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Sabores de plantas y flores de Matatlán para el mundo

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SANTIAGO MATATLÁN, Oax., febrero 9 (EL UNIVERSAL).- Cuenta la historia que Alejandro Magno era aficionado de los postres, pero un día como se aburrió de todos convocó a los pasteleros de su pueblo a crear algo original.

A uno de ellos se le ocurrió subir a Los Alpes a bajar nieve y mezclarla con fruta y miel. Al resultado le llamó Sherbet. El postre se convirtió en el favorito del emperador, por lo que personas de todo el reino imitaron la receta usando para ella frutos endémicos. Así nacieron los helados.

La historia es relatada por Brenda Patricia Martínez, joven que ideó un concepto de heladería en la cocina de su casa. Su propuesta está basada en el uso de flores y plantas, por lo que actualmente busca consolidarse como una heladería botánica especializada en productos como raíces, tallos, hojas, flores y semillas, a la que llamó Sherbet.

Desde que iba en la primaria Brenda vendía dulces y después cosméticos. Con el tiempo, decidió iniciar un negocio de postres, llegando poco a poco a investigar las cualidades de las flores comestibles, ingredientes que para muchas naciones originarias se asocian a rituales y festividades.

Mientras comenzaba a hacer sus primeras pruebas con la licuadora de su mamá, Brenda compartió su idea con un amigo, quien la motivó y le aseguró que Sherbet es un concepto original, lo que la impulsó a continuar con sus planes y combinar la escuela con su emprendimiento.

Además de crear un negocio, Brenda pensó en el impacto que este podría traer a su comunidad. Por esa razón decidió involucrar a mujeres de Santiago Matatlán, una de las más importantes de la región de los Valles Centrales.

Fue así como en Sherbet, desde la siembra de los productos hasta las ventas, hay mujeres involucradas. La iniciativa, a dos años de su creación, ha propiciado 25 empleos directos, pero impacta de manera indirecta a más de 100 personas de comunidades como Matatlán, San Dionisio Ocotepec y San Bartolomé Quialana.

"Desafortunadamente en los pueblos indígenas vivimos una brecha de desigualdad laboral. Siempre vamos a necesitar un ingreso extra y eso es lo que es Sherbet en este momento para las mujeres que participan de manera indirecta", cuenta.

Poco a poco el negocio busca consolidarse como un ingreso principal con un punto de venta fijo en la capital del estado, así como vendiéndose en bares y restaurantes.

Sus primeros sabores y los favoritos de los clientes son bugambilia con frutos rojos y cempasúchil con maracuyá. El adquirir flores con productoras locales les permite tener disponibilidad de estos durante todo el año.

Los helados se sirven en jícaras de calabaza, que pueden ser llevadas por sus clientes, lo que permite que la marca compre periódicamente a las productoras. "Entre más jícaras vendemos, más les compramos a ellas", sentencia. Además, tienen otros sabores como jamaica con poleo y café.

Concursos y premios

Brenda, a través de Sherbet, ha ganado reconocimientos como el Premio Estatal de la Juventud 2023 en la categoría Actividades Productivas. Además, fue seleccionado como tercer lugar en Inovatec, un concurso de emprendimientos de los institutos tecnológicos y fue seleccionada para participar en Actus, un programa que reúne a los mejores emprendimientos sociales de todo México.

"Fueron experiencias muy buenas, muy gratas porque además de la teoría, se te asignan mentores, no sólo de Oaxaca, sino de nivel nacional que son dueños de empresas, de negocios y fue lo que nos ayudó a construir nuestro modelo, para que no sólo se quede aquí en Oaxaca, sino que sea totalmente escalable y replicable", señala.

Brenda fue aceptada, después de ganar el Premio Estatal de la Juventud en el programa Posible, de Fundación Televisa, para participar en el proyecto estatal organizado en la Universidad Anáhuac. Posteriormente, tras dos años consecutivos de postularse, el proyecto fue uno de los 75 seleccionados a nivel nacional, de entre 13 mil postulantes.

Como líder del proyecto permaneció en la Ciudad de México recibiendo mentoría de empresarios reconocidos a nivel nacional, pues su modelo fue elegido como uno de los más replicables.

Como resultado de su preparación, Brenda logró consolidar alianzas con aerolíneas como Volaris, a través de la cual llevará a sus helados a la Ciudad de México.

"La verdad es que no imaginaba que el proyecto iba a llegar tan lejos, inicié con la licuadora de mi mamá", recuerda y reconoce en su madre y padre como el principal apoyo para ella y Sherbet. Incluso, agrega, fueron ellos quienes le prestaron dinero para su primera máquina, pues en sus inicios pidió un congelador prestado.

"Uno de los retos más difíciles que he tenido que enfrentar es el hecho de que a pesar de la cercanía que tenemos con la ciudad, en los pueblos del valle de Oaxaca persiste la idea de que una mujer va a dejar de depender de los padres, para depender de un esposo. El que una mujer emprenda y se quiera ir, es raro y difícil, para mis papás también lo fue", finaliza.

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