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Así fue como la repentina interrupción de la fecundación in vitro conmocionó a una pareja de Alabama

Jasmine York, al centro, con su hija de un matrimonio anterior, Brooklyn Dassaro, y su marido, Jared York, en su casa en Alexander City, Alabama, el 1 de marzo de 2024. (Charity Rachelle/The New York Times)
Jasmine York, al centro, con su hija de un matrimonio anterior, Brooklyn Dassaro, y su marido, Jared York, en su casa en Alexander City, Alabama, el 1 de marzo de 2024. (Charity Rachelle/The New York Times)

Leelee Ray y su esposo, Austin, llevaban seis años intentando tener un hijo, con inseminaciones, dos extracciones de óvulos, cuatro transferencias de embriones, un embarazo ectópico que pudo haber sido mortal y ocho abortos espontáneos.

Con cuatro embriones congelados en una clínica de fertilidad, los Ray, que viven en Huntsville, Alabama, decidieron cambiar de rumbo. En febrero, recurrieron a una agencia de Colorado, donde las leyes sobre gestantes son más indulgentes que en Alabama, para encontrar una mujer que gestara a su bebé.

Todo se interrumpió pocos días después, cuando la Corte Suprema de Alabama dictaminó que los embriones congelados debían considerarse “niños extrauterinos”, según la legislación estatal, por lo que varias clínicas de fertilidad del estado suspendieron los tratamientos de fecundación in vitro (FIV).

“Cuando llamé a mi clínica para preguntar qué tan rápido podía sacar mis embriones del estado, me dijeron que todo se había interrumpido, incluido el envío de embriones”, comentó Leelee Ray, de 35 años.

Con la esperanza de aplacar el furor nacional por la decisión del tribunal, la gobernadora republicana Kay Ivey firmó el miércoles por la noche una ley que protege a las clínicas de FIV frente a acciones civiles y penales relacionadas con el manejo de embriones.

Pero para los aspirantes a padres como los Ray, el daño ya estaba hecho.

Tratamientos y medicamentos sobrantes de las rondas anteriores de Leelee Ray de FIV, en su casa en Huntsville, Alabama, el 5 de marzo de 2024. (Charity Rachelle/The New York Times)
Tratamientos y medicamentos sobrantes de las rondas anteriores de Leelee Ray de FIV, en su casa en Huntsville, Alabama, el 5 de marzo de 2024. (Charity Rachelle/The New York Times)

La sentencia interrumpió los tratamientos de fertilidad, que son caros, así como física y emocionalmente agotadores, y muy sensibles al tiempo, además de que consumen unos recursos preciosos de los que muchas parejas no disponían. Sus experiencias pueden repetirse pronto en otros estados, a medida que las fuerzas antiabortistas presionan para redefinir el comienzo de la vida.

El contrato de gestación subrogada de los Ray contemplaba el envío de sus embriones a Colorado lo antes posible. La agencia de gestación subrogada ha estado trabajando con la pareja para ampliar el plazo, pero si los retrasos continúan, los Ray pueden perder decenas de miles de dólares, así como el acceso a la madre de alquiler que han elegido.

“Me encanta que muchos miembros de nuestra legislatura sean personas de fe que están de acuerdo con mis pensamientos y creencias”, dijo Ray. “Pero este no es un lugar para que el gobierno se involucre”, agregó.

“Ahora, la gente está muerta de miedo y todos nos hemos estado enviando mensajes de texto que dicen: ‘Traslademos nuestros embriones a California, el estado más liberal que se nos ocurre, donde creemos que es el último lugar donde esto podría ocurrir’”, añadió.

El fallo judicial sorprendió a algunos pacientes en momentos cruciales y vulnerables de su tratamiento.

Rebecca Mathews, una mujer de 36 años madre de dos hijos por fecundación in vitro, uno de los cuales lleva el nombre de su médico de fertilidad, se planteaba otras cuestiones cuando se hizo pública la sentencia.

A ella y a su marido, Wright, les quedaba un embrión congelado, y su familia se sentía completa. Pero aún no habían decidido si intentarían otro embarazo. “Pensábamos que teníamos tiempo”, dice Rebecca Mathews, que vive en Montgomery, Alabama.

La nueva ley que protege a las clínicas de FIV puede darle un respiro a la pareja, pero no está claro hasta qué punto. La ley no aborda la cuestión jurídica subyacente —que los embriones congelados son niños según la legislación estatal— y sus protecciones son tan amplias que podrían no sobrevivir a los desafíos legales.

“Es difícil decidir qué hacer con esos embriones”, comentó Mathews. “Es una decisión que necesitas tomar con tu cónyuge y médico. No es necesario involucrar al gobierno”.

Los grupos nacionales antiaborto que creen que los embriones —que se congelan pocos días después de fecundados los óvulos— constituyen vida se han manifestado en contra de la nueva ley. Más de una decena de organizaciones, entre ellas Susan B. Anthony Pro-Life America, instaron a Ivey a no promulgar la ley, con el argumento de que la decisión de la corte “solo requiere que las clínicas de fertilidad ejerzan el debido cuidado sobre las vidas que crean”.

Un legislador de Alabama que se pronunció contra la nueva ley, el representante republicano de Morgan Ernie Yarbrough dijo que el episodio había “destapado un holocausto silencioso que se está produciendo en nuestro estado” y añadió: “Estamos tratando con la vida y la muerte de niños”.

En las últimas dos semanas, muchos padres y aspirantes a padres que se identifican como cristianos han luchado con sentimientos encontrados sobre la repentina intersección de las creencias religiosas y las políticas públicas.

Lauren Roth, de 30 años, quien tiene un bebé de 7 meses nacido tras una fecundación in vitro, fue una de las muchas personas que asistieron a una concentración en Montgomery en apoyo de la legislación para proteger a las clínicas. Ella y muchas otras personas vestían de naranja, un color que, según los partidarios, simboliza la fertilidad desde la antigüedad.

Roth y su marido, Jonathan, tienen siete embriones congelados. A ella le gustaría que se los transfirieran todos a su útero, dijo, “siempre que esté sana”.

“En lo personal, creo que son seres únicos creados a imagen de Dios, que cada uno es un embrión genético único que nunca volverá a existir”, dijo Roth. “Valoro los embriones como vida, pero es una creencia personal e individual”.

Otras mujeres que se someten a fecundación in vitro no están de acuerdo y afirman que un embrión en un tubo de ensayo no debe considerarse un niño.

“No puede desarrollarse fuera del útero”, comentó Mallory Howard, de 34 años, quien vive a las afueras de Mobile, Alabama. “Para mí, eso no es concepción”.

Tiene dos hijos y estaba a punto de iniciar una ronda de estimulación ovárica para preparar la extracción de óvulos cuando se emitió la sentencia. El procedimiento se retrasó.

La decisión de la corte “significa que cada vez que tienes relaciones sexuales y un óvulo es fecundado, pero no se implanta y ni siquiera te enteras de ello, eso puede considerarse un aborto”, dijo Howard.

“Estamos en el sur, donde la gente no quiere que el gobierno decida si deben o no tener un arma”, comentó Howard. “Pero les parece bien que el gobierno diga que los derechos reproductivos son asunto del gobierno, solo porque están de acuerdo con esa agenda”.

c.2024 The New York Times Company