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Mundial 2026, el torneo que cambiará el futbol para siempre. Y eso no tendría que ser tan malo

Mundial 2026, la prueba de fuego para una FIFA que decidió modificar su torneo insignia. (REUTERS/Hannah Mckay)
Mundial 2026, la prueba de fuego para una FIFA que decidió modificar su torneo insignia. (REUTERS/Hannah Mckay)

El Mundial 2026 nos dejará una lección: el futbol ya nunca será lo mismo. Y eso podría ser bueno o malo. Con 48 países distribuidos en doce grupos, formato que ha hecho oficial la FIFA, se produce una paradoja difícil de asimilar: habrá más partidos, y como habrá más partidos, se perderán filtros de calidad. Incluso se puede decir que 32 equipos ya eran demasiados. Porque ahora el Mundial durará más: serán 40 días de competencia y habrá 104 partidos (antes eran 64).

La lógica comercial del evento más grande del planeta sigue primando: la FIFA no sólo cuida su mina de oro, la hace más grande con el supuesto disfraz de la inclusión como coartada. Dicen que la expansión permitirá que países que nunca han participado en un Mundial conozcan esa pasión en primera persona. Tienen un argumento, porque siempre hay que mostrar una cara amable y políticamente correcta. Luego viene el realidad: más partidos, más tiempo, más dinero, más países enejados con un deporte que es fiesta, negocio, pasión y vileza.

Pero hay que darles un punto: quizá no lo hagan por buenas personas, pero incluso detrás de las intenciones más lucrativas de la FIFA hay algo de nobleza. La Copa del Mundo estará al alcance de países que irán por primera vez o que volverán luego de largas esperas. Y en Qatar 2022 quedó visto que no se puede menospreciar a absolutamente ningún rival. ¿Quién pensaba que Alemania iba a quedar fuera en la primera ronda? ¿Y que Arabia Saudita le daría un mazazo a Argentina? ¿Quién no se conmovió con Marruecos y Japón? El Mundial es el torneo más grande del firmamento no porque ganen los que ganan siempre, que también, sino por la forma en la que se reparte la pasión por el futbol en todo el Mundo.

No se puede ser tan absolutista, porque ha habido Mundiales mejores que otros, y no pasa nada. Sigue siendo un evento que nadie se quiere perder. Y todos estaremos pegados a la televisión cuando se inaugure el de Norteamérica 2026. Y sí, también lo haríamos si la FIFA decide un día de estos que el Mundial será cada dos años y no cada cuatro: nos quejaremos de que todo es un negocio, de que nada es como lo fue algún día, pero a los dos segundos estaremos fascinados con el espectáculo que se ha montado para encubrir alguna carencia social, humana o política. Todos nos enteramos de lo que pasaba en Qatar y eso no nos llevó a la indiferencia. ¿Por qué pensar que 40 partidos más lo harán? Y menos si esos partidos resultan ser épicos.

Pasarán 32 equipos de 48 a la ronda de dieciseisavos de final. Una locura y una oda a la mediocridad, porque habrá ocho cupos para los mejores terceros lugares. Eso reduce el margen de error para las grandes selecciones, pero también les pone una carga extra en la espalda: pobre de aquel poderoso que tenga la osadía de quedar fuera en la fase grupal más accesible de todos los tiempos. Si Qatar 2022 fue un compilado de sorpresas impredecibles (el empate fúrico de Mbappé contra Argentina cuando todo estaba escrito, el gol dramático de Croacia a Brasil; todo parece histórico, y lo es, pese a que hayan pasado tres meses), con 48 equipos aumentan las probabilidades de lo peor, y de lo mejor. Podemos ver el prisma como queramos, pero algo pasará. Es la Copa del Mundo. Siempre pasa algo.

Y para México hay un arma de doble filo: por fin podrá, con suerte, pasar al quinto partido. Aunque, en realidad, ahora el quinto partido será el equivalente a lo que eran los Octavos de Final. Si el Tri goza con la venia del destino, podrá decir que jugó cinco partidos de nuevo (ya lo hizo en 1986), aunque la obsesión del futbol mexicano comprendía no exactamente jugar cinco partidos, sino estar entre los ocho mejores del mundo. Y eso será otra historia.

Faltan tres años y medio para el próximo Mundial pero desde ya podemos dilucidar lo que habrá en la espera: quejas hasta la médula. Y cómo no, si ya venía siendo lo bastante bueno como para que lo cambiaran todo de un día para otro. Pero ni siquiera habrá que esperar a que empiece el Mundial para sospechar que la magia está de vuelta: bastará con la menor referencia para establecer la provocación. Nadie olvida los Mundiales y, quizá, cuando en cincuenta años el Mundial sea un torneo de 100 países, alguien dirá que nada como cuando era de 48 equipos. Ese sí era el Mundial. Ya habrá tiempo para eso. Mientras tanto, reserven sus días del 8 de junio al 19 de junio de 2026.

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