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‘El país no está preparado’: Colombia combate oleada de incendios forestales

Unos 600 bomberos han estado combatiendo los incendios en las colinas que rodean Bogotá, la capital de Colombia. (Federico Rios/The New York Times)
Unos 600 bomberos han estado combatiendo los incendios en las colinas que rodean Bogotá, la capital de Colombia. (Federico Rios/The New York Times)

Los bomberos, muchos de ellos voluntarios, se han enfrentado este mes a decenas de incendios en medio de altas temperaturas. Las condiciones se han vinculado con el cambio climático.

Helicópteros que llevan cubos de agua vuelan hacia las montañas donde arden los incendios. Una espesa humareda que cubre periódicamente el cielo. Residentes a los que se les ordenado que lleven cubrebocas y limiten la conducción de vehículos debido a la mala calidad del aire.

Durante toda una semana, los bomberos han estado luchando contra los incendios en las montañas que rodean Bogotá, la capital de Colombia, mientras decenas de otros incendios han ardido por todo el país, en lo que según las autoridades es el enero más caluroso de las últimas tres décadas.

El presidente ha declarado situación de desastre nacional y ha pedido ayuda internacional para combatir los incendios, los cuales, según él, podrían llegar más allá de la cordillera de los Andes y hacer erupción en la costa del Pacífico y la Amazonía.

Los incendios de este mes en Colombia son inusuales en un país donde la gente está más acostumbrada a las lluvias torrenciales y los deslaves que al fuego y la ceniza. Se han atribuido a las altas temperaturas y a la sequía exacerbada por el fenómeno climático conocido como El Niño.

Ricardo Lozano, geólogo y exministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia, dijo que El Niño era un fenómeno natural que se producía cíclicamente, pero que, con el cambio climático, “estos eventos también cada vez son más intensos y cada vez son más extremos”.

Humo denso proveniente de incendios forestales cerca de la capital, Bogotá. (Federico Rios/The New York Times)
Humo denso proveniente de incendios forestales cerca de la capital, Bogotá. (Federico Rios/The New York Times)

Este mes, Colombia ha registrado temperaturas récord, como los 43,8 grados Celsius en Honda, un municipio colonial situado entre las ciudades de Medellín y Bogotá. Ha secado bosques, sabanas y los páramos, por lo general húmedos, convirtiendo partes del país en un polvorín.

Decenas de incendios han calcinado más de 258 kilómetros cuadrados y, dado que las temperaturas siguen subiendo, las autoridades afirman que es my probable que se produzcan más incendios antes de que empiece la temporada de lluvias en abril.

También se han generado incendios en los vecinos países de Venezuela y Ecuador, incluyendo en una reserva ecológica.

Por toda Colombia, las brigadas de bomberos, compuestas en muchos lugares por voluntarios, dicen verse superadas por los incendios alimentados por el calor y los vientos.

“Una de las cosas más difíciles es terminar una jornada y volver a mirar al cerro y ver a la montaña con puntos activos”, dijo Santiago Botello, coordinador de gestión de riesgos de los bomberos voluntarios de Bogotá. Los voluntarios, afirmó, constituyen aproximadamente una cuarta parte de los cerca de 600 bomberos que han estado luchando contra los incendios en las montañas sobre la ciudad de casi ocho millones de habitantes.

“Físicamente es desgastante”, dijo Botello, y añadió: “Claramente en Bogotá no es común tener una circunstancia como esta”.

Tres incendios en las montañas que se extienden a lo largo de un lado de Bogotá, conocidas como los cerros orientales, enviaron columnas de humo sobre la ciudad la semana pasada, evitando el despegue de decenas de vuelos y provocando la evacuación de algunas escuelas y edificios.

El alcalde, Carlos Fernando Galán, declaró los incendios de Bogotá como oficialmente controlados a última hora del domingo, aunque no totalmente extinguidos, y el lunes se registraron nuevos incendios tanto en la ciudad como en Sopó, una localidad cercana.

Los helicópteros seguían sobrevolando Bogotá. Algunos eran helicópteros Black Hawk donados por Estados Unidos en 2022 y rebautizados por el gobierno de Colombia como “Guacamayas”, en señal de su nuevo papel en la lucha contra los incendios, en lugar de limitarse a la larga guerra de décadas contra el narcotráfico.

Mientras los helicópteros transportaban agua a los puntos activos, las rutas de senderismo que suelen atraer a los turistas con sus frondosos bosques, arroyos de montaña y vistas panorámicas, permanecieron cerradas.

Eduardo Campos, biólogo que dirige una empresa que ofrece excursiones por las montañas, dijo que la hojarasca dejada por especies no autóctonas, incluidos pinos y eucaliptos, se había secado durante El Niño y había alimentado las llamas.

Los daños eran cuantiosos, afirmó Campos. Los campesinos pobres que vivían en las montañas habían sido desplazados; animales como aves, mamíferos y pequeñas serpientes habían sido calcinados; y franjas de bosque habían quedado diezmadas.

“Van a pasar años para que este bosque se restablezca”, dijo.

Susana Muhamad, ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia, declaró el viernes que el 95 por ciento de los incendios en todo el país habían sido provocados por personas y no por causas naturales, como los rayos, ya fuera accidentalmente, al quemar basura o limpiar la tierra para el cultivo, o con intención delictiva. Hasta esta semana se había detenido a 26 personas.

Al menos una persona ha muerto en los incendios, un hombre de 74 años de La Capilla, pequeña localidad situada a unos 110 kilómetros al noreste de Bogotá. Las autoridades dijeron que habían encontrado su cadáver en su casa después de apagar un incendio en la zona.

Los incendios han sido especialmente devastadores para los páramos, que albergan plantas raras llamadas frailejones y son fundamentales para abastecer de agua a las poblaciones urbanas.

Hernán Morantes, abogado medioambientalista y defensor del páramo Santurbán, una reserva natural a 480 kilómetros al noreste de Bogotá, dijo que ya se habían producido incendios en la zona antes, “pero nunca en la magnitud de la de esta vez”.

El gobierno colombiano le está pidiendo a la gente que reporte los incendios con la etiqueta “El Niño no es un juego”.

Al momento de solicitar ayuda internacional, incluida de las Naciones Unidas, el presidente Gustavo Petro declaró este fin de semana: “La emergencia por calentamiento global, junto al fenómeno de El Niño, nos provoca varios frentes de acción. Uno tiene que ver con las olas de calor y la salud humana. Otro tiene que ver con los incendios forestales. Otro tiene que ver con el estrés hídrico”.

Brasil, Canadá y Perú han prometido enviar ayuda a Colombia, según el gobierno.

Petro afirmó que los países de la región debían prepararse para hacer frente a lo que podría ser “una emergencia planetaria” en la selva amazónica.

En los últimos años, los incendios en Brasil han consumido vastas secciones de la selva tropical.

Petro ha hecho de la lucha contra el cambio climático un elemento central de su agenda, que incluye la reducción de la deforestación y la desvinculación del país con la exportación de combustibles fósiles. Aunque algunos en Colombia han aplaudido el énfasis del presidente en la relación entre los incendios de este mes y el cambio climático, otros le han criticado por no tomar medidas concretas para prepararse.

Morantes, el abogado y activista, dijo que los recientes recortes presupuestarios a los departamentos de bomberos y la falta de planificación habían mermado la capacidad del país para responder a los incendios, una afirmación de la que se hicieron eco funcionarios anteriormente implicados en la ayuda en caso de catástrofe.

Según Morantes, deberían haber tenido ya listos todos los instrumentos de cooperación internacional, como, por ejemplo, aviones. “Es que el país no está preparado. Evidentemente no está preparado”.

En respuesta a esas afirmaciones, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia declaró a través de un comunicado el lunes que llevaba meses planificando para El Niño, citando como ejemplo la respuesta aérea que se está llevando a cabo actualmente.

El ministerio afirmó que se habían destinado más de 2000 millones de dólares a la preparación y respuesta en caso de incendio, y que se había creado una red comunitaria con fines de prevención y comunicación.

“Esta situación no es una racha de incendios sorpresiva”, afirmó el comunicado. “Es el fenómeno de El Niño cruzado con la crisis climática que lleva a unas condiciones extremadamente secas y a esto sumémosle la mano del hombre que de forma intencional o accidental, ha provocado los incendios”.

Federico Rios colaboró con este reportaje.

Annie Correal informa desde Estados Unidos y América Latina para el Times. Federico Rios colaboró con este reportaje.

c. 2024 The New York Times Company