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¿Qué es el deterioro cognitivo leve y cómo se diagnostica?

Los médicos explican qué síntomas hay que tener en cuenta y cómo hacer que nos evalúen. (Vartika Sharma/The New York Times)
Los médicos explican qué síntomas hay que tener en cuenta y cómo hacer que nos evalúen. (Vartika Sharma/The New York Times)

La madre de Mike Davis murió de la enfermedad de Alzheimer en el año 2008. Así que cuando, a la edad de 76 años, Davis comenzó a observar que estaba teniendo una cantidad cada vez mayor de “lagunas mentales” (como olvidar regar las plantas, algo con lo que solía ser muy riguroso), decidió hacerse algunas pruebas para evaluar sus habilidades cognitivas.

Después de una evaluación, su médico le dijo que tenía deterioro cognitivo leve (MCI, por su sigla en inglés).

Se cree que millones de estadounidenses tienen MCI, aunque es difícil precisar la cifra exacta porque, según los especialistas, ese trastorno no siempre se diagnostica. Hay muchas razones probables por las que esto sucede. Es posible que sea difícil identificar el MCI durante una visita de atención médica primaria, en la que casi siempre los médicos solo disponen de más o menos 15 minutos para atender al paciente. También es posible que los pacientes tengan miedo de revelarle al médico sus inquietudes o que ni siquiera se den cuenta de que tienen algún problema.

Esto es lo que hay que saber sobre el MCI y cómo se diagnostica.

¿Qué es el MCI?

Por lo general, el MCI es resultado de alguna enfermedad neurodegenerativa, como el alzhéimer, pero el deterioro cognitivo también puede deberse a un problema reversible, como deficiencia de vitaminas, trastornos del sueño o efectos secundarios de algunos medicamentos. Si el MCI es producto de alguna enfermedad neurodegenerativa puede convertirse en demencia, aunque es muy variable el tiempo que tarda ese proceso. Según la Alzheimer’s Association, cada año, del 10 al 15 por ciento de las personas con MCI desarrollan demencia.

“El deterioro cognitivo leve es la antesala de la demencia, en la cual tenemos más problemas de razonamiento de los que esperaríamos para nuestra edad”, señaló Andrew Kiselica, un neuropsicólogo de la Universidad de Misuri que se especializa en diagnosticar la demencia. “Pero en el MCI todavía hay cierto nivel de independencia porque no dependemos de otras personas para nuestro funcionamiento cotidiano”.

Tal vez sea difícil saber cuál es el olvido normal de la edad y cuál es una señal de que algo anda mal. Kiselica comentó que un indicador de un posible MCI es que el paciente tenga que comenzar a implementar estrategias que le ayuden a seguir realizando sus actividades básicas. “Recuerda tomar sus medicamentos o qué adquirir cuando va de compras”, explicó, “pero tiene que usar muchas más listas de pendientes para asegurarse de hacer esas cosas”.

O, bien, es posible que haya “acontecimientos reveladores” de olvidos, señaló Halima Amjad, profesora adjunta de Medicina especializada en geriatría en la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins. Y no es solo “’Olvidé mi teléfono. Olvidé para qué vine a esta habitación’”, lo cual todos experimentamos de vez en cuando, comentó, sino “’Chispas, tuve que llamar a alguien porque no podía encontrar mi auto en el estacionamiento’”.

¿Cómo se diagnostica?

A la mayoría de las personas se les practican pruebas de detección de MCI y demencia en el consultorio de atención médica primaria. Medicare exige que los médicos evalúen la salud cognitiva en la visita médica anual, a la cual los pacientes empiezan a ser candidatos a los 65 años, aunque esas pruebas de detección pueden ser tan básicas como preguntarles a los pacientes si han notado algún problema con su memoria. Es común que el médico haga una prueba de demencia más profunda si el paciente o algún familiar han manifestado alguna preocupación, señaló Amjad.

Si te preocupa que alguno de tus seres queridos esté experimentando pérdida de memoria y crees que deba ser evaluado, intenta abordar el tema con esa persona de un modo empático y sin confrontaciones. Kiselica recomienda subrayar que si se realiza una evaluación, es posible que resulte que te equivocaste. Por ejemplo: “Me he dado cuenta de que tal vez estés teniendo problemas de memoria, que repites las cosas y que olvidas cosas que te dije. Es posible que yo esté equivocado, pero si vamos con el médico quizás él pueda sacarnos de dudas”.

Si la persona se niega, también podríamos intentar llamar a su médico antes de alguna cita próxima para comentarle nuestras inquietudes. Eso hará que el tema de la cognición esté “dentro del radar del médico, de tal modo que este pueda preguntar y considere realizar algunas pruebas”, explicó Amjad.

Dos pruebas que se usan de manera habitual para diagnosticar MCI y demencia son el Mini-Examen del Estado Mental y la Evaluación Cognitiva Montreal. Ambas se realizan en unos diez minutos y contienen preguntas para evaluar la memoria, la atención, las habilidades verbales y el estado general de cognición. Por ejemplo, el médico puede pedirle al paciente que recuerde algunas palabras y las verbalice varios minutos después, que nombre tantos animales como pueda recordar o que cuente hacia atrás en grupos de siete.

Las puntuaciones menores a determinados límites se clasifican como MCI, seguidas de una demencia leve, moderada o grave. Sin embargo, es posible que las puntuaciones de corte no sean exactas para toda la población. Por ejemplo, los adultos mayores negros o latinos obtienen peores puntuaciones en promedio que los adultos mayores blancos, lo cual, según los investigadores, en parte se puede deber a las diferencias sistémicas en las oportunidades educativas. Como resultado, algunos especialistas recomiendan que haya diferentes cortes con base en la raza y el origen étnico.

Para Amjad, las pruebas son solo una parte de la información en un panorama más amplio. La impresión que tiene el paciente sobre sus propias capacidades, más la versión de algún familiar, son igual de importantes, si no es que más, aseveró.

¿Y luego qué sigue?

Si a algún paciente le diagnostican MCI, tal vez le manden a hacer una prueba cognitiva más amplia con un neuropsicólogo, y también deberán practicarle otras evaluaciones, como escaneos cerebrales y análisis de sangre, para determinar cuáles podrían ser las causas subyacentes de su problema.

Un diagnóstico no puede explicar por sí solo qué hay detrás de los síntomas del paciente, señaló Carolyn Fredericks, profesora adjunta de Neurología en la Escuela de Medicina de la Universidad de Yale. “Y eso, por supuesto, es la parte más importante y la que tiene más relevancia para los pacientes en términos de ‘¿qué tanto debemos preocuparnos y qué implicaciones tiene esto para el futuro?’”.

Pero el primer paso es la evaluación de nuestra salud cognitiva. Si nos preocupa nuestra memoria, “Hay que acudir a ver al médico”, señaló Davis, quien ha logrado manejar su MCI durante cinco años manteniéndose física y mentalmente activo.

“Hay que comenzar a considerar esto como una parte del examen físico”, comentó Amjad. Así como los médicos nos revisan el corazón y los pulmones, “esta es una manera en que nosotros evaluamos el cerebro”.

c.2024 The New York Times Company