad encarcelados, Jean Laguel Civil y Dimitri Hérard, responsables de la seguridad de Moïse la noche de su asesinato y llamados por el presidente para enviar refuerzos.

Los investigadores policiales los acusan de complicidad interna o de inacción. El juez también escuchó, por tercera vez en menos de una semana, al ex jefe de policía Léon Charles, actual representante permanente de Haití ante la Organización de Estados Americanos. Hizo que Charles y Hérard, antiguo jefe de la Unidad de Seguridad General del Palacio Nacional, se enfrentaran durante el interrogatorio, y después Charles y Laguel, jefe de seguridad de Moïse, en un intento de descifrar lo ocurrido el 7 de julio.

De acuerdo con el ordenamiento jurídico haitiano, el juez de instrucción actúa como fiscal y dirige la investigación policial, mientras que su investigación secreta se asemeja a la de un gran jurado. También fueron interrogados recientemente por Voltaire, nombrado en mayo y que ha sobrepasado el plazo de tres meses para presentar cargos formales, los haitiano-estadounidenses encarcelados Sanon, Solages y Vincent.

La abogada defensora de Vincent, Regina de Moraes, compartió los mensajes de texto de su cliente luego de reunirse con Voltaire el miércoles anterior al Día de Acción de Gracias. En esos mensajes, Vincent dijo que el juez le preguntó en dónde estaba en las horas previas al asesinato del presidente.

Vincent, de 57 años, declaró que el 6 de julio se dirigía a dejar a Solages en el aeropuerto de Puerto Príncipe cuando recibió un llamado del ex senador Joseph, también conocido como Joseph Joël John, para hablar de un proyecto de desarrollo económico en Haití.

Vincent se dio la vuelta y él y Solages, de 37 años, se dirigieron a casa del ex senador. Allí, Vincent dijo que se reunió con el político y con otro socio, Joseph Félix Badio, antiguo asesor del Ministerio de Justicia y funcionario despedido de la unidad anticorrupción del gobierno haitiano.

Badio, quien también trabajó como consultor para una empresa de seguridad en Puerto Príncipe, permanece oculto. Se le acusa de ser uno de los conspiradores del asesinato del presidente, pero no ha sido arrestado ni interrogado por las autoridades haitianas.

Vincent declaró ante el juez durante el interrogatorio que no sabía nada “en absoluto” acerca del complot para asesinar al presidente de Haití, afirmando que solo tenía conocimiento de un plan para destituirlo. Vincent y Solages se encontraban en los terrenos de la casa del presidente la noche del asesinato y Solages gritó falsamente, mientras se producían los disparos, que la redada formaba parte de una operación de la Administración para el Control de Drogas (DEA). Vincent, quien en su día fue informador de DEA, se entregó a la policía haitiana después del asesinato por consejo del supervisor de DEA en el país, luego de de ponerse en contacto con su anterior contacto. Solages también se entregó a la policía.

En los días posteriores al asesinato, la Dirección Nacional de Inteligencia de Colombia y el Director de Inteligencia de la Policía Nacional viajaron a Haití con Interpol para colaborar en las investigaciones. El expresidente colombiano Iván Duque, en una entrevista reciente con Herald, dijo que las agencias de inteligencia de su país, que llegaron antes que los agentes del FBI, “pudieron aclarar las cosas en un tiempo bastante corto y eso también nos permitió aclarar muchas cuestiones respecto a la ejecución del asesinato”.

Sin embargo, hay una cuestión que los investigadores colombianos no pudieron resolver: quién fue el autor intelectual del crimen.

“Ese es un tema en el que nos hemos encontrado [...] con grandes obstáculos en Haití”, dijo Duque. “Es porque había muchos intereses, pero no se ha permitido que se siga investigando y yo sí creo que esta investigación tiene que llegar al fondo [de eso], porque estamos hablando de un crimen político en donde hay participación y presencia de actores muy poderosos en Haití”.

Nadie, dijo el expresidente, se arriesgaría a entrar en un país extranjero para asesinar a un presidente “a menos que alguien le haya dado garantías de que, después de hacer un acto tan bárbaro, iba a tener algún nivel de protección; seguramente algo falló en el plan”.

Duque no entró en detalles en cuanto a cómo se bloqueó el acceso de los investigadores colombianos, quienes tenían pleno acceso a los sospechosos encarcelados. Al principio de la investigación hubo reportes de tensiones entre la policía haitiana y los investigadores externos.

A pesar de ello, el FBI, que tiene un agente destinado en Haití, continuó su examen. La policía haitiana, por su parte, se vio obligada a esperar órdenes del juez instructor para proseguir con su investigación luego de entregar el caso ante la justicia.

“Espero que, con el apoyo que ha venido del FBI y de otras autoridades federales de Estados Unidos”, dijo Duque, “sepamos rápidamente quiénes fueron los implicados y cuál fue su motivación”.

Duque señaló que los 22 colombianos que viajaron a Haití no tenían antecedentes penales y habían prestado servicio militar en el país. Antes de llegar a Haití, dijo, dejaron un rastro de pruebas, desde pagos por internet hasta la compra de boletos de avión.

Pero averiguar más sobre su estancia en Haití resultó difícil para los investigadores, quienes desde entonces le entregaron sus hallazgos al FBI.

“En el momento en que se produjeron los hechos, está claro que lo que estaban haciendo no era legal ni legítimo”, dijo Duque. “Además, todo indica que había personas que tenían información un poco más detallada y sabían cuál era el objetivo.

“Y, curiosamente, en sus propios testimonios, las personas que tenían el mayor nivel de información murieron, así que claramente hay un deseo de encubrir la verdad intelectual”. Se refería al colíder de la brigada, Capador, quien murió en un tiroteo con la policía.

El motivo del asesinato de Moïse, un controvertido jefe de Estado que llevaba más de un año reglamentando por decreto, sigue siendo uno de los muchos misterios que se ciernen casi un año y medio después de que el atentado causara conmoción en todo el mundo.

Sin embargo, los nuevos detalles aportados por una fuente familiarizada con la investigación colombiana dibujan el panorama de un golpe mortal y un atraco de dinero, este último de los cuales pudo ser el factor que motivó al escuadrón de ex militares a matar a Moïse. Esos detalles también explican con mayor claridad cómo casi una docena de colombianos acabaron dentro de la Embajada de Taiwán después del asesinato del presidente antes de ser capturados por la policía haitiana.

Luego de llegar a Haití a principios de junio, después de una estancia de tres días en la República Dominicana, los colombianos se quedaban sin recibir un pago mensual de hasta $3,000 que les habían prometido cuando la mayoría respondió a un anuncio de WhatsApp sobre un trabajo de seguridad en Haití.

Palacios, durante su primera comparecencia ante el tribunal federal de Miami luego de ser arrestado, dijo que sus ingresos mensuales eran el equivalente a $367.87 de su pensión militar.

Múltiples fuentes declararon al Herald que, a pesar del salario prometido por el trabajo en Haití, los colombianos no habían recibido el pago antes del asesinato.

Un manifestante sostiene una foto del candidato presidencial Jovenel Moïse cerca de la sede del Consejo Electoral Provisional en Puerto Príncipe.
Un manifestante sostiene una foto del candidato presidencial Jovenel Moïse cerca de la sede del Consejo Electoral Provisional en Puerto Príncipe.

La fuente colombiana familiarizada con la investigación de su país dijo que las pesadas bolsas de dinero almacenadas en el segundo piso de la casa del presidente constituyeron un importante incentivo para que los mercenarios colombianos participaran en el ataque en plena noche. Dijo que el líder del grupo, Capador, les habló del dinero que había dentro de la casa.

“Les dijeron que los colombianos se quedarían con $18 millones de los $45 millones y que el resto se entregaría a los haitianos”, dijo la fuente colombiana. “Nunca supieron cuál de los haitianos recibiría ese dinero, porque Capador murió”.

Capador supuestamente huyó con las bolsas de dinero después del asesinato, pero murió en un intercambio de disparos con agentes de policía haitianos. Su colíder, Germán Rivera García, un militar retirado conocido como “Coronel Mike”, está actualmente encarcelado en Haití.

La fuente confirmó que la conspiración golpista comenzó como un plan para secuestrar y arrestar a Moïse a su regreso de una visita a Turquía a mediados de junio de 2021, pero que no dio resultado.

Algunos de los colombianos tenían la impresión de que formarían parte del nuevo gobierno encargado de dirigir Haití después del arresto de Moïse. Ese gobierno habría estado encabezado por Sanon, el predicador y médico del sur de la Florida, cuyos partidarios habían lanzado meses antes una campaña de envío de cartas para que encabezara un gobierno de transición o por el juez del Tribunal Supremo de Haití Windelle Coq Thélot.

Moïse había despedido ilegalmente a Thélot y a otros dos jueces del Tribunal Supremo, en febrero del año pasado, luego de anunciar un intento golpista frustrado. Thélot, en una entrevista el Herald, negó cualquier implicación en la conspiración, pero tanto la policía haitiana como la investigación colombiana dijeron que se reunió con algunos de los colombianos antes del 7 de julio y que se hacía llamar “Diamante”.

A los colombianos se les había dicho que acompañarían a las autoridades locales y a agentes de DEA en una operación para cumplir una supuesta orden de arresto contra el presidente. De acuerdo con dos fuentes colombianas, la noche del atentado algunos aún tenían esa impresión.

Pero horas antes del ataque, Palacios y otras cuatro personas que formaban lo que la policía haitiana describió como el “equipo Delta” recibieron nuevas instrucciones, de acuerdo con documentos judiciales de Estados Unidos. En declaraciones grabadas ante agentes federales de Estados Unidos mientras estaba detenido en Jamaica, en donde fue a parar después de meses escondido en Haití, Palacios declaró que el 6 de julio se enteró de que la misión había pasado de arrestar a Moïse a matarlo.

Una denuncia penal presentada por Estados Unidos para la detención de Palacios confirma que algunos de los presuntos conspiradores ya conocían el 28 de junio el plan de matar a Moïse en lugar de arrestarlo, antes de que se llevara a cabo el asalto 10 días después.

Además, de acuerdo con la denuncia, Palacios dijo que una persona identificada como “co-conspirador número uno” era “uno de los líderes de la operación”. El Herald ha sabido por múltiples fuentes que esa persona es Solages.

Un mural del presidente haitiano Jovenel Moïse junto a su casa en las colinas de Puerto Príncipe. Fue asesinado dentro de su habitación el 7 de julio de 2021. Solo tres personas han sido acusadas, todas en los EE. UU. mientras el caso continúa en Haití.
Un mural del presidente haitiano Jovenel Moïse junto a su casa en las colinas de Puerto Príncipe. Fue asesinado dentro de su habitación el 7 de julio de 2021. Solo tres personas han sido acusadas, todas en los EE. UU. mientras el caso continúa en Haití.

Los abogados de Palacios en Miami están intentando actualmente que se desestime su confesión respecto a la trama, basándose en el argumento de que no se le informó adecuadamente de sus derechos constitucionales.

Alfredo Izaguirre, un abogado de Miami que representa a Palacios, dijo que su cliente estuvo en la casa del presidente pero no en su dormitorio, en donde Moïse recibió el disparo mortal en una lluvia de balas. La fuente colombiana y al menos otro investigador haitiano que habló con el Herald no estuvieron de acuerdo con esa versión y dijeron que las declaraciones de los colombianos detenidos sitúan a Palacios en el dormitorio.

Después del asesinato de Moïse, los colombianos idearon un plan improvisado para refugiarse en la cercana embajada de Taiwán, protegida por altos muros y situada al otro lado de una carretera de dos carriles desde la casa del presidente. Los líderes colombianos discutieron el plan con el dueño de una empresa de seguridad con sede en la Florida, Counter Terrorist Unit (CTU) Security, dijo la fuente. CTU Security había elegido a los colombianos para prestarle servicios de guardaespaldas a Sanon durante su estancia en Haití.

El dueño de CTU Security, el emigrante venezolano Antonio “Tony” Intriago, no ha sido acusado del plan de asesinato, como tampoco su socio, Arcángel Pretel Ortiz, cuya empresa hermana, CTU Federal Academy, se encargó presuntamente de reclutar a los colombianos. La oficina de Intriago en Doral — junto con la de un financiero de Weston, Walter Veintemilla, que concedió un préstamo a Sanon a través de Intriago — fue registrada.

A través de sus abogados, Intriago y Ventemilla se han distanciado del asesinato. No se ha escuchado nada de Pretel — quien testificó para el FBI en un caso de un cartel de drogas colombiano y se cree que es un informante del FBI — desde el asesinato. No hay pruebas de que actuara siguiendo órdenes del FBI, que declinó hacer comentarios en torno a si Pretel era o sigue siendo un informante.

Un doliente sostiene una foto del difunto presidente haitiano Jovenel Moïse durante una ceremonia conmemorativa en el Museo Nacional del Panteón en Puerto Príncipe en julio de 2021.
Un doliente sostiene una foto del difunto presidente haitiano Jovenel Moïse durante una ceremonia conmemorativa en el Museo Nacional del Panteón en Puerto Príncipe en julio de 2021.

Gilberto Lacayo, un abogado de Miami que representa a Intriago, dijo que a su cliente “se le ofreció la oportunidad de ayudar a reconstruir el país de Haití” y le proporcionó servicios de seguridad a Sanon, de 64 años, en su intento de convertirse en el próximo presidente del país, pero Lacayo dijo que Intriago “nunca tuvo conocimiento de ningún escenario” para matar a Moïse.

Lacayo declinó comentar el supuesto papel de su cliente en la colaboración con los colombianos para refugiarse en la embajada de Taiwán luego del asesinato del presidente.

Pero, de acuerdo con la fuente familiarizada con la investigación colombiana, Intriago habló por teléfono con el líder de la fuerza Delta, Capador, poco después del atentado para darle instrucciones de que los hombres fueran a esconderse a la embajada.

“Vieron a Capador llamando a Intriago y hablando con él”, dijo la fuente. “Capador les dijo que estaba coordinando para que tuvieran asilo político en la embajada de Taiwán, para que estuvieran protegidos. También lo llamaron [al ex senador Joseph] para pedirle que intercediera por ellos en las iglesias y los ayudara a salvarles la vida. Estas gestiones las hicieron Capador y también Rivera.”

Al final, los hombres entraron por la fuerza, de acuerdo con la fuente, rompiendo puertas y ventanas para acceder.

Un funcionario de la embajada de Taiwán, quien habló con el Herald bajo condición de anonimato debido a la investigación en curso, dijo que nadie en la misión había tenido contacto con ninguno de los sospechosos del complot de asesinato ni el 7 de julio ni antes. El funcionario también dijo que el personal de la embajada estaba tan sorprendido como cualquier otra persona cuando se enteraron de la irrupción de hombres con equipo militar. El jueves por la mañana recibieron un llamado de la Policía Nacional de Haití a las 6 a.m. pidiendo permiso — que dieron sin vacilar — para entrar al edificio y capturar a los 11 colombianos que se escondían allí durante la noche.

De acuerdo con las declaraciones facilitadas a los investigadores colombianos, que llegaron a Haití antes que los agentes del FBI, cuando el grupo salió de la residencia de Moïse hacia las 3 a.m. del miércoles, encontraron las calles cercanas a su casa bloqueadas por la policía.

Los hombres se dividieron entonces, yendo de casa en casa, para ver si podían esconderse o encontrar una vía de escape del enclave situado en la ladera de una colina, al este de Pétionville, junto a una carretera de montaña. Pronto se encontraron intercambiando disparos no solo con policías, sino también con pandilleros bien armados.

“Eso duró hasta después del mediodía”, dijo la fuente colombiana. “Entraron en diferentes casas; algunos dejaron las armas, otros empezaron a entregarse, otros huyeron, como hizo Palacios, y la mayoría entró a la Embajada de Taiwán”.

La fuente dijo que los pistoleros colombianos y los dos haitiano-estadounidenses que los acompañaban, Solages y Vincent, no habían previsto que quedarían atrapados dentro de los límites de Pétionville ni previeron la participación de pandillas de delincuentes armados.