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México en EEUU 94, el Mundial que inauguró las decepciones modernas para el Tri

México tuvo todo a su favor para pasar al Quinto Partido en Estados Unidos 1994. (AP Photo/Diether Englicher)
México tuvo todo a su favor para pasar al Quinto Partido en Estados Unidos 1994. (AP Photo/Diether Englicher)

La plática entre Miguel Mejía Barón y Hugo Sánchez tenía en suspenso a todo México. Hablaban y hablaban mientras millones se comían las uñas en el estadio y detrás de la televisión. Años después se sabría el contenido de esa sigilosa conversación. El Doctor le pidió al delantero leyenda del Real Madrid que entrara a jugar al mediocampo, en lugar de Benjamín Galindo. Hugo se negó: no era su posición. No hubo más intercambio. El entrenador nacional ya ni siquiera volteó a ver a Carlos Hermosillo, la otra opción que aguardaba en el banquillo. Penales. Otra vez.

Después del fiasco de 'Los Cachirules', episodio lamentable que impidió a México asistir a Italia 1990, el Tri encauzó todas sus energías en un Mundial que les haría sentir como en casa. Habían calificado en Canadá con un dramático gol de Francisco Abuelo Cruz. Tres entrenadores guiaron el proceso: Manuel Lapuente, despedido al fracasar en la Copa Oro 1991; César Luis Menotti, que renunció en muestra de fidelidad a los directivos que lo trajeron, Emilio Maurer y Francisco Ibarra; y Mejía Barón, de exitoso pasado en Pumas. Los verdes fueron subcampeones de América en 1993, superados por Argentina en la Final (2-1).

En Estados Unidos, se sabía, el Tri jugaría como en casa, con un apoyo incondicional. Pero México empezó esa cita con una derrota ante Noruega. Los nórdicos superaron a un equipo nacional que, pese al marcador, fue superior durante casi todo el partido y tuvo en Zague una oportunidad de oro para rescatar el empate. Arranque con el pie izquierdo. Todo cambió en el segundo partido contra Irlanda. Luis García, El Niño Artillero, marcó un doblete impecable con la especialidad de la casa: riflazo colocado. 2-1 y a jugarse la vida.

El tercer cotejo era también el más atractivo en la víspera: contra la Italia dirigida por el mítico Arrigo Sacchi, ganador de todo con el mejor Milán de todos los tiempos. La Azzurra fue mejor en el primer tiempo, pero materializó su superioridad hasta la segunda mitad.

Daniele Massaro, delantero de culto milanista, venció a Jorge Campos para hacer el 1-0. Pero el Tri elevó su nivel, como suele hacer ante las grandes potencias, y emparejó el marcador con un derechazo imparable de Marcelino Bernal.

Todos los equipos del grupo hicieron cuatro puntos, pero México pasó como primero por diferencia de goles (Irlanda fue segundo, mientras el futuro subcampeón, Italia, pasó entre los mejores terceros lugares). La Selección había vencido 2-0 a Bulgaria, su nuevo rival, en el Mundial de 1986, disputado en casa. Pero una nueva oleada de jugadores buscaba la revancha, ochos años después, liderados por Hristo Stoichkov, megaestrella del Barcelona de Johan Cruyff.

Jorge Campos compite por un balón aéreo con Paolo Maldini. (ActionImages)
Jorge Campos compite por un balón aéreo con Paolo Maldini. (ActionImages)

Bastaron siete minutos para que la figura marcara diferencia. Un balón en profundidad fue aprovechado por Hristo. Fusiló a Campos y la puso en la escuadra. Golazo. Doce minutos después, un penal salvador sirvió para que Alberto García Aspe empatara el partido con un frío disparo de zurda que, cosas del juego, se echaría de menos un par de horas más tarde.

Luis García, el héroe de Fase de Grupos, se fue expulsado en el segundo tiempo tras una absurda patada en una zona intrascendente. Stoichkov presionó al árbitro para que le sacaran la segunda amarilla al mexicano. García se marchó entre insultos e incredulidad. Lo cierto es que dio argumentos para ser echado. México, sin embargo, era más que una Bulgaria sofocada y abandonada a la espera de un milagro.

Luis García peleando un balón. El delantero mexicano se fue expulsado en el segundo tiempo. (Action Images)
Luis García peleando un balón. El delantero mexicano se fue expulsado en el segundo tiempo. (Action Images)

Mejía Barón no hizo ni un solo cambio en 120 minutos. Tenía a Hugo y Hermosillo en el limbo. "La gente en el estadio gritaba mi nombre. Necesitábamos ataque. Estábamos Hermosillo y yo. (Mejía Barón me dijo) 'tengo miedo de que se descomponga el equipo y perdamos'", contó Hugo Sánchez a Clío TV. No hubo nada para nadie en tiempo cumplido. García Aspe, el capitán de hierro, falló. La atajada de Campos a Balakov devolvió la esperanza por unos segundos. Fue en vano: erraron Bernal y Jorge Rodríguez. El acierto de Claudio Suárez no sirvió de nada. Iordan Letchkov ejecutó el tiro definitivo para los búlgaros.

"En ese momento dije: 'voy a esperar que terminen los tiempos extra y lo vamos a ganar en penales. Me equivoqué en eso, porque yo tenía a un gran arquero como Campos, y tiradores como Bernal, Ambriz, Aspe, y Galindo, el que mejor tiraba penales", contó Mejía Barón a Televisa Deportes.

El enigma del qué hubiera pasado persiguió para siempre a Mejía Barón. "Pienso que fue una participación buena. Pudo haber sido mejor. Estoy convencido de que lo que hice fue lo que debí hacer. Hoy lo repetiría. El cambio que me quedé en la bolsa fue el de Jorge Campos (pasarlo de portero a delantero, rasgo característico del Brody)", contó Mejía Barón a Clío TV.

La firmeza en sus decisiones ha acompañado al entrenador a lo largo de 28 años. "(Le dije a Hugo) 'Sí. Ya sé que te gustaría jugar adelante, pero yo creo que en este momento si vamos así, vamos a dar facilidades en media cancha y podemos sufrir’. Entonces Hugo no me dijo que no. Más bien me dijo ‘Miguel, yo creo que deberías arriesgar y ponerme allá’. Le dije: ‘Ok, Hugo. Sigue calentando’. En ese momento interno yo dije: ‘No meto a Hugo’", explicó Mejía Barón a Televisa Deportes en 2006. También dijo que él creyó que el partido se ganaría en penales, pues todos los cobradores eran de confianza.

Jorge Campos, arquero siempre alegre y símbolo de confianza, se quedó tirado en el césped del hoy demolido Giants Stadium. Abatido y con la mirada enterrada, su imagen era la de todo el país. La Selección Mexicana había vivido la primera gran decepción de la era moderna.

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