El destino que ofrece sierras, viñedos y arroyos cristalinos sin salir de la Provincia de Buenos Aires

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San Andrés de la Sierra, el pueblo bonaerense que es refugio de exiliados de las ciudades
Ricardo Pristupluk

No todo es mar para las vacaciones: las sierras atraen con su belleza y tranquilidad. Cruzada por la escénica Ruta 76, la Comarca de Sierra de la Ventana, con su cerro Tres Picos, el techo de la provincia con 1239 metros de altura, es un destino que crece año a año.

“Es el ambiente de montaña más cercano al AMBA. Será una temporada excelente”, afirma Jeremías León, director de planificación y desarrollo turístico del municipio de Tornquist, en la Provincia de Buenos Aires. El último verano fue el mejor en diez años. “Podemos decir que la tendencia se ha mantenido y que se proyecta tener un enero y febrero similares”, confirma. Ya está el 80% de la capacidad hotelera colmada para enero y, según estiman, seguramente aumente.

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En la Comarca hay 6000 plazas (3500 camas y 2500 campings). “Es un destino de pequeñas localidades con un tipo de alojamiento que permite burbujas familiares, ya que la mayor parte de la oferta es de cabañas y casas de campo, de espacios abiertos, de actividades en entornos rurales y naturales”, resume.

Ruta 76; sierras
Leandro Vesco


La ruta 76 (Leandro Vesco/)

Cabalgatas, vertientes, piletones naturales de aguas cristalinas, campos con plantaciones de aromáticas, viñedos y una gastronomía basada en productos del territorio, con base en carnes, quesos y embutidos de ciervo y jabalí son solo algunos de los atractivos. La Comarca tiene seis localidades: Sierra de la Ventana, Villa Ventana, Saldungaray, Tornquist, Villa serrana La Gruta y San Andrés de la Sierra. “Es un destino no del todo conocido que está en pleno desarrollo”, concluye León.

San Andrés de la Sierra

Es un pueblo que está naciendo a los pies de las sierras, el loteo más joven y bello de la Comarca. Es una joya en el mapa serrano. Todas las casas tienen una visión perfecta: las sierras y su belleza pura. Los vecinos han elegido no tener alumbrado público para poder iluminarse con las estrellas de noche y dejar espacio a la magia natural: las luciérnagas. Todas las noches visitan este pequeño valle.

San Andrés de la Sierra, el pueblo bonaerense que es refugio de exiliados de las ciudades
Ricardo Pristupluk


Una vista de San Andrés de la Sierra (Ricardo Pristupluk/)

“Es un lugar con mucha paz donde se puede disfrutar de la naturaleza a pleno, cosas simples pero maravillosas”, afirma Liliana Puliti, propietaria junto a su esposo Javier Gentileschi del complejo de cabañas La Rueca. Todas las calles, de tierra tienen nombres de plantes y caciques de pueblos originarios: “Verbena” “Cortadera” o “Cacique Curunaquel”. El hospedaje cuesta entre $5500 y $8500 la noche en temporada alta.

La clave está en disfrutar de lo simple: contar estrellas fugaces a la noche, descubrir alguna liebre o iniciar un fuego para comer alguna carne asada. El silencio es total, sólo acompañado por el canto de las aves. “Tenemos cuatro cabañas distribuidas de tal manera que tengan privacidad entré sí, en un amplio parque”, cuenta Liliana. Tienen todas las comodidades, y un tanque australiano. Idílico. También ofrecen libros de su biblioteca. Las cabañas están abrazadas de lavandas y fauna nativa. La pequeña aldea guarda un secreto: una cervecería escondida al fondo de la pradera.

San Andrés de la Sierra, el pueblo bonaerense que es refugio de exiliados de las ciudades
Ricardo Pristupluk


En San Andrés de la Sierra viven muchos exiliados de las ciudades (Ricardo Pristupluk/)

“Cuando nos descubren, se llevan una gran sorpresa porque está en un lugar muy solitario, donde el viento pega la vuelta”, confiesa Gabriel D’Afflitto, a cargo junto a su familia de “El Encuentro”. Este rincón se divisa a lo lejos por sus luces tenues. Las mesas se ubican para disfrutar la caída del sol o la llegada de la luna.

“Durante el mes de enero vamos a ofrecer todos los martes a las 20.30 una experiencia gastronómica y astronómica. Vamos a acompañar una picada regional con cerveza artesanal, y un especialista llevará telescopios de última generación para ver el cielo”, describe D’Afflitto. La oferta gastronómica se basa en tapas, hamburguesas y menú vegano, con cerveza de la Comarca.

Villa Ventana

Es el pueblo más alto de la provincia de Buenos Aires: se encuentra a 350 MSNM. Lo rodean dos arroyos de aguas cristalinas, el Belisario y Las Piedras; ambos se usan como balnearios. Como si fuera una postal alpina, el pueblo está dentro de un bosque, sus calles sugieren recorridos hacia el interior de un escenario de silencio y casas hechas de piedra, madera y vidrio, con diseños que remiten a un pueblo de montaña (que lo es).

En la entrada, en la calle principal, están los comercios que venden productos del terruño: ciervo, jabalí, escabeches, mermeladas. Una interesante oferta de restaurantes ofrece recetas típicas (las carnes son excelentes) y tabla de picadas con chacinados locales, y cervezas artesanales. Es un destino sibarita. “Villa Ventana era la joya turística de la Provincia a descubrir. Un pueblo pequeño, sin ruidos ni prisas, y con la naturaleza que explota en todos los rincones”, afirma Adolfo Díaz, propietario de la Hostería La Península, la primera construcción de la Villa.

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Ricardo Pristupluk


Uno de los hospedajes en Villa Ventana (Ricardo Pristupluk/)

Aristocrática, cómoda y solemne, es la mejor opción para hospedarse. Está en la entrada al pueblo. Su menú es celebrado. “Pastas caseras, carnes al asador y productos de la región, cocinados como lo hacían las abuelas, sin estridencias pero con profundo cariño”, resume.

Un dato: todos los días, hay una fuente con sopa de verduras que es invitación de la casa. El hospedaje cuesta $4900 por persona, en habitaciones dobles con desayuno.

La Villa esconde historias: las ruinas del que fuera el hotel más lujoso de América del Sur, el Club Hotel Villa Ventana. En su fiesta de inauguración en 1911 hubo 1200 invitados, incluyendo Isabel de Borbón y el Príncipe de Gales. En 1943 albergó a los tripulantes del buque alemán Graf Spee. Se pueden visitar las ruinas.

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Ricardo Pristupluk


Las ruinas del Club Hotel Villa Ventana (Ricardo Pristupluk/)

“Ofrecemos este pan-alimento de una manera honesta, consciente y amigable con el entorno”, afirma Ezequiel Luraschi, a cargo de una pequeña panadería de fermentación natural, el Obrador Madre. Solo ofrece panes de masa madre con productos locales. “Queremos recuperar el pan ancestral con harinas de mínima intervención y elaboración manual”, cuenta Luraschi.

En toda la Villa, el perfume a pan horneándose se siente. Hace ocho clases de panes, con harinas de trigo, centeno, el sarraceno y la espelta. “Villa Ventana es un paraíso que te abraza y te invita a conectar con la naturaleza, respetarla y cuidarla”, concluye el panadero.

Villa La Gruta

A los pies de las sierras, enfrente a San Andrés de la Sierra, se ven algunas casas coloridas al costado de la ruta 76. Es la Villa La Gruta. Está a 12 kilómetros de Villa Ventana. Entre la arboleda se distinguen algunos senderos por donde se ven los únicos almacenes y comercios en este tramo de la ruta. Es un pueblo mínimo con encanto propio. El arroyo de La Ventana, con sus aguas traviesas y cristalinas, divide la población. Un puente ofrece una panorámica privilegiada.

Villa La Gruta
Leandro Vesco


Un arroyo en Villa La Gruta (Leandro Vesco/)

La Villa tiene pocos pobladores, no más de 100 durante el año. La belleza de su entorno la vuelve una perla en la comarca. Es un lugar donde se puede hacer base para realizar micro escapadas. En lo alto de la sierra se ve el santuario de la Virgen de Nuestra Señora de Fátima: impacta verlo. El Almacén El Paso ofrece un completo surtido de mercadería, además de una amplia variedad de vinos del terruño.

“Es el lugar más virgen de la Comarca”, cuenta Mariana, a cargo de Las Auroras, el único comercio de venta de regionales y de artesanías. Su marido es apicultor, y venden miel de apiarios que tienen en las sierras, también libros y la posibilidad de armar alguna picada con productos locales. “La Gruta conserva la paz y la tranquilidad”, afirma en contraste con destinos de la zona con más oferta comercial. “Es el paraje más chico, el menos conocido y el que más cerca está de las sierras”, cuenta Mariana. “También tenemos mapas de la zona y nos gusta dar informar, como por ejemplo, donde hay wifi”, afirma.

Tiny House
Gentileza: Verónica Rivero


Tiny House (Gentileza: Verónica Rivero/)

En La Gruta es posible hospedarse en una Tiny House. Son dos casas mínimas e íntimas, para dos personas. “Un pequeño lugar, frente a la inmensidad del paisaje”, afirma Verónica Rivera, arquitecta, a cargo junto a Carlos Verta, el constructor de estas coquetas viviendas minimalistas. “La experiencia Tiny House es para descansar, reencontrarte con tu ser interior, acomodarte y disfrutar de la Madre Naturaleza”, confiesa Rivero.

Cada Tiny House cuenta con una habitación, baño, cocina, heladera, chulengo y servicio de WiFi. “Si te maravillás con las estrellas, si buscás relajarte, disfrutar del sol, la lluvia o las condiciones climáticas que el destino te depare, esta puede ser una experiencia única”, concluye Rivero. En enero y febrero el hospedaje cuesta $5000 por día para dos personas.

La ruta del vino serrano

La Comarca cuenta con viñedos. Las bodegas se pueden conocer y sus vinos se pueden disfrutar en el propio terroir o en todos los restaurantes de los pueblos de la ruta 76. En Saldungaray se encuentra la “Bodega Saldungaray”. Son 20 hectáreas donde se cultivan merlot, malbec, Cabernet Sauvignon y franc, pinot noir, entre otros. Es una bodega pionera.

Itamalal
Gentileza: Ale Pihué


La bodega Ita Malal (Gentileza: Ale Pihué/)

El pueblo está a orillas del río Sauce Grande, que es un balneario. Un camping ubicado en la costa del río tiene fogones, y abre la chance de comer un asado con vino de la bodega. Más cerca de su lugar de origen, imposible. Tiene un cementerio diseñado por el arquitecto Francisco Salamone. En Villa Ventana está la bodega Cerro Redondo, considerado uno de los mejores de la Comarca.

Sobre una de las laderas de las sierras y dentro del Abra del Hinojo (ya partido de Saavedra), está la bodega Ita Malal. Su altitud ronda entre los 450 y 500 MSNM. “Se nos ocurrió que en las sierras del cordón de Ventania se podían cultivar vides y hacer vinos con características reconocidas”, afirma Mariana Marcenac, la familia de origen francés.

Cerro Áspero
Gentileza


Cerro Áspero, el hospedaje en altura (Gentileza/)

Tiene una gran tradición en vitivinicultura. Se nota en sus vinos. Este viñedo está además en un entorno de gran belleza natural, muy virgen. Cultivan ocho de cepas tintas (Cabernet Sauvignon y Merlot) y ocho de cepas blancas (Chardonnay y Sauvignon Blanc). Es un vino considerado “de altura” dentro de Buenos Aires. Del otro lado de la ladera está el hospedaje más alto de la provincia, Huellas de Amistad, en la estancia Cerro Áspero. Se ofrece la posibilidad de dormir a 700 metros de altura, con la compañía de todos los silencios y al resguardo de un cielo perfecto. También tienen un domo, único, con una vista maravillosa. Cuesta 2000 pesos por persona la noche.

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