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A diferencia del 2019, este jueves triunfó el plan militar

Silber Meza

CIUDAD DE MÉXICO, enero 6 (EL UNIVERSAL). - Otra vez Culiacán. Otra vez en jueves. Otra vez un jueves negro. Este jueves se vivió una jornada violenta muy similar a la sucedida el 17 de octubre de 2019, cuando el Ejército intentó capturar sin éxito a Ovidio Guzmán López, uno de los líderes del Cártel de Sinaloa e hijo de Joaquín Guzmán Loera, alias "El Chapo".

Lo detuvieron un momento, pero lo liberaron después ante las amenazas del cártel de atentar contra civiles.

Con los datos que se conocen, es claro que en esta ocasión el Ejército planeó mejor su estrategia: en 2019 falló la inteligencia, minimizó al rival y realizó un operativo en un sitio y horario extremadamente complejos; ahora fue diferente.

En vez de llevar a cabo la estrategia en la tarde, cuando la gente va por sus hijos a la escuela y sale del trabajo para ir a comer, la ejecutaron en la madrugada. En esta ocasión, el operativo de captura no sucedió en el Desarrollo Urbano Tres Ríos, la zona comercial más importante de la ciudad y una de las áreas habitacionales más utilizadas. El Ejército optó por detenerlo en la sindicatura de Jesús María, poblado alejado de la urbe.

Las autoridades estatales reaccionaron relativamente rápido: suspendieron labores oficiales, clases, rutas de autobuses urbanos y buena parte del sector comercial permaneció cerrado ante el claro mensaje y el ambiente violento. A la población se le pidió no salir de casa.

Las calles estaban vacías. Los reporteros buscaron la nota, como siempre hacen, pero ahora recibieron amenazas, agresiones y despojo de vehículos y celulares. Esto no sucedió en el llamado "Culiacanazo", al menos no de forma recurrente.

Ahora sí funcionó la operación. Por el éxito aparente es claro que el Ejército sí estudió a su rival. En la conferencia de prensa ofrecida por el secretario de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval, se informó que se establecieron fuertes anillos de seguridad. En 2019 éstos no se consolidaron, fueron quebrados por los hombres armados del Cártel de Sinaloa que tomaron el control.

Ahora no vimos camionetas del Ejército conducidas por sicarios, gritando y divirtiéndose; ahora no vimos militares retenidos en casetas de cobro, más tarde liberados con un saludo de amistad de por medio; ahora no vimos una Zona Militar de Culiacán tomada por la estructura de sicarios de Los Menores, como también se conoce a los hijos de Guzmán Loera.

Esta vez fue diferente.

Los Chapitos, Los Menores, quisieron repetir la estrategia defensiva. No pudieron. Aún no tenemos detalles oficiales, ni siquiera lo sucedido en Jesús María, el epicentro del conflicto, pero por los informes y videos el Ejército sacó a Ovidio de la zona crítica antes de que el cártel pudiera reaccionar con contundencia para rescatarlo.

El Ejército fue más rápido que los criminales, y eso no pasó hace tres años y dos meses. De nuevo, el crimen quiso abrir las puertas del penal para que salieran los presos y desataran el caos; tampoco pudieron.

Pero hay algo que sucedió esta vez que tampoco había ocurrido: terminó el operativo y la ciudad no volvió a la paz relativa acostumbrada, pues continuó la violencia. Ovidio ya había llegado a la Ciudad de México y la quema de autos, camiones, bloqueos e intimidaciones prosiguieron. Hasta ayer por la tarde, antes de oscurecer, seguían los reportes de violencia.