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San Francisco intentó construir un sanitario de 1,7 millones de dólares; sigue inconcluso

Unas palomas caminan en la plaza principal de Noe Valley en San Francisco, el 23 de enero de 2024. (Clara Mokri/The New York Times)
Unas palomas caminan en la plaza principal de Noe Valley en San Francisco, el 23 de enero de 2024. (Clara Mokri/The New York Times)

SAN FRANCISCO — Podrías decir que el encantador vecindario Noe Valley de San Francisco lo tiene todo.

Es un corredor comercial boyante repleto de restaurantes, librerías y cafeterías artesanales. Tiene tal cantidad de familias jóvenes que ya se le ha apodado el “Valle de las carriolas”. En su plaza principal, se imparten clases de yoga y hay un mercado agrícola.

No obstante, Noe Valley sigue sin un baño.

Quince meses después de que los funcionarios municipales pensaban hacer una fiesta en la plaza central de Noe Valley a fin de celebrar la recaudación de fondos para la construcción de un sanitario con lavamanos e inodoro, en el lugar solo hay mantillo.

El proyecto del sanitario se desmoronó en cuanto los contribuyentes fiscales se dieron cuenta de que la ciudad planeaba un evento para celebrar los 1,7 millones de dólares de financiamiento que los políticos locales habían garantizado para una estructura de 13 metros cuadrados. Con esa cantidad se puede adquirir una casa para una familia en San francisco… con muchos baños.

Lo que resultó más confuso aún fue la explicación de que el diminuto sanitario tardaría de dos a tres años en instalarse debido al carácter laberíntico del proceso de construcción y obtención de permisos. Los líderes de la ciudad cancelaron de inmediato su fiesta del inodoro y el gobernador Gavin Newsom de California recuperó los fondos.

Habitantes de Noe Valley se relajan en la plaza principal de San Francisco, el 23 de enero de 2024. (Clara Mokri/The New York Times)
Habitantes de Noe Valley se relajan en la plaza principal de San Francisco, el 23 de enero de 2024. (Clara Mokri/The New York Times)

Los comediantes de espectáculos nocturnos se burlaron de la ciudad. Los habitantes titularon esta saga como “El escándalo del baño” y los 1,7 millones de dólares del sanitario se convirtieron en el disfraz de moda en las fiestas de Halloween de ese año.

Para muchos habitantes, el episodio ha ejemplificado por qué la ineficiencia abruma a San Francisco con tanta frecuencia. Si un ejército de más de 30.000 trabajadores municipales con un presupuesto anual de 14 mil millones de dólares no puede construir un simple baño de una manera razonable, ¿qué esperanzas hay de que San Francisco logre resolver su escasez de vivienda y la crisis de fentanilo?

“¿Por qué no hay un sanitario en este lugar? No entiendo, nadie lo entiende”, afirmó hace unos días Ted Weinstein, un agente literario que vive en Noe Valley y pasa por la plaza principal a diario. “Es un ejemplo más de la ciudad que fracasa”.

Los vecinos de Noe Valley llevaban suplicando que construyeran un baño público en la plaza central desde que dejó de ser un estacionamiento en 2016. La remodelación incluyó tuberías para un baño, pero no un baño real porque se acabó el dinero. Los niños que disfrutan del parque infantil y los adultos que charlan tomando café en mesas de color rojo brillante simplemente han tenido que aguantarse.

Los funcionarios municipales han intentado explicar por qué 1,7 millones de dólares era el precio normal de un baño público pequeño: el costo elevado de todo en San Francisco, incluidos los materiales de construcción, contratar a un arquitecto que elaborara los planos y solicitar la opinión de la comunidad sobre el diseño.

Además, hay numerosos niveles de revisión por parte de una comisión tras otra, que obligan a la ciudad a pagar tiempo de su personal. Incluso el Comité de Revisión del Diseño Cívico debe determinar si un baño es “adecuado para su contexto en el entorno urbano”.

La alcaldesa London Breed ha prometido en repetidas ocasiones reducir drásticamente los trámites burocráticos de la ciudad y ha agilizado y facilitado la obtención de permisos de apertura por parte de los pequeños empresarios, además de respaldar leyes locales y estatales para acelerar la construcción de viviendas. Su portavoz, Jeff Cretan, se refirió a la rápida transformación el año pasado de la decrépita Plaza de las Naciones Unidas en una pista de patinaje y a un proyecto previsto en las inmediaciones para convertir oficinas en viviendas.

Aun así, reconoció Cretan, los proyectos públicos requieren mucho tiempo y dinero.

“Vale la pena cambiar las leyes vigentes en torno a proyectos de construcción como el de los baños, que ralentizan las cosas”, afirmó.

En el caso del sanitario de Noe Valley, la mala publicidad bastó para atraer a donantes que buscaban publicidad positiva. En noviembre de 2022, un mes después de que comenzó el alboroto, dos empresarios del sector acordaron donar un cuarto de baño modular y pagar los costos de instalación, reduciendo el precio en cientos de miles de dólares.

Chad Kaufman, presidente de Public Restroom Co., se ofreció a donar un baño modular a la plaza del pueblo. Su amigo Vaughn Buckley, Consejero Delegado de Volumetric Building Cos, se comprometió a realizar gratuitamente los trabajos de arquitectura e ingeniería necesarios para acondicionar el lugar. Los empresarios también dijeron que les pagarían a los trabajadores del sindicato local para la instalación.

El proyecto parecía cobrar fuerza una vez que la ciudad y la empresa de Buckley firmaron un acuerdo en abril de 2023; sin embargo, han pasado los meses y solo hay maleza y mantillo en el lugar donde se suponía que iría el sanitario.

Al parecer, las negociaciones se suspendieron el año pasado, según una carta del 22 de diciembre del Departamento de Recreación y Parques de la ciudad a Buckley.

“Su equipo no respondió a nuestros repetidos intentos de diálogo”, afirma la carta. “Estamos recibiendo consultas de ciudadanos, periodistas y legisladores locales sobre el estado de este proyecto tan publicitado. Tendremos que responder a las preguntas”.

Uno de los puntos conflictivos, afirma la carta, era la preocupación de Buckley por los elevados costos de contratación de trabajadores locales para completar su parte de la obra. Buckley dijo esta semana que los costos de construcción de la ciudad “siguen siendo un reto” y sostuvo que el proceso de obtención de permisos de la ciudad contribuyó al retraso. El baño ya superó esos obstáculos y Buckley aseveró que espera que las obras físicas puedan comenzar el mes que viene.

No obstante, Buckley señaló que el sanitario debe estar listo para su uso en abril, por menos dinero y antes de lo previsto en el calendario original. Kaufman, quien donó el inodoro, también está totalmente de acuerdo.

“Mi parte está hecha”, dijo Kaufman, señalando que el inodoro está listo y a la espera en la planta de su fábrica de baños en Minden, Nevada. Además, comentó que pagará el control del tráfico cuando el camión que transporta el inodoro empaquetado llegue a la calle 24, así como una grúa que lo coloque en su sitio.

Entretanto, Newsom le devolvió 1,7 millones de dólares a San Francisco después de que los funcionarios municipales prometieron usar esos recursos para instalar dos o tres baños públicos, no solo uno.

No obstante, tampoco se ha avanzado mucho en este sentido.

c.2024 The New York Times Company