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¿Sobredosis o envenenamiento? Un nuevo debate sobre cómo llamarle a la muerte por drogas

Fotos de Ryan Paul Malcolm, en Corpus Christi, Texas, el 28 de febrero de 2024. (Verónica G. Cárdenas/The New York Times)
Fotos de Ryan Paul Malcolm, en Corpus Christi, Texas, el 28 de febrero de 2024. (Verónica G. Cárdenas/The New York Times)

El certificado de defunción de Ryan Bagwell, un joven de 19 años de Mission, Texas, indica que murió por sobredosis de fentanilo.

Su madre, Sandra Bagwell, dice que eso es falso.

En una noche de abril de 2022, se tragó una pastilla de un frasco de Percocet, un analgésico de venta controlada que él y un amigo habían comprado ese mismo día en una farmacia mexicana al otro lado de la frontera. A la mañana siguiente, su madre lo encontró muerto en su dormitorio.

Un laboratorio de las fuerzas de seguridad federales descubrió que ninguna de las pastillas del frasco daba positivo en Percocet. Pero todas dieron positivo en cantidades letales de fentanilo.

“Ryan fue envenenado”, dijo su madre, especialista en lectura de nivel primaria.

A medida que millones de píldoras contaminadas con fentanilo inundan Estados Unidos haciéndose pasar por medicamentos comunes, las familias desconsoladas han ejercido presión a fin de que se cambie el lenguaje utilizado para describir las muertes por drogas. Quieren que los responsables de salud pública, fiscales y políticos utilicen “envenenamiento” en lugar de “sobredosis”. En su opinión, “sobredosis” sugiere que sus seres queridos eran adictos y responsables de su propia muerte, mientras que “envenenamiento” muestra que fueron víctimas.

Fotos de Ryan Bagwell en su casa de Mission, Texas, el 26 de febrero de 2024. (Verónica G. Cárdenas/The New York Times)
Fotos de Ryan Bagwell en su casa de Mission, Texas, el 26 de febrero de 2024. (Verónica G. Cárdenas/The New York Times)

“Si le digo a alguien que mi hijo tuvo una sobredosis, supone que era un drogadicto”, afirmó Stefanie Turner, cofundadora de Texas Against Fentanyl, una organización sin fines de lucro que consiguió que el gobernador Greg Abbott autorizara campañas de sensibilización en todo el estado sobre la llamada intoxicación por fentanilo.

“Si te digo que mi hijo se envenenó con fentanilo, te preguntas: ‘¿Qué pasó?’”, añadió. “Eso mantiene la puerta abierta. Pero ‘sobredosis’ es una puerta cerrada”.

Durante décadas, los organismos tanto sanitarios como policiales a niveles federal, estatal y local han utilizado “sobredosis” para registrar las muertes por drogas. Ha impregnado el vocabulario de los informes noticiosos e incluso la cultura popular. Pero en los dos últimos años, los grupos de familiares han cuestionado que se use de manera instintiva.

Están teniendo cierto éxito. En septiembre, Texas empezó a exigir que en los certificados de defunción se escribiera “envenenamiento” o “toxicidad” en lugar de “sobredosis” si la causa principal era el fentanilo. En Ohio e Illinois, se han presentado proyectos de ley para introducir un cambio similar. Una propuesta de ley de Tennessee establece que, si el fentanilo está involucrado en una muerte, la causa “debe figurar como envenenamiento accidental por fentanilo”, no como sobredosis.

Las reuniones con los grupos de familias ayudaron a convencer a Anne Milgram, administradora de la Administración para el Control de Drogas, que incautó más de 78 millones de pastillas falsas en 2023, para que utilizara habitualmente “envenenamiento por fentanilo” en entrevistas y en audiencias en el Congreso.

En una audiencia celebrada la primavera pasada, el representante Mike García, republicano por California, elogió la elección de palabras de Milgram, diciendo: “Ha hecho un excelente trabajo calificando estos casos de ‘envenenamiento’. No son sobredosis. En muchos casos, las víctimas no saben que están tomando fentanilo. Creen que están tomando Xanax, Vicodin, OxyContin”.

“El lenguaje es muy importante porque determina la política y otras respuestas”, afirmó Leo Beletsky, experto en aplicación de políticas de drogas de la Facultad de Derecho de la Universidad Northeastern. En el ámbito cada vez más politizado de la salud pública, la elección de las palabras ha adquirido un poder de comunicación cada vez mayor. Por ejemplo, durante la pandemia, la etiqueta “antivacunas” cayó en descrédito y fue sustituida por la más inclusiva “reticente a las vacunas”.

La adicción es un campo que está experimentando un cambio lingüístico convulsivo, y algunas palabras como “alcohólico” y “adicto” se consideran ahora a menudo reductoras y estigmatizantes. Las investigaciones demuestran que términos como “toxicómano” pueden incluso influir en el comportamiento de los médicos y otros trabajadores sanitarios hacia los pacientes.

La palabra “veneno” tiene una fuerza emocional, con ecos de la Biblia y los cuentos de hadas clásicos. “‘Envenenamiento’ alimenta esa narrativa de víctima y villano que algunas personas buscan”, señaló Sheila Vakharia, investigadora principal de Drug Policy Alliance, un grupo de defensa de los derechos de las personas narcodependientes.

Sin embargo, aunque “envenenamiento” ofrece a muchas familias una protección frente al estigma, otras cuyos seres queridos murieron por consumir drogas ilegales en la calle lo consideran problemático. El uso de “envenenamiento” para distinguir ciertas muertes mientras se deja que otras sean etiquetadas como “sobredosis” crea una jerarquía de juicio de las muertes relacionadas con las drogas, afirman.

Fay Martin dijo que a su hijo Ryan, electricista comercial, le recetaron analgésicos opiáceos por una lesión laboral. Cuando empezó a depender de ellos, un médico dejó de recetarlos. Ryan recurrió a la heroína. Finalmente, se sometió a tratamiento y se mantuvo sobrio durante un tiempo. Pero, avergonzado por su historial de adicción, se recluyó en sí mismo y poco a poco empezó a consumir drogas de nuevo. Creyendo que compraba Xanax, murió al tomar una pastilla contaminada con fentanilo en 2021, un día después de cumplir 29 años.

Aunque él, como miles de víctimas, murió por una pastilla de contrabando, su madre doliente siente como si los demás la miraran con recelo.

“Cuando mi hijo murió, sentí ese estigma de la gente, que había responsabilidad personal de por medio porque él había consumido drogas ilícitas”, aseguró Martin, que vive en Corpus Christi, Texas. “Pero no obtuvo lo que él quería. No pidió la cantidad de fentanilo que había en su organismo. No quería morir. Intentaba drogarse”.

Para un número creciente de fiscales, si alguien se intoxicó con fentanilo, la persona que vendió la droga era un envenenador: alguien que sabía o debería haber sabido que el fentanilo podía ser letal. Cada vez más estados están aprobando leyes contra el homicidio por fentanilo.

A la pregunta de qué palabra o frase imparcial podría caracterizar mejor las muertes por drogas, los expertos en política y tratamiento de las drogas tuvieron dificultades.

Algunos prefirieron “sobredosis”, porque está arraigada en los informes de datos. Otros utilizan “sobredosis accidental” para subrayar la falta de intención. (La mayoría de las sobredosis son, de hecho, accidentales). En ocasiones, los medios de comunicación utilizan ambos términos para informar que una sobredosis se produjo por intoxicación con fentanilo.

Los expertos en medicina de las adicciones señalan que, dado que la mayor parte del suministro de drogas en la calle está adulterado, “envenenamiento” es, de hecho, el término más directo y preciso. Los pacientes que compran cocaína y metanfetamina mueren a causa del fentanilo presente en el producto, señalan. Los adictos al fentanilo sucumben por bolsas que contienen mezclas más tóxicas de lo que habían previsto.

Martin, cuyo hijo murió a causa del fentanilo, está amargamente de acuerdo. “Lo envenenaron”, dice. “A él lo condenaron a muerte y a su familia a cadena perpetua”.

c.2024 The New York Times Company