Anuncios

El Salvador: en medio de denuncias por irregularidades, Bukele consigue un control casi total del Congreso y deja a la izquierda afuera por primera vez

El presidente salvadoreño Nayib Bukele, izquierda, acompañado por su esposa Gabriela Rodríguez, saluda a sus seguidores desde el balcón del palacio presidencial tras el cierre de las urnas para las elecciones generales el domingo 4 de febrero de 2024, en San Salvador. (AP Foto/Moisés Castillo)
El presidente salvadoreño Nayib Bukele, izquierda, acompañado por su esposa Gabriela Rodríguez, saluda a sus seguidores desde el balcón del palacio presidencial tras el cierre de las urnas para las elecciones generales el domingo 4 de febrero de 2024, en San Salvador. (AP Foto/Moisés Castillo) - Créditos: @Moises Castillo

Quince días después de los comicios que le otorgaron una arrasadora reelección al presidente Nayib Bukele en El Salvador, terminó el conteo manual voto por voto que determinó que el oficialismo contará además con una súpermayoría de 54 de los 60 escaños en la nueva Asamblea Legislativa, pero que quedó envuelto en denuncias de irregularidades e incluso pedidos de nulidad por parte de la oposición.

La presidenta del Tribunal Supremo Electoral (TSE), Dora Esmeralda Martínez, presentó los resultados finales el lunes por la noche por cadena nacional y, frente a las denuncias locales e internacionales, afirmó que “cada voto ha sido contado de manera transparente en total apego a la voluntad del pueblo salvadoreño expresado en las urnas”.

Según esos resultados, de las seis bancas que no representarán al partido de Bukele, Nuevas Ideas, tres serán de espacios aliados al oficialismo: dos del Partido de Concertación Nacional (PCN) y uno del Partido Demócrata Cristiano (PDC). Por lo que la oposición solo contará con tres escaños, dos en manos del tradicional partido de derecha Alianza Republicana Nacionalista (Arena) y una del partido emergente Vamos.

En este contexto, el partido de Bukele tendrá garantizada la mayoría calificada, de dos tercios (40) y la mayoría especial, de tres cuartos (45), eliminando cualquier contrapeso en el Congreso y acercándose aún más a un sistema de partido único.

El Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), la exguerrilla devenida en partido de izquierda que gobernó el país entre 2009 y 2019, quedó afuera del Parlamento por primera vez desde su legalización.

El conteo voto por voto, producto de una falla en la transmisión digital de datos el día de la elección que impidió realizar el escrutinio provisorio, se realizó en un gimnasio en San Salvador en medio de denuncias de irregularidades, desde problemas en la vigilancia de las boletas, exceso de representantes oficialistas, e incluso un presunto audio de la presidenta del TSE en el que hablaba de una posible intervención en el proceso electoral.

Los partidos de oposición Vamos, Nuestro Tiempo y Arena presentaron al TSE una solicitud de nulidad de las elecciones legislativas, después de detectar al menos 69 irregularidades durante el proceso electoral y el escrutinio. Además, plantearon la recusación de tres de los cinco magistrados del TSE por haber “adelantado criterio” diciendo que el plazo para pedir la nulidad del proceso “ya había vencido”. De manera separada, el FMLN también pidió que se vuelvan a realizar los comicios.

El tribunal deberá decidir en los próximos días si acepta estos pedidos o los desestima. “Veremos qué solución jurídica le vamos a dar a su petición”, dijo el magistrado Guillermo Wellman, que sin embargo zanjó que “las elecciones del 4 de febrero son capítulo cerrado”.

Para Manuel Meléndez Sánchez, politólogo salvadoreño de la Universidad de Harvard, los pedidos de nulidad “no tienen ningún futuro”. “Por más obvio que sea el número de irregularidades y de problemas en el escrutinio, en El Salvador en este momento no hay ninguna instancia que esté dispuesta a hacerle cara al control del bukelismo”, dice en diálogo con LA NACION. “La institucionalidad del control electoral en El Salvador carece de independencia”, suma en el mismo sentido la experta electoral Ruth López.

Para Claudia Ortiz, la única diputada de Vamos, que consiguió otro mandato, las expectativas de que la petición prospere son “bajas”. “Pero creemos que es un precedente que hay que tener”, menciona a LA NACION.

Ortiz celebra que con los datos oficiales –”que nunca sabremos si son tales”, aclara-, su partido logró cuadriplicar los votos en relación a las últimas elecciones legislativas, aún en el marco de lo que considera un “fraude estructural” que comenzó con la destitución de jueces de la Corte Suprema en 2021. Además de enumerar irregularidades registradas por sus fiscales, para Ortiz “lo más grave fue el nivel de intimidación, acoso y violencia que se vivió” durante el escrutinio definitivo, que incluyó un operativo policial dentro del recinto donde se realizaba el conteo.

Hacia adelante, la diputada menciona que el partido planea “activar mecanismos de derechos humanos a nivel internacional, porque toda esta situación es una arquitectura de instituciones torcidas a favor de un partido, y muchas condiciones más que crean indefensión de derechos y garantías”.

Desde el ámbito internacional, de hecho, la misión electoral de la Organización de los Estados Americanos (OEA) en El Salvador, que mantuvo un equipo en el país para supervisar el conteo, señaló haber “observado una falta de control por parte del TSE sobre el desarrollo de esta etapa en la que, en muchas ocasiones, las decisiones quedan en manos de los representantes de los partidos políticos”. Además, mencionó que Nuevas Ideas contaba con una cantidad de fiscales “notoriamente superior que el resto” de los partidos, y que “en ocasiones ha asumido una actitud dominante e intimidatoria”.

El juez del TSE Noel Orellana dijo que el organismo está dispuesto a dar “explicaciones y justificaciones” y la OEA, pero expresó que “los resultados son tan contundentes que nadie puede poner en tela de duda la decisión que el soberano ha tomado para elegir al presidente y vicepresidente, y a los diputados”.

“Es lamentable que de la máxima autoridad electoral se tenga ese tiempo de comentarios”, opina respecto de estas declaraciones Anabel Belloso, diputada del FMLN. “Ha sido evidentemente al ojo público la manipulación, el fraude, la matonería. El proceso fue manchado desde el inicio y eso también sucedió por la falta de contundencia del TSE. Se notó que perdió el control del proceso. Esa es la gran pregunta: ¿quién tomó las decisiones?”, plantea a LA NACION.

La lógica de Orellana desvela una lógica compartida por muchos en El Salvador: ¿por qué un presidente con índices de popularidad tan altos cometería un fraude? Para Meléndez hay dos respuestas: por un lado, para reducir aún más el poder de la oposición; y por el otro, para enviar un mensaje a los otros partidos. “Es como decirles ‘No solo estoy ganando con el 90% del voto sino que me siento tan impune que estoy dispuesto a cometer irregularidades a plena luz del día sin que nadie pueda frenarme. Tienes que estar loco para oponerte a mí’”, menciona.

Oposición “pulverizada”

En la noche electoral del 4 de febrero, Bukele dijo que había ganado “como mínimo” 58 de 60 escaños de lo que será un Congreso reducido por una reforma electoral aprobada por el oficialismo el año pasado y que eliminó 24 de los 84 escaños, que además cambió la fórmula de asignación de votos a D’Hont, la que se utiliza en la Argentina, ambas medidas señaladas por especialistas y partidos como una forma de perjudicar a la oposición. Esa noche también Bukele celebró que la oposición “quedó pulverizada”.

Con este nuevo escenario, el partido de Bukele pasará en el Congreso sin necesidad de negociación su presupuesto, el régimen de excepción o un eventual préstamo que está negociando con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Algunos organismos también alertaron que con una mayoría especial, Bukele podría buscar una reforma constitucional que le permita la reelección indefinida, algo que él descartó.

“Será una Asamblea totalmente fiel y sumisa al ejecutivo. No es tan distinto a la Asamblea que hemos tenido en los últimos 3 años”, dice Meléndez. López coincide en ese diagnóstico y agrega Nuevas Ideas está “sobrerrepresentado” gracias a la reforma electoral del año pasado. “Siempre hubiese tenido una mayoría, pero hubiese tenido 44 de 60 diputados”, sin la reforma, según sus cálculos.

Del mismo modo, Belloso remarca que el FMLN –el partido con el que Bukele ingresó en la política en 2012- aumentó la cantidad de votos respecto de las últimas legislativas, en 2021, pero que quedó afuera del Congreso “dadas las reglas que cambiaron de manera tramposa”. Y menciona que, sin esos cambios, el partido de izquierda -que salió segundo en las presidenciales- hubiese logrado cinco o seis diputados.

Esta elección significó además el fin de dos partidos políticos: el conservador Nuestro Tiempo y el de centroizqueirda Cambio Democrático dejarán de existir. . Es que, según la ley electoral salvadoreña, un partido se disolverá si no consigue 50.000 votos o al menos una banca en la elección legislativa.

La nueva Asamblea Legislativa asumirá el 1° de mayo, un mes antes de que Bukele inicie su segundo mandato, también cuestionado porque la Constitución salvadoreña prohíbe en seis artículos la reelección directa. El presidente logró presentarse con el aval de los cinco jueces de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema que su partido designó cuando consiguió la mayoría parlamentaria en 2021.

El pasado sábado, el TSE publicó el acta que oficializó el triunfo de Bukele: el presidente obtuvo el 84,6% de los votos, impulsado por una altísima popularidad gracias a su “guerra contra las pandillas” que logró reducir drásticamente la criminalidad en el que años atrás era uno de los países más violentos del mundo.

Esto significa una mayor concentración de poder en Bukele, en el país que durante 2023 sufrió el mayor retroceso democrático de América Latina, según el Índice de la Democracia publicado la semana pasada por la Unidad de Inteligencia de The Economist.

“En El Salvador se consolida un régimen autoritario”, dice López. “Es un país que arribó a un sistema de partido hegemónico. Y vendrán más reformas. Bukele ha llegado para no irse. Aparejado a corrupción y con las denuncias de violaciones de los derechos humanos, irse no es un lujo que se pueda permitir”, concluye.