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Destrucción de los murales en el edificio Balmori

Liza Luna

CIUDAD DE MÉXICO, mayo 14 (EL UNIVERSAL).- En uno de nuestros Mochilazos en el Tiempo se mostró el inicio del movimiento artístico para salvar al edificio Balmori, pero falta conocer la "muerte" de este proyecto en los años 90.

Para la década de 1980, el inmueble ubicado entre Álvaro Obregón y Orizaba, en la colonia Roma, estaba en malas condiciones y el sismo de 1985 agravó su estado. Los dueños del edificio Balmori acordaron tirarlo y usar el espacio como zona comercial.

El proceso para demolerlo comenzó en 1989, pero el artista capitalino Aldo Flores solicitó permiso a las autoridades locales para retrasar el destino del inmueble y ocuparlo como un "museo al aire libre".

Así se realizó La Toma del Balmori, una muestra artística con pinturas y esculturas de artistas contemporáneos hechas sobre ventanas y tablones del longevo edificio. El Balmori se convirtió en un espacio urbano lleno de arte y escenario para proyectos culturales, pero algunas semanas después todo cambió.

Filmación de videoclip cansó a los dueños

El Gran Diario de México publicó el 23 de abril del 90 una crítica de Pablo Palomino, quien denunció la precaria condición económica del edificio Balmori, pues los dueños no podían pagar la manutención del lugar y la iniciativa artística de Flores no les ayudó.

Pese a ese desalentador conflicto, los capitalinos aplaudieron al primer museo abierto de la Ciudad. Significativo para todos, menos para los inquilinos.

Para el domingo 13 de mayo, EL UNIVERSAL reportó la grabación de un videoclip en el inmueble de la Roma. Los amantes de Lola, una agrupación de rock mexicana, filmó su canción "Mamá" entre las pinturas y esculturas del Balmori.

La sesión para el videoclip se llevo a cabo en la madrugada del 12 de mayo, con una duración de 10 horas. Según los comentarios de los dueños, el equipo de producción de Los amantes de Lola no solicitó el permiso para filmar en el Balmori e importunaron a los vecinos.

El apoderado del inmueble, Felipe Zuberbee, aseguró que la situación se "volvió un destrampe", y enfatizó su derecho para desaparecer las obras por el simple hecho de estar sobre una propiedad privada.

Borran muestra artística

Horas después de la grabación de Mamá comenzaron los trabajos para cubrir todos los murales de La Toma del Balmori. Las ventanas se pintaron de blanco y se desmontaron las esculturas, sin la intención de preservar la obra de los artistas.

No se sabe si el videoclip fue el genuino detonante o un simple pretexto para desaparecer las pinturas, pero el Balmori quedó sin obras artísticas ese fin de semana.

Para la tarde del sábado 12, Aldo Flores llegó al lugar para impedir la desaparición de los murales, pero más de la mitad ya se habían borrado. El artista comentó que la maniobra de los dueños "era un crimen, una puñalada a la sociedad y al patrimonio de la humanidad".

El mismo Flores responsabilizó a una cadena televisiva de provocar la destrucción de La Toma del Balmori. "¿Qué diablos tenían que venir a filmar videos y comerciales?", comentó.

En una entrevista del 21 de junio del 90 para EL UNIVERSAL, Los Amantes de Lola aseguraron que sí tenían la autorización de los dueños y de la delegación para grabar en el edificio Balmori, y declararon que el equipo para pintar el inmueble ya estaba en el lugar cuando ellos llegaron.

Para el 14 de mayo del 90, este diario reportó la desaparición de los murales del Balmori. Zuberbee comentó que el "edificio está en muy malas condiciones. Puede provocarse un accidente y costar la vida a alguien; y al final, el responsable es el dueño".

Al ser una propiedad privada, no existió algún cargo contra los dueños por perjudicar las obras de 140 artistas, pero sí hubo condenas por el acto.

El 18 de mayo de 1990 se organizó el "velorio" del proyecto artístico. Varios de los artistas involucrados y otros invitados se reunieron para despedir al primer museo al aire libre de la Ciudad de México. Llevaron flores y coronas de pésame, en un funeral simbólico.

En palabras de Paco Ignacio Taibo I, dentro de su columna del 16 de mayo de 1990 para El Gran Diario de México: "El Balmori era un gesto nuevo y lleno de vitalidad. [Pero] el dueño de la casa pintó de blanco lo que antes era color y alegría. Ahora tenemos, en pleno centro de la Ciudad, un paisaje frío y nevado".

Hoy en día, el inmueble sigue en pie, gracias a una restauración completa en 1991. Se respetó el estilo ecléctico de la construcción de 1920, pero no se reintegró el cine que solía tener, ni se conservó algún recuerdo de aquella Toma del Balmori.