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Javier Aguirre y su 'futbol tequila' que asombra a todos en España y lo vuelve histórico en México

Javier Aguirre en un partido de LaLiga entre Mallorca y Alavés el 24 de febrero. (Juan Manuel Serrano Arce/Getty Images)
Javier Aguirre en un partido de LaLiga entre Mallorca y Alavés el 24 de febrero. (Juan Manuel Serrano Arce/Getty Images)

Javier Aguirre se ha doctorado en misiones imposibles. Lo ha hecho de nuevo en Mallorca, club con el que disputará su segunda final de Copa del Rey. Lo consiguieron después de superar a la Real Sociedad en tanda de penales (5-4). 19 años después de su primera final en este certamen, con el Osasuna 2005, el mexicano sigue mostrando la validez de su método en una de las mejores ligas del mundo, al mando de un equipo diseñado para salvarse del descenso y que ahora peleará un título copero que este año fue inaccesible para el Real Madrid y Barcelona.

Una escena puede resumir todo lo que este equipo representa. Previo a los penales, cuando el nerviosismo apremia y todos los jugadores se comen las uñas con cara de angustia, los muchachos de Aguirre estaban de fiesta: reían, se abrazaban y saltaban juntos. Era como un partido más en el barrio. El resultado pasaba a segundo término porque los importante era salir a jugar. Y cuando el futbol se disfruta, la recompensa está más próxima que cuando se lo toma como una cuestión de vida o muerte. En efecto, la Real Sociedad falló su primer penal y Mallorca acertó los cinco. Están en la final a la espera del Atlético de Madrid o Athletic de Bilbao.

No es el Mallorca un monumento al futbol estético, de galera y bastón, ese que tanto deslumbra en TikTok por la belleza de sus goles y los fabulosos regates de sus jugadores. Esta camada de jugadores sabe sufrir, hechos a la medida del entrenador que los dirige. Por eso no se les cayó el mundo cuando Oyarzabal empató el cotejo, porque siempre tienen un truco de salvación bajo la manga. Lo suyo no es magia refinada sino magia providencial para rescatarse a sí mismos y dejar boquiabierto al planeta futbol.

En LaLiga el descenso los amenaza. Están en el puesto 16 con 24 puntos, a seis de distancia del Cádiz, descendido virtualmente hasta las 26 jornadas que se han jugado de la temporada 2023-2024. Y esa dualidad no los vuelve mediocres ni conformistas. Es lo que tiene que ser: un equipo cuya misión es mantener la categoría año tras años y que, de vez en cuando, se permite una alegría que deja estupefacto al futbol de hoy en el que sólo vale ganar para aquellos que tienen más dinero que el resto.

Es mal hablado, es directo, es cómico, es un entrenador diseñado para desafíos así. Lo que diga sobre Javier Aguirre es verdad porque está a la vista de todos. No oculta nada. En México le reclaman nunca haber mostrado esta versión en el Tri con dos eliminaciones dolorosas en Copa del Mundo ante Estados Unidos en Corea-Japón 2002 y contra Argentina en Sudáfrica 2010 (esta última entendible desde lo futbolístico pero recordada por su actitud derrotista en la previa del partido).

Las dos cosas pueden ser ciertas: el Vasco falló con la Selección Mexicana y también está en un nivel superior al resto de sus colegas mexicanos por el simple hecho de que ha alcanzado, en Europa, dimensiones que los demás no podrían ni siquiera soñar. En España han etiquetado ya su modus operandi como "futbol tequila" en alusión al futbol champagne que se cita cuando un equipo deleita a los espectadores.

Pues el tequila le sabe más al futbol, que les ha premiado con la final de la Copa del Rey. Sabor a revancha: aquella de 2005 la perdió ante el Betis. El Mallorca tiene un futbol a prueba del monopolio futbolístico del dinero que prima en España y en todos lados. Hay equipos tan discretos que lo único que tienen es corazón y tequila.

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