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Una misión para salvar a las abejas sin aguijón en Perú

El principal lugar de reunión de la comunidad asháninka, en Cuzco. (Brenda Rivas Tacury/The New York Times)
El principal lugar de reunión de la comunidad asháninka, en Cuzco. (Brenda Rivas Tacury/The New York Times)

Cuando era un niño, Heriberto Vela, un hombre indígena de Loreto, Perú, observaba a su padre sacar nidos de abejas sin aguijón de los árboles de la selva amazónica. Los dos extraían juntos la miel de los nidos para curar resfríos y otros males.

Las abejas sin aguijón son originarias de la Amazonía, a diferencia de las abejas melíferas, una especie más conocida pero que es invasora, proveniente de África y Europa, que se ha extendido por toda América. Quizás la diferencia más obvia es que las abejas sin aguijón no pican. Su miel, tan ligera que se puede beber como un líquido y, según dicen, con un regusto cítrico, es utilizada por muchos indígenas peruanos como medicina natural.

El padre de Vela no sabía cómo salvaguardar a las abejas: se iban volando o incluso morían. “Sacábamos el nido y lo dejábamos tirado en el suelo, en el bosque”, dijo Vela. “Se perdían esas abejas”.

Hoy en día, los métodos de Vela son más sofisticados. Su familia mantiene 76 nidos de abejas sin aguijón en cajas cuadradas de madera sobre unos palos que están repartidos por toda su casa. Cada nido artificial tiene varios cajones, pero Vela solo extrae miel de uno, al que llama mielera, y deja el resto para las abejas. “De eso pueden vivir”, explicó. “Si se lo quito, pueden huir”.

La Amazonía es hogar de cientos de especies de abejas sin aguijón, pero mientras la deforestación convierte el paisaje tropical en terrenos para la ganadería y los cultivos, estas y otros polinizadores nativos están en peligro de desaparecer. Los pesticidas, el cambio climático y la competencia con la abeja melífera, que se adapta mejor a las zonas agrícolas que la abeja sin aguijón, aumentan la tensión.

La familia de Vela es una de las pocas que crían abejas sin aguijón y viven del ingreso que les proporcionan. César Delgado, un entomólogo del Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana que ayudó a Vela a perfeccionar su práctica, quiere ampliar el atractivo de estas abejas. “La crianza de abejas sin aguijón constituye una fuente muy buena de adaptación del cambio climático del bosque y de las comunidades”, dijo.

Integrantes de la comunidad asháninka y científicos peruanos examinaron la miel de abeja sin aguijón en un recipiente tradicional. (Brenda Rivas Tacury/The New York Times)
Integrantes de la comunidad asháninka y científicos peruanos examinaron la miel de abeja sin aguijón en un recipiente tradicional. (Brenda Rivas Tacury/The New York Times)

Construir una economía en torno a las abejas sin aguijón, que polinizan gran parte de la flora endémica de la Amazonía, es una forma creativa de combatir la deforestación, dijo Rosa Vásquez Espinoza, bioquímica y fundadora del centro de investigación Amazon Research Internacional. Pero para que el esfuerzo funcione, enfatizó Vásquez Espinoza, se debe incorporar el conocimiento y las formas de vida de los pueblos indígenas que consideran a la selva tropical su hogar. Debe ser “un proceso autosostenible y alineado a la cultura de las comunidades”, dijo.

La Amazonía es una de las regiones más biodiversas del mundo. Pero el avance de la deforestación amenaza la seguridad de las comunidades indígenas así como la de los animales y plantas que se encuentran allí, y reduce su función como hábitat de absorber carbono en medio de la creciente crisis climática.

“Estamos perdiendo especies que nunca han sido registradas”, dijo Adrian Forsyth, un ecologista tropical que creó el Fondo Andes Amazonía y no forma parte de la iniciativa apícola. “No solo estamos quemando el libro de la vida”, añadió. “Si no que ni siquiera hemos leído sus primeras páginas”.

Un programa de conservación sostenible requiere financiamiento, apoyo del gobierno y la integración del conocimiento local y sus prácticas, dijo Forsyth. También necesita un incentivo más allá de la conservación.

“Las personas no valoran la biodiversidad por sí misma”, dijo Forsyth, añadiendo que para que transmitir bien su mensaje, los conservacionistas necesitan resaltar cómo se relaciona el objetivo de la conservación con el público en general. “Sin polinización, los cultivos no rinden bien. Sin miel, no puedes hacerte una buena taza de té”.

De acuerdo con Vásquez Espinoza, la popularidad de la miel de las abejas sin aguijón aumentó entre las comunidades indígenas de Perú durante la pandemia de la COVID-19. Se convirtió en un ingrediente favorito de los tratamientos alternativos para las infecciones de las vías respiratorias superiores en un momento en el que el país resultó muy afectado por el virus. La venta de miel también representó un alivio económico para las familias en algunas zonas remotas que no podían acceder a la ayuda del gobierno porque no contaban con cuentas bancarias.

Delgado y Vásquez Espinoza esperan usar estos motivos para promover la práctica de criar a las abejas sin aguijón en nidos artificiales. También están trabajando con comunidades indígenas para desarrollar métodos más sostenibles de recolección de miel de las abejas sin aguijón en la naturaleza.

Richar Antonio, un guardaparques de la Reserva Comunal Asháninka que viaja para difundir la apicultura de las abejas sin aguijón, ha descubierto que la gente está ansiosa por aprender. “La única dificultad es la falta de materiales”, dijo. Los recursos limitados para esta práctica reflejan una preocupación más amplia: las leyes actuales en Perú solo reconocen a la abeja melífera como una especie de interés nacional.

Eso significa que los apicultores de abejas sin aguijón y los recolectores de miel silvestre tienen pocas opciones para conseguir un financiamiento que pueda ayudarlos a expandir su negocio. Además, la evaluación de los productos se basa en la humedad y los niveles de azúcar de la sustancia viscosa y dorada producida por las abejas con aguijón, por lo que a la miel de las especies que no tienen aguijón no se le considera miel, según la ley, un obstáculo que impide que los vendedores respalden sus productos con sellos de calidad o seguridad alimentaria.

“Yo sé que es miel”, dijo Delgado. “Hay gente que viene de otros lugares y compra porque sabe que es miel. Pero solamente que legalmente no lo es”.

La falta de reconocimiento legal también limita las protecciones que se otorgan a las abejas sin aguijón y su creciente mercado. Kety del Castillo, una apicultora indígena que fue entrenada a través de un proyecto de un biocorredor en San Martín, recientemente ha perdido 10 nidos artificiales por el uso de pesticidas cerca de su casa.

“Lamentablemente tenemos vecinos que no están interesados en la crianza de abejas”, explicó Del Castillo, quien, después de la pérdida, trasladó los nidos que le quedaban más cerca a su casa. “Pero ahorita ya estoy empezando de nuevo”, dijo, añadiendo que ella y su esposo habían encontrado un lugar remoto en el bosque donde esperaban que los pesticidas no alcancen a las abejas.

Delgado y Vásquez Espinoza también están trabajando para ampliar lo que se sabe sobre las abejas sin aguijón en los textos académicos. En septiembre, los dos publicaron un estudio en la revista Food & Humanity sobre las características químicas de la miel de dos especies de abejas sin aguijón. Los hallazgos, aunque preliminares, sugieren que el producto contiene propiedades antiinflamatorias, antimicrobianas y otras más que promueven la salud. Los científicos también informaron rastros de contaminantes ambientales en la miel, probablemente como resultado de la polinización de las abejas en tierras rociadas con pesticidas.

Los beneficios de esta miel podrían provenir de la resina de los árboles amazónicos que las abejas sin aguijón están polinizando, dijo Claus Rasmussen, un entomólogo de la Universidad de Aarhus en Dinamarca, quien no participó en el estudio. “Esas resinas son lo que usan diferentes árboles para protegerse cuando tienen una herida”, dijo. Mientras que los árboles están limitados solo a lo que pueden producir, las abejas pueden elegir entre el bosque, lo que significa que una variedad de propiedades beneficiosas pueden imbuir su miel.

Además, Delgado y Vásquez Espinoza se están asociando con Antonio para mapear las ubicaciones y tipos de abejas sin aguijón que se encuentran en la selva tropical, datos que eventualmente se compararán con las tasas de deforestación para predecir cuánto podrían disminuir las poblaciones en los próximos años. Los dos científicos también continúan registrando lo que llaman “etnoconocimiento”, el conocimiento tradicional de las abejas sin aguijón perfeccionado durante generaciones por los indígenas amazónicos. Esto incluye qué abejas producen la mejor miel para tratar determinadas dolencias. (Se dice que una especie que anida en el suelo, por ejemplo, es óptima para las infecciones oculares).

Para Delgado, este es un caso en el que el mundo occidental todavía se está poniendo al día con el conocimiento indígena. “La ciencia puede confundirse, pero los pueblos indígenas no”, dijo.

Ellos planean publicar los resultados de estos esfuerzos en revistas académicas e incluir a los colaboradores indígenas como coautores. “Quizás no puedan hablar en inglés o sobre métodos científicos”, dijo Vásquez Espinoza. “Pero ellos están brindando mucha otra información a la cual acceder, de la cual guiarnos y recolectar muestras”.

El año pasado, ella y Delgado se unieron a la organización por los derechos de la naturaleza Earth Law Center para solicitar al Congreso de Perú el reconocimiento nacional de las abejas sin aguijón. La propuesta tiene como objetivo legalizar la protección de las abejas y promover la conciencia sobre los insectos y su importante papel en el ecosistema de la región. Cambiar las leyes también aumentaría las opciones de financiamiento para que los apicultores compren suministros y consigan transporte hacia los mercados locales.

No está claro si el proyecto se convertirá en ley, pero Vásquez Espinoza ya ha visto cambios locales, dijo. El precio de la miel de abejas sin aguijón ha subido —antes costaba 3 dólares el medio litro, ahora la misma cantidad cuesta hasta 20 dólares— a medida que más vendedores reconocen el valor de su producto. Los recolectores de miel también están plantando más sangre de grado, un árbol en el que anidan muchas especies de abejas sin aguijón, y camu camu, una planta preferida de los polinizadores para darse un festín. (Ambas plantas son nativas amazónicas y se cree que tienen beneficios para la salud).

Conforme la apicultura de abejas sin aguijón se extiende, familias enteras están tomando roles más activos. “Todos estamos involucrados”, dijo Mechita Vásquez, una apicultora indígena en San Martín. “Mujeres, varones, hasta niños, realmente les gusta”. Vásquez ha notado un entusiasmo especial por esta práctica entre las madres, quienes usualmente se quedan en casa a cuidar a sus hijos. Para Vásquez Espinoza esto refleja un cambio significativo hacia el empoderamiento de la mujer en comunidades indígenas de zonas remotas.

Y aunque la mayoría de los peruanos sigan sin conocer a los polinizadores nativos del país, al menos una escuela se está asegurando de que la siguiente generación sí lo sepa. Betty Torres, una ingeniera ambiental que enseña en una escuela en el noreste de Perú llamada Nuestra Señora de Loreto, se esfuerza por integrar a las abejas sin aguijón en su plan de estudios de matemáticas. Sus alumnos calculan qué tan rápido y qué tan lejos pueden volar las abejas, y cuánta madera se necesita para construir un nido artificial.

Torres incluso lleva su clase a casa para que vean los nidos que ella tiene, ahora son 12, y para enseñarles sobre la crianza y cuidado de las abejas. “Mi objetivo es que los estudiantes aprendan a criar, porque una vez que sepan cada uno lo puede hacer de forma familiar”, dijo. “Con un nido ellos pueden empezar”.

Katrina Miller es periodista de ciencia del Times. Recientemente doctoró en física de partículas por la Universidad de Chicago.

c. 2024 The New York Times Company