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La guerra de ofertas del Manchester United ya tiene un ganador: los vendedores

La Copa del Mundo en Catar estaba en su tercer día cuando la oficina de prensa del Manchester United anunció que sus propietarios estadounidenses estaban explorando un desenlace que durante mucho tiempo se habían negado a considerar: una posible venta del famoso club de fútbol inglés.

Todos los días desde esa mañana de noviembre, el torbellino de especulaciones sobre quién podría comprar el Manchester United, uno de los equipos deportivos más populares y valiosos del mundo, se ha intensificado.

Un multimillonario británico rápidamente confirmó que planeaba ofertar. Un fondo de cobertura estadounidense evaluó el valor del club. Los informes de una oferta proveniente de Arabia Saudita hicieron subir el precio de las acciones del club.

Pero fue en Catar, desde donde hace semanas existía el rumor de que había inversores interesados en sumar al United a la cartera deportiva en expansión del país, donde aparecieron los detalles de la primera oferta oficial. Fue así como comenzó la lucha por el futuro del club, una batalla de visiones divergentes sobre qué tipo de Manchester United debe emerger de la subasta.

La palabra oficial del interés concreto catarí llegó a través de un comunicado el viernes 17 de febrero por la noche: una oferta en efectivo —presuntamente por un valor cercano a los 6000 millones de dólares— del jeque Jassim bin Hamad al Zani, un miembro de la realeza poco conocido cuyo poder podría residir más en su cargo como presidente de un importante banco catarí y en la influencia de su padre, un exemir del Estado de Catar que ayudó a afianzar a su pequeña nación en el mapa internacional.

El comunicado de Jassim ofrecía populismo o al menos algo que sonaba como la visión de populismo de un multimillonario del golfo Pérsico. Su comunicado de cinco párrafos, en los que prometió invertir en el estadio del United y sus equipos sin agregar un solo dólar a sus deudas, pareció un ejercicio de marcar todas las casillas de propuestas diseñadas para ganarse el apoyo de cualquiera que estuviera ansioso por la salida de los Glazer, la familia que ha controlado al gigante de la Liga Premier de Inglaterra durante casi dos décadas.

Sin embargo, la propuesta de Jassim de una adquisición “libre de deudas” también dejó en evidencia el músculo financiero detrás de la oferta que convertiría al United, en un instante, en la propiedad catarí de más alto perfil del planeta.

Su propuesta pública tomó por sorpresa a los otros postores. Raine, el banco de inversión que le gestiona la venta a la junta directiva del United y la familia Glazer, les había pedido a los posibles compradores que limitaran cualquier pronunciamiento público, quizás para atraer la mayor cantidad de ofertas posibles o al menos para evitar ahuyentar pretendientes.

La oferta de Catar cambió eso y rápidamente impulsó a otro postor, Jim Ratcliffe, un multimillonario petroquímico británico ubicado en Montecarlo, a confirmar, primero en privado y luego de manera pública, que había hecho una oferta por el 69 por ciento del United, la cantidad del club propiedad de los Glazer.

Ratcliffe les ofreció directamente a los aficionados del United una alternativa inglesa a la posibilidad de que el club fuera propiedad de una nación del golfo Pérsico. Ratcliffe, nacido en Mánchester y fanático de toda la vida del United, prometió volver a poner a “Mánchester en el Manchester United” y a revivir a un club que no esté anclado a intereses extranjeros sino a “su orgullosa historia y raíces en el noroeste de Inglaterra”.

Las ofertas enfrentadas dividieron de inmediato a la base de fanáticos del United: por las redes sociales, muchos seguidores en el extranjero anhelaron abiertamente una venta que esperaban mostrara el gran presupuesto de Catar hacer por el Manchester United lo que miles de millones de dólares de los Emiratos Árabes Unidos han hecho por su vecino, el Manchester City. Ese sentimiento no pareció ser compartido por gran parte de los seguidores del club que asisten a los partidos. Los grupos de aficionados en Inglaterra expresaron preocupaciones de todo tipo, desde violaciones a los derechos humanos hasta la integridad deportiva.

Ratcliffe y Jassim también podrían enfrentar pronto a otros competidores. La fecha límite del viernes para las ofertas fue artificial, inventada por los banqueros del United para crear un sentido de urgencia. Es posible que ya existan otras ofertas y todavía se pueden presentar otras nuevas (y posiblemente más altas).

Pero una cosa de la que todas las ofertas —públicas, secretas o por venir— podrían beneficiarse es del acuerdo casi universal entre los aficionados del Manchester United de todas las tendencias de que el club ya no debe estar en manos de los Glazer, infamemente impopulares. La familia adquirió el equipo a través de un acuerdo muy polémico en 2005 en el que se apalancó la mayor parte del precio de compra contra el club, lo que significa que el United ha gastado cientos de millones de dólares pagando por el derecho a ser propiedad de la familia.

Ese acuerdo, si bien enfureció a los aficionados, ha sido enormemente rentable para los Glazer. A través de tarifas y pagos de dividendos, la familia ya se garantizó un rendimiento mucho mayor que su inversión directa inicial (una fracción del precio de compra de alrededor de 1400 millones de dólares en aquel momento). El valor del club se ha disparado, y los informes de los medios sugieren que la familia está buscando en la actualidad hasta 7000 millones de dólares para salir de él.

Ese precio reducirá de forma considerable el grupo de posibles propietarios. Al menos un comprador potencial le dijo a The New York Times la semana pasada que cualquier cosa cercana a esa cifra era una “locura” y afirmó que su grupo se había salido de la puja porque creía que el United, que todavía tiene una deuda de casi 600 millones de dólares, no valía más de 3000 millones de libras (unos 3600 millones de dólares).

Sin embargo, los dueños del United, con el Raine, le han confiado el trabajo de solicitar ofertas a un banco que tiene un historial reciente de encontrar compradores dispuestos a pagar precios por encima del mercado. La firma, encabezada por el banquero neoyorquino Joe Ravitch, aseguró el año pasado 2500 millones de libras (alrededor de 3000 millones de dólares) en la venta del Chelsea. Sin embargo, esa fue más una venta forzada, provocada por las sanciones del gobierno británico al entonces propietario ruso del Chelsea, Román Abramóvich, poco después de la invasión rusa a Ucrania.

Los Glazer no enfrentan una presión similar. Su llamado a las ofertas por el United se enmarcó como un mero esfuerzo por “explorar alternativas estratégicas para el club”.

Eso significa que, independientemente de lo que ofrezcan y prometan los multimillonarios, sin importar de dónde provengan, el Manchester United se venderá solo al precio que los Glazer estén dispuestos a aceptar.

c.2023 The New York Times Company