El dióxido de cloro no cura la covid-19, aunque lo diga un artículo científico

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Un hombre sin mascarilla se manifiesta a favor del dióxido de cloro en Santa Cruz de Tenerife el 26 de septiembre de 2020. Shutterstock / matteoguedia

El dióxido de cloro (CDS) es un compuesto que se ha vendido como falso tratamiento para muy diversas enfermedades. Entre ellas la malaria, la diabetes, el cáncer, el sida y, recientemente, la covid-19. Este producto no es un medicamento y ha sido ampliamente criticado por la comunidad científica, ya que no cuenta con los ensayos clínicos necesarios para validar su funcionamiento y seguridad en seres humanos.

Sin embargo, a inicios de marzo de 2021 se publicó un artículo que parecía aportar información prometedora para el dióxido de cloro. No obstante, está plagado de errores metodológicos e imprecisiones que ahora analizaremos.

Para empezar, el artículo fue publicado en el Journal of Molecular and Genetic Medicine, el cual no aparece en la lista de las casi 31 000 revistas científicas válidas. Esto es debido a que es una revista depredadora, las cuales cobran una cuota por publicar pero no realizan revisión por pares, comprobación de la calidad ni legitimidad de los artículos.

En el texto se aprecian un gran número de faltas de ortografía, errores gramaticales, párrafos repetidos y falta de lógica entre oraciones. Esto hace evidente que no fue revisado. Se observa, además, que no sigue el formato estándar de un artículo científico y las referencias no están correctamente señalizadas e incluso algunas son de poco rigor científico, como Wikipedia y medios de comunicación. Hay figuras y gráficas que son innecesarias o que no están explicadas. Por si fuera poco, la escritura no es objetiva, pues se asemeja a un artículo de opinión que trata de promover el uso del CDS.

¿Cuántos ‘strikes’ son necesarios para desacreditar un artículo científico?

Un strike (así denominamos los errores en la jerga de las publicaciones científicas) sería suficiente para que se pusiera en tela de juicio la investigación. Sin embargo, vamos a destacar los errores más notorios de este estudio.

Se llevó a cabo un cuasiexperimento en el que 40 pacientes confirmados de covid-19 fueron divididos en 2 grupos de 20 personas. Uno de ellos recibió el dióxido de cloro (grupo experimental) y el otro recibió un cóctel de medicamentos (grupo control).

Primer error: en este tipo de ensayos se le debe administrar al grupo control una sustancia sin valor terapéutico para garantizar que los posibles efectos encontrados por el tratamiento que se está probando no sean producto del efecto placebo.

Segundo error: también se suelen realizar ensayos de doble ciego, en los que ni quien administra ni quien recibe la sustancia sabe si es el potencial tratamiento o el placebo. En este cuasiexperimento los pacientes del grupo experimental sabían que estaban recibiendo el CDS, y los del grupo control sabían que no lo estaban recibiendo. Esto favorece el efecto placebo.

Tercer error: los autores del estudio no corroboraron el cumplimiento terapéutico. Es decir, no verificaron que los pacientes consumieran el dióxido de cloro ni que lo hubieran preparado correctamente (sí, ellos tenían que prepararlo en casa).

Cuarto error: para confirmar que los pacientes se habían recuperado de la covid-19 se evaluaron variables subjetivas como el dolor o los escalofríos, justo las características que son más influenciadas por el efecto placebo. Además, fueron medidas según las escalas Likert y VAS, comúnmente utilizadas en cuestionarios de opinión: “Del 1 al 10, donde 1 es ausencia de dolor y 10 es el peor dolor imaginable, ¿qué tanto dolor siente?”. Esto no es un ejemplo, en este estudio midieron así el dolor en los pacientes. Por otro lado, valores verdaderamente relevantes para determinar el estado de la infección como la carga viral o la oxigenación fueron ignorados o no reportados.

Quinto error: por alguna razón que no explican, midieron estas variables subjetivas 14 días en el grupo control y 21 días en el grupo experimental, con lo cual los resultados no son comparables entre ambos grupos.

Imaginemos que alguna de las vacunas de la covid-19 se hubiese entregado a 20 personas para que las prepararan y se las aplicaran en casa. No verificamos si se la dieron a algún familiar más vulnerable, si no la usaron, si la perdieron o si la prepararon erróneamente. Posteriormente, no medimos variables relevantes para determinar que las vacunas dan protección, sino variables subjetivas o indirectas y finalmente concluimos que esa vacuna es perfectamente funcional. ¿Usted la usaría?

Aunque parezca difícil de creer hay tantas personas siendo estafadas con este producto que la Organización Panamericana de la Salud, la FDA (Food and Drug Administration de Estados Unidos) y dependencias gubernamentales en México, España, Colombia, Perú, Argentina, Brasil, Chile y un largo etcétera han lanzado boletines de alerta para que la gente no consuma el dióxido de cloro.

Esperen, todavía hay más

Los autores de la investigación mencionan que realizaron un cuasiexperimento, que difiere de un experimento convencional, entre otras cosas, en que no hay una asignación aleatoria del tratamiento. En este caso los pacientes decidieron quién quería y quién no quería recibir el CDS, lo cual, como ya vimos, suele sesgar los resultados encontrados.

Independientemente de no tener sentido realizar un cuasiexperimento para evaluar la eficacia de un tratamiento, el artículo concluye de la siguiente manera: “Podemos afirmar […] que el dióxido de cloro es efectivo para tratar la covid-19”. Esta conclusión sería propia de un ensayo clínico de fase III, en el que ya se verificó primero la seguridad y posteriormente la eficacia del tratamiento en miles de voluntarios con ensayos que sí cumplen los estándares de calidad. No se puede decir algo así tras un cuasiexperimento con 20 personas.

Finalmente, los autores se vanaglorian de haber registrado este cuasiexperimento en la página estadounidense de ensayos clínicos, pero no mencionan que, de acuerdo a su aviso legal, dicho registro no confirma que el ensayo haya sido evaluado por el Gobierno Federal de los Estados Unidos.

Aquí hay gato encerrado

En todo artículo científico se debe realizar una declaración que garantice que no hay un conflicto de intereses personales o financieros que esté influyendo la investigación. En este artículo existe dicha declaración, pero nos llama la atención que varios de los autores han publicado artículos y colaboran estrechamente en diplomados con Andreas Kalcker, individuo que posee la patente del CDS como tratamiento de enfermedades infecciosas y quien, además, es el máximo promotor del dióxido de cloro en América Latina.

Estamos atravesando tiempos difíciles en que la vulnerabilidad humana está a flor de piel. No por eso debemos recurrir a productos inservibles y potencialmente dañinos. Como sociedad hemos sido bastante exigentes con el desarrollo de las nuevas vacunas contra la covid-19 y eso debe aplaudirse. Mantengamos esos mismos estándares con los productos engañosos que se lucran con la esperanza ajena.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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