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Un River prendido por alfileres, con carencias, empieza a poner a prueba la paciencia de los hinchas

La decepción, una constante en los gestos de los jugadores de River
La decepción, una constante en los gestos de los jugadores de River - Créditos: @ALEJANDRO PAGNI

Un River prendido por alfileres dejó más margen para la preocupación que para el optimismo. Nada que llamara demasiado la atención ni tomara por desprevenido a nadie a la luz de lo deforestado que le quedó el plantel por diversas circunstancias. Lo que ocurrió en el debut en la Copa de la Liga es algo que se podía intuir desde la pretemporada. Y no solo por la falta de rodaje o los condicionantes lógicos hasta que la máquina empieza a engrasarse, sino por carencias sobre las que deberá trabajar mucho y a contrarreloj, porque el calendario y la competencia apuran.

Le faltaron recursos y fuelle para sostener lo que era una victoria ajustada sobre Argentinos. El segundo tiempo se le hizo demasiado largo, no supo defenderse con la pelota ni por rigor físico. Fue quedando cada vez más expuesto. Un equipo muy justo de titulares y con un banco de emergencia, incompleto en cantidad, repleto de pibes.

Mastantuono, el juvenil de 16 años tuvo el debut oficial
Mastantuono, el juvenil de 16 años tuvo el debut oficial - Créditos: @Gonzalo Colini

Demichelis no tenía cambios para apuntalar a un River que se caía. Había entrado Mastantuono, una joyita zurda a pulir, que con 16 años se transformó en el tercer debutante más joven en la historia del club; saltó de la séptima división a primera, sin hacer escala en reserva. Al rato ingresó Ruberto, otro estreno, un delantero de 18 años. Atrevimiento ofensivo y frescura en un momento que el partido exigía gente que supiera manejar un partido que se complicaba. No la tenía Demichelis en el banco, que se encomendó a la Providencia, a que su equipo aguantara como pudiera. Y no pudo ante la gran jugada de Santiago Montiel, un ex River que se fue con edad de reserva. Gambetas y enganches dentro del área para conseguir a seis minutos del final un empate que Argentinos mereció.

Del River que apenas si le podía hacer un hueco entre los suplentes a Echeverri como representante genuino de las divisiones inferiores a este que tiene que recurrir a seis pibes para completar el banco. Entre ventas, salidas, lesiones y convocatorias a los seleccionados, empieza el año con una nómina muy acotada. Y una llamativa parsimonia de los dirigentes para contratar refuerzos, en un momento en el que la boyante economía del club le permite embarcarse en inversiones. Ahora, quizá la urgencia lo lleve a abrir la tesorería por Villagra, el volante central de Talleres.

Se iba el primer tiempo y los hinchas empezaban a impacientarse con el juego entrecortado y liviano del equipo. Faltaba peso ofensivo, coordinación, sorpresa. Una iniciativa con poco filo y mordiente.

Lo más destacado de River 1 - Argentinos 1

El “movete, River, movete…” tenía tanto de reclamo como de veredicto. La reacción no pudo ser más rápida y espontánea. Llamativamente fue por el carril central, donde River había tenido inconvenientes para perforar la resistencia de Argentinos. Nacho Fernández, de quien siempre se puede esperar un arresto de clase e inspiración, alargó con un toque un pase para el desmarque de Borja. El colombiano aguantó la carga de Vega y definió con un bombazo que entró junto al travesaño. Un gol de N° 9, de finalizador de jugadas.

Fue el gol 24 en 62 partidos de Borja, que pinta para tener la continuidad como titular que en el pasado le fue más esquiva. Volvió el festejo del colibrí, una coreografía que gratifica al hincha.

Sin Enzo Pérez ni De la Cruz, la fisonomía de River es diferente. Son dos huecos muy importantes y difíciles de llenar. Uno era el líder, el sabio que tenía el partido en la cabeza y conocía todos los entresijos tácticos; el otro era el motor, una bomba por conducción y pegada.

Borja y su festejo a lo colibrí tras marcar el 1-0 para River
Borja y su festejo a lo colibrí tras marcar el 1-0 para River - Créditos: @Gonzalo Colini

Con Kranevitter que se agregó a la lista de lesionados, el puesto de volante central fue para el uruguayo Nicolás Fonseca, hasta ahora la única contratación de este mercado, aunque fue resuelta hace bastante tiempo, con los 2,3 millones de dólares pagados a Wanderers por el 60 por ciento del pase.

Difícil misión para Fonseca, un volante delgado, de piernas finas y aspecto ingrávido. Generoso en el despliegue, sin mucho don de mando con la pelota en los pies. Pudo cargarse con una mochila muy pesada en el arranque del partido: Lescano le interceptó un pase y asistió la entrada franca de Maxi Romero, cuya definición fue desviada al córner con las yemas de los dedos por Armani. A favor de Fonseca, el error no lo cohibió, lejos de esconderse, siguió con su despliegue solidario.

Este River en construcción arrancó con Nacho sobre la derecha, Barco por el medio y Aliendro sobre la izquierda. Argentinos intuyó que se encontraría con un rival aún no del todo bien cocido y lo presionó con determinación. Un 4-3-3 para jugar de igual a igual, aunque tuviera menos la pelota.

River encontró un punto de apoyo en González Pírez y Paulo Díaz, dos zagueros centrales para mandar señales de seguridad en un momento en el que no sobran certezas.

Barco lleva la pelota, seguido por Lescano
Barco lleva la pelota, seguido por Lescano - Créditos: @Gonzalo Colini

Borja había concretado lo que un rato antes intentó mediante un invento, al enredarse premeditadamente en las piernas de Galván. El árbitro Herrera cayó en la trampa de sancionar el penal, pero el VAR (Ariel Penel) le corrigió el error.

A River se hizo largo en el segundo tiempo, sufrió para cubrir los espacios. Atacó de a rachas, sin ser punzante. Se empezó a desinflar y Argentinos mejoró con los cambios, empezó a generar ataques en los que quedaba mano a mano con los defensores locales. Meritorio lo del Bicho, que también está acomodando un equipo con 10 refuerzos y tiene, nada menos, que a Redondo, Gondou y Di Césare en el Preolímpico.

River ya no tenía resto para ir a buscar el triunfo. Fue despedido con tibios aplausos, casi condescendientes por su limitada actualidad. Como si los hinchas se dieran cuenta de que no había para más. Por ahora se lo tomaron con paciencia, pero se sabe que en el fútbol la tolerancia es corta.