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Hito: cómo fue el procedimiento para trasplantar el riñón de un cerdo a un humano y qué implicancias tiene para la medicina

En septiembre de 2021, los cirujanos del centro médico Langone Health de la Universidad de Nueva York conectaron el riñón de un cerdo genéticamente modificado a un hombre con muerte cerebral y observaron que comenzaba a funcionar
En septiembre de 2021, los cirujanos del centro médico Langone Health de la Universidad de Nueva York conectaron el riñón de un cerdo genéticamente modificado a un hombre con muerte cerebral y observaron que comenzaba a funcionar - Créditos: @Shelby Lum

NUEVA YORK.- Cirujanos de la ciudad de Boston trasplantaron el riñón de un cerdo genéticamente modificado a un hombre enfermo de 62 años. Es el primer procedimiento en su tipo, y si tiene éxito, el revolucionario avance sería una luz de esperanza para decenas de miles de personas con insuficiencia renal.

Hasta ahora, las señales son prometedoras. El nuevo riñón empezó a producir orina poco después de ser trasplantado y el estado de salud del paciente sigue mejorando, según los médicos del Hospital General de Massachusetts, donde se realizó la operación el fin de semana pasado. El hombre ya camina por sus propios medios por los pasillos del hospital y en breve podría ser dado de alta.

El paciente es un hombre afrodescendiente y el procedimiento podría ser de especial relevancia para las personas afroamericanos, que sufren altos índices de insuficiencia renal en estado terminal.

La nueva fuente de riñones “podría dar respuesta a un problema irresoluble de este campo de la medicina: la falta de acceso a los trasplantes de pacientes que pertenecen a minorías étnicas”, dice el doctor Winfrey Williams, codirector del servicio de nefrología del Hospital General de Massachusetts y nefrólogo de cabecera del paciente trasplantado.

Si la medicina logra masificar el trasplante de órganos de animales genéticamente modificados, “la diálisis quedará obsoleta”, dice el doctor Leonardo V. Riella, director de trasplantes de riñón del Hospital General de Massachussets. El desarrollo del programa de trasplantes está a cargo de la institución madre del nosocomio, el Hospital General Brigham.

En Estados Unidos hay más de 800.000 personas con insuficiencia renal que reciben diálisis, un procedimiento que filtra las toxinas de la sangre. Y hay más de 100.000 norteamericanos en lista de espera para recibir el trasplante de un riñón de un donante humano, vivo o fallecido.

A eso se suman las decenas de millones de norteamericanos con insuficiencia renal crónica, que puede conducir a una falla total del órgano.

Xenotrasplante

Si bien la diálisis sirve para mantenerlos con vida, la “solución de oro” es un trasplante de órgano. Sin embargo, miles de pacientes renales mueren todos los años a la espera de un riñón, porque hay una grave escasez de órganos: en Estados Unidos se realizan apenas 25.000 trasplantes de riñón al año.

La idea del xenotrasplante —la implantación del órgano de un animal en un ser humano— circula desde hace décadas como posible solución a esa escases crónica de donantes. Pero el sistema inmunológico humano rechaza el tejido extraño, lo que provoca complicaciones potencialmente mortales, y los expertos señalan que a largo plazo incluso ocurren rechazos en casos de donantes y receptores compatibles.

Pero los avances científicos de los últimos años, incluida la edición y la clonación de genes, han hecho que el xenotrasplante sea una realidad cercana, ya que permiten modificar los genes de los animales para que sus órganos sean más compatibles y menos propensos a ser rechazados por nuestro sistema inmunológico.

En este caso, el riñón provino de un cerdo diseñado por la empresa de biotecnología eGenesis, que eliminó del ejemplar porcino los tres genes involucrados en el posible rechazo del órgano. Además, al animal se le insertaron siete genes humanos para mejorar su compatibilidad. Los cerdos suelen ser portadores de retrovirus que pueden infectar a los humanos, y la empresa también inactivó esos patógenos.

En septiembre de 2021, los cirujanos del centro médico Langone Health de la Universidad de Nueva York conectaron el riñón de un cerdo genéticamente modificado a un hombre con muerte cerebral y observaron que comenzaba a funcionar y a producir orina. Poco tiempo después, científicos de la Universidad de Alabama en Birmingham anunciaron haber realizado un procedimiento similar con los mismos resultados.

El equipo médico que realizó el trasplante de riñón de cerdo genéticamente modificado a un paciente humano vivo en el Hospital General de Massachusetts, de Boston
El equipo médico que realizó el trasplante de riñón de cerdo genéticamente modificado a un paciente humano vivo en el Hospital General de Massachusetts, de Boston - Créditos: @Michelle Rose

Por su parte, cirujanos de la Universidad de Maryland realizaron dos trasplantes de corazones de cerdos genéticamente modificados a pacientes con cardiopatías severas. Si bien los órganos funcionaron y en uno los casos no hubo rechazo, ambos pacientes, cuya enfermedad estaba muy avanzada, fallecieron al poco tiempo.

(Los pacientes que aceptan estos tratamientos experimentales suelen ser enfermos terminales o con pocas opciones disponibles, y en general están demasiado graves como para ser incluidos en la lista de espera de un valioso órgano humano.)

La larga espera

El paciente trasplantado es un hombre de Boston, Richard “Rick” Slayman, que padece diabetes e hipertensión desde hace años y que se atiende en el Hospital General de Massachusetts desde hace más de una década.

Slayman recibió diálisis durante siete años, desde que sus riñones empezaron a fallar, y en 2018 recibió el trasplante de un riñón humano. Pero cinco años después, en 2023, el órgano donado empezó a fallar y Slayman desarrolló otras complicaciones, incluida una insuficiencia cardíaca congestiva, señala su médico, el doctor Williams.

El año pasado, cuando tuvo que retomar la diálisis, Slayman empezó a tener graves complicaciones vasculares y de coagulación que obligaban a internarlo, dice Williams.

Slayman, que seguía trabajando a pesar de sus problemas de salud, se enfrentaba a la larga espera de otro riñón humano “y estaba por bajar los brazos”, recuerda Williams. “Me decía que no aguantaba más, que no podía seguir, entonces me puse a pensar si había alguna medida extraordinaria que pudiéramos tomar.”

“Para conseguir otro riñón humano tendría que haber esperado cinco o seis años. No habría sobrevivido”, agrega Williams.

Cuando Williams le habló de la posibilidad de trasplantarle el riñón de un cerdo, Slayman primero planteó muchas dudas, pero finalmente accedió.

“No lo veo solamente como una salvación para mí, sino también como una forma de darles esperanza a miles de personas que necesitan un trasplante para seguir vivas”, dijo Slayman a través de un comunicado difundido por el hospital.

Hasta ahora, el nuevo riñón de Slayman parece funcionar y no ha necesitado diálisis. Además de orina, su nuevo riñón de cerdo también está eliminando creatinina, un producto de desecho de los músculos.

Según los médicos, el resto de sus valores también está mejorando día a día, aunque seguirán monitoreando a Slayman para detectar señales de rechazo.

“Volvió a ser la persona que era, es asombroso”, apunta Williams.

La operación duró cuatro horas y fue realizada por un equipo de cirujanos, entre ellos, el doctor Tatsuo Kawai, director del Centro Legorreta de Tolerancia Clínica a Trasplantes, y el doctor Nahel Elías.

El procedimiento se realizó bajo un protocolo de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos conocido como “disposición de uso compasivo”, un permiso que se otorga a pacientes con enfermedades avanzadas para recurrir a un tratamiento experimental aún no aprobado. En el marco del protocolo también se utilizaron nuevos medicamentos para inhibir el sistema inmunológico y prevenir el rechazo del órgano.

“Hay que ser muy valiente para dar un paso al frente y ofrecerse como voluntario”, dice Williams sobre Slayman. “Me quito el sombrero: es una enorme contribución para todos.”

Por Roni Caryn Rabin

(Traducción de Jaime Arrambide)