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El poder de la superstición: un maleficio roto permitió a un equipo de beisbol volver a ganar un título después de 38 años

El manager de Tiburones de la Guaira, Oswaldo Guillén (L), camina hacia el montículo del lanzador durante el partido de la Liga Venezolana de Béisbol entre Leones del Caracas y Tiburones de la Guaira en el Estadio Monumental Simón Bolívar de Caracas, el 7 de enero de 2024. (Foto de FEDERICO PARRA/AFP vía Getty Images)
El manager de Tiburones de la Guaira, Oswaldo Guillén (L), camina hacia el montículo del lanzador durante el partido de la Liga Venezolana de Béisbol entre Leones del Caracas y Tiburones de la Guaira en el Estadio Monumental Simón Bolívar de Caracas, el 7 de enero de 2024. (Foto de FEDERICO PARRA/AFP vía Getty Images)

El maleficio se terminó. Jesús Alejandro Lezama, uno de los seguidores más fieles de Los Leones del Caracas y definitivamente el más longevo, había jurado que mientras estuviera vivo los Tiburones de La Guaira nunca lograrían coronarse campeones de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional (LVBP).

Con la muerte del célebre 'Chivita' a los 104 años en mayo del 2023, los aficionados y los jugadores del equipo del Litoral pensaron que habían quedado libres de la maldición y eso les permitió tener el impulso adicional para quedarse con el título de la temporada 2023-2024, dejando atrás una mala racha que duró 38 años.

Al ganar 3-0 frente a los Cardenales de Lara, los Tiburones aseguraron su octavo campeonato y su participación en la Serie del Caribe que se disputará en la ciudad de Miami, Estados Unidos. La última vez que lograron ser campeones de la pelota venezolana fue en la temporada 1985-1986.

“A Alejandro lo tildaban de brujo, siempre andaba con un collar de pepas de zamuro. Y la verdad es que después de un problema que tuvo con los Tiburones de La Guaira, él juró que nunca más iban a ganar un campeonato”, dijo Alessandro Astorino, un aficionado a los Leones que conoció y compartió con el legendario Chivita.

La pepa de zamuro es un talismán que se fabrica con la semilla del árbol Dioclea reflexa, conocido popularmente como Mucuna, Maya Prieta o Bejuco de mato, y que se encuentra en las regiones tropicales de África y Suramérica. Las culturas indígenas han usado las pepas de zamuro como un remedio natural y como amuleto contra las energías negativas.

El origen del maleficio

Muchos pensaban que Lezama era caraqueño porque apoyó a los Leones del Caracas durante 80 años, afinidad que comenzó desde el estreno del equipo como Cervecería Caracas en 1942, cuando tenía 23 años.

Pero Lezama nació en Tucupita, una ciudad venezolana ubicada a 717 kilómetros al este de Caracas, capital del estado Delta Amacuro. Se trata de una región caliente y húmeda enclavada en los pantanos del río Orinoco, que fue habitada originalmente por la etnia warao, hasta que a mediados del siglo XIX fue llegaron colonos provenientes de la Isla de Margarita.

No cabe duda de que a pesar del arraigo de Lezama en la capital venezolana, mantuvo algunas de las costumbres ancestrales de la tierra donde nació y vivió brevemente, porque pasó su infancia en la isla de Trinidad y Tobago y llegó a Caracas a los 17 años.

"El dios warao del Delta los castigó. No van a ganar nada mientras esos directivos estén ahí. La maldición que yo les eché sigue en pie, sigue vigente. Así lleven a papá Dios como quinto bate ¡No ganarán! Lo lamento por los fanáticos, que no tienen culpa" dijo Lezama a El Diario en 2020, cuando cumplió 101 años.

El Estadio Universitario de Caracas fue la sede compartida de Los Leones y los Tiburones durante muchos años y Lezama era considerado un huésped de honor del campo deportivo. La lealtad del aficionado fue reconocida en la década de 1970, cuando la directiva caraquista comenzó a pagar los pasajes y los viáticos para que viajara con el equipo.

El Diario relató que la enemistad con Los Tiburones comenzó cuando su directiva le prohibió permanecer en las tribunas del estadio cuando La Guaira jugaba como equipo sede, porque los Leones habían prohibido a su fanaticada tocar samba.

“Los señores (Humberto) Oropeza y (Antonio José) Herrera (dueños de Tiburones) me mandaban a sacar del estadio como si fuera un delincuente. ¿Qué culpa yo tenía de eso? Eran decisiones de los directivos”, recordó Lezama disgustado.

El poder de a superstición

Para las personas que no siguen una afición deportiva, la historia del maleficio de Lezama no es más que una anécdota. Pero para los fanáticos, la superstición juega un papel muy importante.

La desaparición física de Lezama representaba una oportunidad de oro para hacerse con el título, tal y como lo manifestaron los fanáticos antes de comenzar el partido.

Tywan Martin, profesor asociado en el Departamento de Kinesiología y Ciencias del Deporte de la Facultad de Educación y Desarrollo Humano, considera que la superstición en el deporte es muy importante y puede influenciar el resultado de un encuentro.

"Creo que las supersticiones tienen mucho valor dada su larga historia en el deporte y los atletas que las han utilizado para prepararse para un juego", dijo Martin a una publicación de la Universidad de Miami.

Un estudio que revisó la literatura publicada sobre la superstición en el deporte concluyó que funciona como un efecto placebo que produce una mayor sensación de control y tranquilidad mental en situaciones impredecibles durante las competencias.

En el caso del partido que llevó al triunfo a Los Tiburones, es posible que la ausencia de Lezama les diera a los jugadores y los aficionados un nivel de confianza y seguridad adicional al creer con firmeza que el maleficio estaba roto y ahora la suerte estaba de su lado.

Fuentes: El Diario, El Pitazo, Infobae, Cámara de Caracas, News@TheU, PubMed

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