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Julio González, el portero que se robó la noche al salvar a Pumas UNAM de una goleada contra Chivas

Julio González en el partido entre Pumas y Chivas de jornada 17, el 11 de noviembre. (Héctor Vivas/Getty Images)
Julio González en el partido entre Pumas y Chivas de jornada 17, el 11 de noviembre. (Héctor Vivas/Getty Images)

Julio González dejó con vida a Pumas UNAM. El portero auriazul fue el héroe de una noche en la que Chivas pudo haber sentenciado la serie. No lo hizo y sacó una ventaja mínima que tendrá que rifar en el Olímpico Universitario el próximo domingo. En el partido que ambos equipos jugaron hace tres semanas, en el torneo regular, Pumas ganó el derecho de cerrar la llave en su casa. Esa inclinación deja abierta la serie para cualquiera.

En un semestre de turbulencias, el equipo de Veljko Paunovic ha tenido altas y bajas de rendimiento acordes con esa volatilidad tan afín a los futbolistas mexicanos. Ayer fue un día de brío para ellos. Jugaron con una intensidad de Liguilla, con su mediocampo bien conectado por Roberto Alvarado y Fernando Beltrán, el imán de balones por el que pasa todo el juego creativo del Rebaño Sagrado. Otra vez sin Alexis Vega, que entró para el segundo tiempo. Fue una versión óptima de Chivas.

Pero encontraron a una muralla que les negó casi todos los goles que podían hacer. Un triunfo nunca está mal, aunque sea por 1-0. Pero la frustración para los locales no podría ser mayor tras el recuento final. González, que tardó en hacerse de un sitio en Primera División, ha alcanzado su mejor versión a los 32 años. Alumno de un viejo conocido rojiblanco, como Oswaldo Sánchez, con quien coincidió en Santos Laguna, González fue el faro que alumbró a Pumas en la penumbra.

Primero con una atajada de reflejos monumentales. Una serie de rebotes le dejaron el balón servido a Fernando Oso González, que sacó un riflazo a corta distancia. Raso y con potencia de gol. Entonces el portero acapulqueño sacó una mano salvadora para evitar el 1-0. Además de la rapidez del tiro, otro factor en contra era que tenía el campo visual cubierto de compañeros y rivales. Algo de intuición tuvo que haber. Se lanzó al lugar correcto y con la técnica necesaria para tapar exactamente el espacio al que iba el balón.

Chivas puso otro par de pelotas al poste durante el partido. Eso fue mala suerte. No lo evitó González, sino la física. Pero el meta de Pumas sí que tuvo otras dos intervenciones medulares. Una contra Ricardo Marín en un mano a mano, cuando el partido ya lo iba ganando Chivas. El gol de Fernando Beltrán sorprendió al estadio. Hay quien dice que González pudo hacer más, pues no recorrió su arco con prontitud, pero lo cierto es que el remate fue una ráfaga. Si se diera por buena esa versión, habría que ser justos con González: no evitó el gol, pero sí la lápida de Pumas.

En el segundo tiempo, Chivas entendió que debía anotar el segundo para que la ventaja fuera real y no simbólica (finalmente un 1-0 para cerrar de visita no garantiza nada). Y ahí entró Vega, que casi hace un golazo, pero su tiro pasó a un lado. Ahí llegó también el segundo poste de la noche. Y también la tercera atajada clave de González, a un cabezazo de Erick Gutiérrez. Pumas ya no buscó el empate porque entendió que era mejor dejar las cartas para la vuelta. Chivas amainó el ritmo en los minutos finales, con la precaución de no ser empatados en una noche en la que había hecho casi todo bien.

Todo queda la revancha, el domingo a las 18:00 horas en el Olímpico Universitario. Un horario inusual a medias. Pumas juega regularmente a las 12:00 PM, pero en los últimos años ha sido normal verle variar sus horarios y justamente ese, a las seis de la tarde, ha sido beneficioso para el espectáculo, pues sin la carga del sol citadino, ambos equipos se liberan. Nada está escrito en esta serie. El responsable, Julio González.

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