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Serpientes sobre el césped… bajo el piano, por la alberca y en prisión

Stuart McKenzie, quien dirige un servicio de captura de serpientes, busca un ejemplar en un domicilio de Sunshine Coast, en el estado australiano de Queensland, el 22 de febrero de 2024. (David Maurice Smith/The New York Times)
Stuart McKenzie, quien dirige un servicio de captura de serpientes, busca un ejemplar en un domicilio de Sunshine Coast, en el estado australiano de Queensland, el 22 de febrero de 2024. (David Maurice Smith/The New York Times)

SUNSHINE COAST, Australia — Suena el teléfono. Es la prisión local. Hay una serpiente en una celda. Al cabo de pocas horas, también se han visto serpientes en una escuela, detrás de un piano guardado en un garaje privado y cerca de una piscina parecida a una laguna en una residencia de ancianos. Los clientes las quieren fuera de ahí.

Nunca le había ido tan bien a Stuart McKenzie, quien dirige un servicio de captura de serpientes en Sunshine Coast, un enclave verde a lo largo de kilómetros de playa virgen en el vasto estado australiano de Queensland. En los días más ajetreados, puede recibir más de 35 llamadas relacionadas con serpientes problemáticas.

Queensland alberga el mayor número de especies de serpientes de Australia: unas 120. De esas, dos tercios son venenosas y un puñado mortales. En toda Australia, las muertes por mordedura de serpiente siguen siendo muy poco frecuentes (unas dos al año) y se puede decir que en Queensland los reptiles son parte de la vida.

En los meses más fríos del año —que suelen ser de abril a septiembre— las serpientes se vuelven perezosas y pueden pasar semanas sin comer, beber, defecar o incluso moverse. Pero a medida que el mundo se calienta y el clima en el sur de Queensland cambia de subtropical a tropical, este periodo de brumación se reduce, lo que significa más encuentros inesperados entre humanos y animales.

“Las serpientes no solo son más activas a principios de año y permanecen activas durante más tiempo, sino que también van a permanecer activas durante más tiempo por la noche”, explica Bryan Fry, profesor de biología de la Universidad de Queensland. En las noches con temperaturas superiores a 28 o 29 grados Celsius, o 82 grados Fahrenheit, añadió, las serpientes permanecerán activas toda la noche.

McKenzie, de 35 años, quien trabaja en Sunshine Coast Snake Catchers las 24 horas y los siete días de la semana, dice que sus vacaciones de invierno cada vez son más cortas.

Stuart McKenzie, quien dirige un servicio de captura de serpientes, graba la liberación de una pitón de alfombra atrapada antes en una propiedad residencial, en Sunshine Coast, en el estado australiano de Queensland, el 23 de febrero de 2024. (David Maurice Smith/The New York Times)
Stuart McKenzie, quien dirige un servicio de captura de serpientes, graba la liberación de una pitón de alfombra atrapada antes en una propiedad residencial, en Sunshine Coast, en el estado australiano de Queensland, el 23 de febrero de 2024. (David Maurice Smith/The New York Times)

En un trabajo reciente, una serpiente parda de 1,2 metros (la segunda especie de serpiente más venenosa del mundo, a pesar de su nombre poco pretencioso) estaba atrapada entre un mosquitero y una ventana y había que sacarla. Fue más sencilla la solicitud de retirar una pitón de alfombra no venenosa, cuyo cuerpo enroscado estaba en el fondo de un cobertizo y presentaba un intrincado diseño de espirales y remolinos (las tarifas por retirar serpientes empiezan en 154 dólares australianos, unos 100 dólares estadounidenses).

Las personas que se dedican a atrapar serpientes no necesitan gran cosa. En un día de trabajo habitual, sus herramientas se limitan a un gancho de metal, que se usa para sacar con cuidado a una serpiente de debajo de un mueble o empujarla a su sitio, y una gran bolsa de algodón en la que se colocan las serpientes para reubicarlas. En todos los casos, el objetivo es dañar o molestar lo menos posible a la serpiente y llevarla a un lugar donde sea menos probable que se meta en problemas.

Se prevé que la población de Sunshine Coast aumente más de un 50 por ciento hasta alcanzar el medio millón de habitantes en los 25 años que faltan hasta 2041, por lo que la deforestación se está produciendo a gran velocidad. Se construyen más viviendas y muchas serpientes que antes vivían en los matorrales nativos encuentran refugio, así como una fuente segura de comida y agua, en los hogares de los humanos.

La mayoría de los encuentros se producen sin incidentes. Pero McKenzie afirma que el miedo y la desinformación siguen proliferando, así como la percepción persistente entre las generaciones más antiguas de australianos de que “la única serpiente buena es una serpiente muerta”.

McKenzie puede atrapar reptiles muy venenosos solo con las manos y una fluidez propia de un bailarín. Pero también debe ser casi igual de ágil para manejar a los humanos. Los clientes a veces tienen un miedo incontrolable a las serpientes y si los transeúntes lo ven liberar un ejemplar sano en la naturaleza después de haberlo sacado de una casa, pueden responder con miedo, rabia o lágrimas.

Al igual que los canguros, los koalas y otros animales silvestres que son endémicos de Australia, las serpientes están protegidas por la ley y desempeñan un papel fundamental en el ecosistema al mantener a raya las plagas. Unos investigadores de la Universidad Macquarie descubrieron que, al comerse ratones y ratas, los beneficios de las serpientes para los agricultores compensan con creces el posible costo de tener una criatura venenosa en el lugar.

Por cada serpiente que se puede meter sin mayor problema en una bolsa y reubicar en un sitio lejano, hay muchas más que desaparecen antes incluso de que llegue un cazador de serpientes. En uno de esos trabajos infructuosos, McKenzie se adentró entre unos arbustos cerca de una residencia de ancianos, apartando el follaje a un lado y mirando hacia el interior de un baño junto a la alberca. El sol pegaba fuerte y levantó un brazo para secarse la frente.

“Otro día largo y sudoroso”, dijo, “persiguiendo serpientes muy venenosas”.

Las serpientes enfermas reciben cuidados en el cercano zoológico de Australia, fundado por el conservacionista Steve Irwin. Un jueves reciente, McKenzie llevó a la clínica tres pitones heridas. Dos aceptaron ser examinadas con relativa elegancia, pero la tercera se revolvió por el suelo y movió la cabeza como si quisiera morder la rodilla izquierda de McKenzie, que le sujetaba la cola con la mano.

“Es una gruñona”, dijo Katie Whittle, la veterinaria.

McKenzie, quien lleva siete años en su puesto actual, trabajaba antes como cuidador de reptiles en el zoológico de Australia. Desde niño ha tenido como mascotas lagartos de lengua azul, pero al principio desconfiaba de las serpientes y tenía poco interés en manipularlas. No fue sino hasta que trabajó con ellas todos los días en el zoológico, que pensó: “Caray, estas cosas son bastante interesantes”.

c.2024 The New York Times Company